lunes, 1 de octubre de 2018

¿Existe humanidad en los inimputables?

Obra de Eduardo Marco.

¿Es posible devolver la humanidad a alguien solo con la mirada? Para el observador que mira, es posible, pero ello no significa que el destello de humanidad percibido en lo observado no sea más que un espejismo fruto de la bienintencionada ilusión del que quiere ver incluso en lo inexistente. Esta es la encrucijada en la que uno acaba encontrándose, aun sin buscarlo y mucho menos quererlo, al disfrutar de la reflexión filosófica a la que nos invita -por no decir atrapa, como caídos en la trampa de una maestralmente camuflada tela de araña- la obra fotográfica “Inimputables” del artista Eduardo Marco que estos días se expone en la galería Zielinsky de Barcelona. Como bien anota el artista, un inimputable es una persona eximida de responsabilidad penal por no poder comprender la ilicitud de un hecho punible o por actuar conforme a dicha comprensión. Sobre esta base, el artista brasileño fotografió a un conjunto de personas internas en un manicomio de Río de Janeiro que, aun siendo criminales, no pudieron ser condenadas por sus delitos por padecer alguna enfermedad mental, con la finalidad de intentar resucitar, a través de la mágica mirada del objetivo, una humanidad sino ya perdida, sí al menos escondida en algún recovo de lo más profundo del alma humana.

La obra, que no deja indiferente por empujarnos de manera irremediable hacia el abismo sin fondo de un inquietante mundo de emociones en continuo choque de contrastes (miedo-ternura-animalismo-dulzura-tosquedad-esperanza-vacío-humanismo-oscuridad-amanecer, y otras más por definir en una combinación tan aleatoria en el orden de manifestación como convulsa en su hacinamiento en nuestra psiqué), nos avoca a la pregunta obligada: ¿existe humanidad en los inimputables?.

Si algo distingue a lo humano de lo no-humano es justamente su naturaleza racional, que es una facultad mental distinta a la sensibilidad y el entendimiento, pero que a su vez los incluye en su proceso lógico-reflexivo. La Razón, como elemento substancial de una naturaleza racional, lo es no solo en tanto nos dota a los hombres de capacidad de raciocinio, lo que implica un juicio de valores, sino que en su esencia lleva implícito la Moral. O dicho en otras palabras, la Razón sin Moral no es Razón. Pues la Moral es el elemento imprescindible que dota a la libertad de acción, o al libre albedrío de una persona, como ser racional.

En este punto no quiero entrar en el rigorismo kantiano que afirma que la única acción moralmente buena es aquella que se realiza respeto a la legalidad, entendiendo la ley -desde un punto de Razón práctica- como la herramienta fundamental y reguladora de la Moral. Pues, contraviniendo al propio Kant, no considero que tenga nada de Moral el hecho de rabiosa actualidad, por poner un ejemplo, de desahuciar de su vivienda a un matrimonio de ancianos para obligarlos a pernoctar en la calle. Aunque éste es tema para otra reflexión. (Ver: Desahuciar una familia en paro y con un niño autista es legal,pero inhumano)

Pero volvamos a los inimputables. En este caso cabe distinguir al inimputable como persona en libertad capaz de cometer un delito punible, y al inimputable como persona privada de libertad por ser internada en un centro de tratamiento mental por causa de fuerza mayor tras haber cometido un crimen. En el primero de los supuestos, si bien el inimputable se trata de una persona con capacidad de raciocinio, el hecho de carecer de Moral suficiente para discernir si un juicio de valor es bueno o malo en plena libertad de sus acciones, podemos concluir que el inimputable es sin duda un ser humano, por categoría de especie, pero carente de humanidad. Mientras que en el segundo supuesto, el del inimputable privado de libertad en un manicomio, el hecho de ser objeto de tratamientos psicofarmacológicos que inhiben su tendencia criminal, e incluso su posible comportamiento antisocial, que le llevan a alterar su nivel de consciencia hasta niveles graduales de anulamiento individual para convertirlos en personas dóciles -con una controlada capacidad de voluntad propia por parte de terceros en un entorno tan aislado como esterilizado psicológicamente-, tampoco puede hablarse de humanidad propiamente dicha al tratarse de personas afectadas profundamente en su capacidad cognitiva, y por extensión, en su plena capacidad de desarrollar la Razón.

No obstante a lo anteriormente expuesto, si bien es evidente que existen diversos grados de inimputabilidad, por lo que en las personas inimputables se puede manifestar una multiplicidad de niveles de humanidad según cada caso en particular (materia propia tanto del Derecho como de la Psiquiatría), no es menos cierto que la humanidad no es una característica universal del hombre, por lo que desde la Ética -también conocida como Filosofía Moral- se puede afirmar que existen hombres sin humanidad. Así pues, ¿si un hombre carece de humanidad, qué es?. La respuesta, filosofía mediante, es tan clara como sencilla: un hombre sin humanidad es, por familia biológica, un hombre, pero no un humano. Pues el ser humano es, a diferencia del resto de seres vivos, un ser dotado de Razón Moral.

Frente a la pregunta de si existe humanidad en un inimputable, tal y como nos asevera el artista brasileño Eduardo Marco con su obra, la respuesta no podemos hallarla de manera taxativa en la mirada del observador, sino en los actos del inimputable. Pues no podemos caer en el engaño emocional que nos produce la compasión que nos puede despertar lo observado -que no es más que el efecto espejo de nuestro propio mundo emocional de profunda estructura cultural-, ya que caeríamos en una paradoja bucleriana. ¿O a caso no es una paradoja irresoluble buscar la humanidad en un inimputable que, por idiosincrasia, carece de humanidad al no contar con juicios de valor morales?. Y es que el relativismo, así como la esperanza, encuentran en el mundo cotidiano sus propios límites bien definidos marcados por el Principio de Realidad, por mucho que nos abandonemos a la fantasía.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano