jueves, 2 de agosto de 2018

¿En qué posición accedemos empujados frente al futuro?


Hay tres maneras de acceder subjetivamente al futuro: persiguiéndolo, siendo empujados hacia él, o alcanzándolo desde la inmovilidad del momento presente. Podemos optar por cualquiera de las opciones posibles, así como por una combinación de éstas, de manera continua, discontinua o alternante, con ganas o a desganas, de manera consciente o inconsciente, pero sea cual sea la manera siempre alcanzamos al futuro incluso más allá de nuestro último aliento de vida. (Puesto que las singularidades no son más que una ilusión en el flujo continuo del Universo).

Cuando uno alcanza el futuro desde la inmovilidad del momento presente no hay duda. Es como si, aún estando en posición vegetativa frente a la existencia propia y nuestro alrededor, continuamos desplazándonos irremediablemente hacia el futuro, de la misma manera que nos movemos -aun estando parados- sobre una correa deslizante a la que llamamos tiempo.

La certeza se desvanece cuando, al contrario, accedemos al futuro persiguiéndolo o siendo empujados hacia él, pues resulta engañoso saber en qué modo nos movemos. Hay quienes creen ilusoriamente que persiguen un futuro y en verdad están siendo empujados hacia él, mientras que los hay quienes creen que son empujados y realmente llevan tiempo persiguiéndolo (aunque no lo sepan). En ambos casos el libre albedrío queda en tela de juicio, unos por determinismos externos (ambientales) y otros por determinismos internos (psicológicos), o por una suma de ambos en porcentajes particulares para cada caso y momento.

Pero lo cierto es que sintetizando todos los casos posibles, solo hay una manera de acceder objetivamente al futuro: siendo empujados hacia él. Y llegados a este punto, lo relevante es discernir cómo somos empujados a ese futuro, si de espaldas, de lado, de frente, agachados o erguidos. He aquí la cuestión. Los que acceden empujados al futuro de espaldas es que aún están anclados en el pasado, aunque sea reciente, e intentan hacer una proyección hacia delante del mismo. Los que acceden empujados al futuro de lado se encuentran embebidos por la actividad social de su entorno, sobre la que proyectan un colindante escenario posible e inminente. Los que acceden empujados al futuro de frente pretenden determinar, e incluso controlar, la consiguiente naturaleza en la que correrá su propia suerte. Los que en cambio acceden empujados al futuro agachados son personas temerosas de la vida. Mientras que los que acceden empujados al futuro erguidos son aquellos individuos empoderados quienes o bien aceptan el misterio de la existencia con templanza (que no resignación), o bien se sienten con la fuerza propia del arrogante que todo lo puede (pobres ilusos!).

Solo en el estadio de la madurez es cuando podemos percatarnos que accedemos al futuro (objetivamente) siendo siempre empujados hacia él, pues en la esencia de la madurez queda cautivo -en la mayoría de los casos- el desengaño de un joven sueño de vida irrealizada. Y es en esa misma madurez cuando obtenemos la sinceridad necesaria para con nosotros mismos, fruto de un progresivo desapego egocentrista con respecto al mundo, para saber cómo hemos accedido empujados al futuro: de espaldas, de lado, de frente, agachados o erguidos.

Si bien cuando era joven compartía con Quevedo la angustia por la brevedad de la vida: ¡Fue sueño ayer; mañana será tierra! / ¡Poco antes, nada; y poco después, humo!. Ahora que ya soy adulto la corta vida me parece larga. Al menos lo suficientemente larga como para darme cuenta que a veces estoy siendo cansinamente empujado hacia el futuro de espaldas e incluso agachado, otras de lado, y las más -ciertamente- de frente y erguido. Pero siempre empujado. Por lo que la máxima de la vida es sueño de Calderón de la Barca se me antoja tan veraz como los inexorables empujones que me adentran al futuro: ¿Qué es la vida?: un frenesí. / ¿Qué es la vida?: una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.

¿Cómo me veo empujado ahora hacia el futuro? Ciertamente, no voy a negarlo, en un juego postural de combinaciones varias, pero con la máxima dignidad que un hombre puede permitirse frente a la relatividad de una realidad que creía -en mi inocente niñez- tan compacta como coherente. Pues la realidad, como la vida, no es más -ni menos- que una ilusión onírica más. Aunque no puedo menospreciar el hecho que lo importante no es tanto acceder al futuro, sino cómo accedemos a él. Pues el modo determina, al fin y al cabo, el sentido mismo que le otorgamos a nuestra volátil existencia.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano