lunes, 1 de octubre de 2018

Solo lo que no existe puede representar lo que existe y hacernos humanos

Mi retrato. Imagen de Teresa Mas de Roda.

Ya lo decía Platón, cuando se refería a los arquetipos universales en su famosa teoría de la caverna, que solo lo que no existe puede representar lo que existe. Un axioma que nos aboca a una triple reflexión: Uno, todo lo existente emerge de un substrato originario común sin definición previa en su composición para nuestro mundo de las formas; dos, dicho substrato originario común aun sin definición formal se manifiesta en el mundo de los hombres mediante la organización preestablecida por arquetipos universales perceptibles; y tres, como el substrato originario común de lo inexistente es infinito respecto a la escala de la dimensión existente, las posibilidades de nuevas formas aun por descubrir y manifestar en nuestra realidad finita son asimismo infinitas.

La máxima objeto de análisis contrasta de frente con una sociedad contemporánea donde lo percibido como existente viene determinado por los medios de difusión de estados de pensamiento colectivo, como son los mass media en sus diversos formatos y canales de comunicación, que prefiguran y condicionan la estructura de la realidad y, por extensión, la estructura mental del ser humano corriente. Un contexto que parte de la premisa de que solo lo que existe puede representar lo existente y por existir, en una clara apología al empobrecimiento del potencial humano, así como a su interesado control. Una mirada de la vida sociabilizada desde el interior de la cueva platónica, donde las personas solo consumen aquellos paquetes de sombras de ideas y conceptos que se les indica consumir para su espíritu existencial acomodado.

Paradógicamente, la creatividad como motor de la evolución humana, se fundamenta en el precepto de transgredir la realidad conocida para manifestar en el mundo de las formas algo inexistente hasta la fecha. Un destello de posibilidad para que el substrato originario común aun sin definición formal pueda representarse en nuestra existencia, pero aun así discriminado positiva o negativamente por el sistema de organización social productivo de una economía competitiva de libre mercado. O dicho en otras palabras, es el Mercado (dirigido por un grupo limitado de hombres, no hay que olvidarlo) quién valida qué es de lo que no existe lo que puede representar lo que existe. Un determinismo que condiciona hasta los pilares básicos de nuestro sistema educativo en las nuevas generaciones, comprimiendo por ejemplo la filosofía a un simple y tutelado proceso lógico-reflexivo y de pensamiento crítico tan solo destinado al desarrollo técnico-científico, pues éste es el eje vertebrador de la innovación como valor diferencial de competitividad en un contexto consumista. Siendo el consumismo el medio de dispensación generalista, por parte del Mercado, de paquetes de pensamiento de consumo prediseñados para percibir y aceptar exclusivamente la realidad existente, haciendo de las personas como consumidores al igual que le sucede al agua embotellada que cree tener forma limitada dentro de la geometría bien definida de su botella.

Pero limitaciones manipuladas a parte sobre la capacidad de generar lo existente desde lo no-existente, propio de la naturaleza de la especie humana en sus juegos de poder a lo largo de la Historia, el hombre no puede sustraerse de los arquetipos universales que configuran el substrato originario común aun sin definición formal, los cuales van más allá de la lógica creativa de procesos productivos, productos o servicios innovadores en materia de desarrollo material. Ya que estos arquetipos universales se extrapolan asimismo y principalmente sobre el amplio espectro del mundo de las ideas, los conceptos y los valores aculturales (y por tanto, atemporales) que constituyen parte del adn humano del hombre como especie racional.

En este sentido, el hombres es hombre en cuanto humano por su relación trascendental con el mundo apriorístico de las ideas, los conceptos y los valores universales. Una condición humana, por determinismo natural, que el Mercado en su esforzado empeño puede llegar a distorsionar para beneficio propio, pero nunca eliminar. Otra cosa es que en su deriva tecnológica el Mercado, como sistema en continua reorganización social, consiga en un horizonte no muy lejano robotizar al hombre en una decidida y normalizada política intrusiva de “eficiencia biológica” (manipulación genética), en tal caso quizás ya no podremos referirnos al hombre en calidad de humano. Puesto que no puede haber humanidad sin nuestra relación trascendental con los arquetipos universales apriorísticos que nos convierten en humanos. El nuevo hombre (post)tecnológico continuará avanzando materialmente desde la innovación, sí, pero desde los parámetros referenciales de lo existente como nueva especie no trascendental. Lo que comportará que los valores que rigen al conjunto de las sociedades ya no serán emanados por arquetipos universales apriorísticos (fuente del humanismo), sino de valores a medida creados por y para el hombre de su tiempo -desde la gestión del poder, seguramente económico-, en los que primará presumiblemente los valores de la productividad y la eficiencia de recursos, así como el control de masas en sus diversos niveles de estratos sociales, con una férrea afección directa hacia los sistemas educativos, sanitarios, culturales, políticos y económicos en un entorno globalizado.

Con la esperanza personal que el hombre no pierda su humanidad, y que en un posible escenario de transmutación de su propia naturaleza -por parte de un Mercado fogatizador- el ser humano como sociedad encuentre la fuerza necesaria de resistencia en los arquetipos universales apriorísticos que rigen los principios rectores del Humanismo (Justicia, Solidaridad, Equidad, Respeto, Dignidad, etc), como filósofo efímero continuaré empecinado en sumergirme en lo existente desde lo no-existente en un enérgico clamor reivindicativo de la dimensión trascendental de nuestra especie humana, profundamente humana. Cogito, ergo sum!



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano