martes, 29 de octubre de 2019

La indiferencia, naturalezas y tipos de afrontar la vida


Hoy, no voy ha negarlo, me he levantado con cierto estado de ánimo indiferente ante aspectos mundanos de mi realidad más inmediata, en una clara reacción de desapego por rechazo ante circunstancias o hechos que mi ser sintiente, más que mi ser pensante sociabilizado en la responsabilidad del deber, persiste en resistir. Y ya se sabe que aquello que resiste, persiste, como bien dijo un sabio. Todo y reivindicando asimismo el hecho que, contrariamente a la creencia imperante de la pseudoreligión positivista, la indiferencia como rechazo por resistencia personal frente a aspectos concretos de la vida que nos desagradan también forma parte del ámbito de la salud emocional. ¡Solo faltaría, como si tuviéramos la obligación de estar siempre contentos pase lo que pase!.

Es por ello que justamente hoy me apetece, prácticamente como autoterapia personal de corte socrática por mayéutica, dar a luz un nuevo razonamiento lógico -tanto deductivo como inductivo- sobre el concepto de la indiferencia como actitud de rechazo, no de desinterés. En este sentido, comienzo alumbrando la base argumental de esta breve reflexión sobre la creencia subjetiva de que cuatro son las manifestaciones de la indiferencia en el ser humano. A saber:

1.-La indiferencia pura

Ésta tipología de indiferencia se enmarca dentro del concepto clásico de la adiaforía, que sitúa a una persona en un estado de ánimo de indiferencia hacia sujetos, objetos o acontecimientos al margen de cualquier tipo de juicio de valor moral sobre el bien o el mal de los mismos. Un tipo de indiferencia que, por ser el hombre un ser de naturaleza profundamente moral -con independencia de su escala de valores- resulta irreal por imposible y por ende utópica. Pues todo ser humano manifiesta un juicio de valor sobre la realidad focalizada como manera de relacionarse con la misma, a no ser que viva en estado vegetativo.

2.-La indiferencia estoica

Ésta tipología de indiferencia se enmarca dentro de la filosofía estóica, donde se prioriza el dominio y control psicoemocional frente aquellos sujetos, objetos o acontecimientos potencialmente perturbadores para la vida cotidiana de una persona. Una filosofía de vida que marca distancias personales, mediante la actitud de la indiferencia -pudiendo llegar a manifestarse como apatía-, respecto a todo aquello que no se considere moralmente bueno o virtuoso. Un planteamiento que requiere, sin lugar a dudas, de un fuerte carácter personal fundamentado stricto sensu en la razón pura kantiana, que hace que la persona viva su vida desde la Autoridad Interna como estado de consciencia individual. (Ver: Conoce la fórmula de la Autoridad Interna y Valórate, ámate y vive desde tu autoridad interna)

No hay que decir que éste tipo de indiferencia estoica es propia de verdaderos héroes -en el sentido clásico- cuando se debe convivir diariamente y de manera continua en el tiempo con el sujeto, objeto o acontecimiento que provoca la reacción de un estado consciente de indiferencia activa. Ni decir que dicha indiferencia estoica no implica obligación alguna de mostrarse forzadamente feliz en la coexistencia con una situación de rechazo, pues ello atenta contra la libertad de expresión de la personalidad y la salud psicoemocional individual. Por algo la tristeza y la rabia (manifestada mayormente como enfado entre personas civilizadas) forman parte de las emociones básicas de todo ser humano, aunque el pusilánime y pueril positivismo intente convencer de lo contrario en una sociedad marcada por la falta de carácter. (Ver: Aceptación no es sumisión, es afianzarte en tu Autoridad Interna).

3.-La indiferencia cínica

Por su parte, ésta tipología de indiferencia se enmarca dentro de la filosofía cínica, que no es más que un revulsivo contestatario de la apatía propia de la indiferencia estoica anteriormente expuesta. Es decir, los cínicos -en sentido de la escuela clásica- no se callan su “verdad” frente a un sujeto, objeto u acontecimiento que les produce indiferencia por rechazo, encontrando la razón del rechazo en todo aquello que suponen actos manifiestos contra la moral buena o virtuosa. Una actitud contestataria frente la causa de la indiferencia que puede abocar al ámbito conductual de la irreverencia, la provocación y la desvergüenza personal (la anaidea griega), desde un enfoque contextual social. (Ver: Más humildad socrática y menos sinceridad diplomática y Reivindico el Ego como instinto básico de existencia y supervivencia personal).

4.-La indiferencia cínica moralina

Y en última instancia, encontramos lo que denomino la indiferencia cínica moralina, que es una tipología que se enmarca dentro del concepto de cinismo contemporáneo tan habitual en nuestra sociedad, que no es otra que aquella actitud de distancia que tiene una persona en la defensa de algo desde una moral pobre, considerada así al mostrarse alejada del concepto de la moral pura kantiana por objetiva y alineada con los valores morales universales. Una moral pobre, profundamente contextualizada sobre los intereses partidistas de un ámbito social espacio-temporal concreto, a la que Nietzsche denominaba moralina en contraposición a la Moral verdadera.

En este sentido, es habitual observar cómo la tipología de la indiferencia del cinismo moralino se ve confrontada a la vez y en una misma situación concreta con otras tipologías de indiferencia como son la estoica y la cínica (clásica), por simple efecto reactivo. Lo cual, como es obvio, lleva al desencuentro entre dos o más personas, siendo el único puente de coexistencia posible entre dichos antagonismos la estricta observancia de las normas y pautas educacionales de la convivencia social.

Personalmente, reconozco que mi perfil de personalidad viene caracterizado ya en la madurez por la indiferencia estoica, aunque la fuerza serena de mi carácter me puede abocar a la indiferencia cínica (clásica) cuando la última gota de la paciencia estoica derrama el vaso de una realidad deformada permisible, permitiéndome conscientemente un autoliberador conato de dignidad personal. Aun a pesar de que dicho desahogo pueda ser malinterpretado, y aun más recriminado, en un micro hábitat social por una indiferencia cínica moralina que por ser pobre y distorsionada en valores es hipócrita a la luz de la razón de la Moral.

Dicho lo cual, y a la espera que la presente autoterapia mayéutica haga efecto (ver: La filosofía como terapia personal), regreso -no sin resistencia, pero sí con fuerzas renovadas- a la mundana cotidianidad para volver a ejercer una actitud activa y serena de la indiferencia estoica como beneficio de la salud personal. Pues al fin y al cabo, nadie puede vivir por nadie, y cada cual debe vivir consigo mismo lo mejor que pueda.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano