jueves, 9 de agosto de 2018

El Opus Nigrum de toda persona, o el proceso de iluminar las sombras interiores

Alegoría de la Alquimia. Catedral de Notre-Dame de París

En los tiempos de los alquimistas, donde todo era posible magia mediante, existía el conocimiento de una vieja fórmula hermética que señala la fase de separación y disolución de la materia: el opus nigrum. Pero los alquimistas, a parte de ser filósofos de la ciencia que combinaban elementos como la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, o el arte, contaban con una gran carga mística convirtiendo la alquimia en un verdadero camino de aprendizaje espiritual. Es por ello que cuando los antiguos alquimistas se referían al opus nigrum de transformar el plomo en oro, en realidad no era más que una metáfora (propia de las escuelas herméticas) del duro proceso de alumbrar nuestras sombras interiores.

Nuestras sombras interiores no solo distorsionan la percepción del entorno, como el juego de sombras que crea imágenes irreales en la intimidad de una habitación en la semioscuridad de la noche, sino que también distorsionan la percepción íntima y personal sobre nosotros mismos frente al mundo haciéndonos presentar bajo apariencias faltas de autenticidad. Lo cual significa que el determinismo de nuestras sombras interiores no nos permiten ver ni la realidad del entorno ni la veracidad de nosotros mismos, así como el determinismo de las sombras interiores de los demás tampoco pueden ni ver la realidad del entorno ni la realidad de mi persona como sujeto observado. ¡Ves a saber lo que realmente ven de nosotros cuando los otros nos miran!. Con toda probabilidad, como la lámpara de la mesita de noche que bajo un ángulo concreto de observación aparenta un dinosaurio en la proyección de su sombra nocturna sobre la pared, lo que ven los demás respecto a nosotros no tiene nada que ver con aquello que realmente somos.

La naturaleza de nuestras sombras interiores, que determinan la percepción que tenemos sobre nosotros mismos (y que por tanto proyectamos) y la de nuestra realidad más inmediata, es variada hasta el punto de poder contar -en algunos casos- con registros patológicos. Pero no hay duda que la raíz primera y común, a partir del cual se desarrolla nuestra arboleda propia de sombras, es de origen familiar. Tanto es así que la mayoría de nuestras sombras son heredadas por parte de antepasados, que incluso no hemos llegado a conocer, a través de la memoria genética que se trasmite generación tras generación dentro de un mismo árbol familiar. Pues los genes no solo transmiten información biológica, sino también cargas emocionales no resueltas que nos condicionan la llegada al mundo con una hipoteca psicológica pendiente de saldar. Es por ello que el proceso alquímico del opus nigrum, de iluminar nuestras sombras interiores, no solo nos permite liberarnos de condicionantes limitadores respecto a nuestra percepción y consecuente actuación con nosotros mismos y frente al mundo, que no es ni más ni menos que sanar nuestra historia personal, sino que nos permite asimismo sanar el árbol familiar del cual procedemos. Pues el uno depende íntimamente del otro y viceversa.

La única manera que tiene de proceder la magia del opus nigrum es, ya no enfrentándonos o abrazando nuestras sombras (pues tan inútil es luchar contra una sombra incorpórea como perjudicial identificarse emocionalmente con la misma), sino siguiéndolas como el hilo de Ariadna en el laberinto del Minotauro, tanto para llegar al conocimiento de su origen como para poder hacer el camino de regreso a la inversa. Todo un viaje iniciático de la verdadera alquimia personal.

Pero, ¿cómo llegar al conocimiento de la razón originaria de una sombra propia heredada de un antepasado a cuya vida no podemos acceder? Y, ¿cómo identificar al antepasado? ¿La sombra ancestral familiar fue originada por nuestro abuelo, nuestra abuela, sus padres,...? Y, ¿qué les sucedió? Ese es el misterio de la alquimia, de las experiencias iniciáticas, y del propio opus nigrum. Todo resultaría más fácil si conociésemos el origen y la causa que debiéramos iluminar (resolver) en nuestro interior. Mientras tanto, la sombra interior se erige como un muro personal infranqueable que nos impide autorealizarnos en algún aspecto de la vida que seguro es importante para nuestra existencia individual.

Cada tiempo tiene sus recursos, y cada persona su llave de desbloqueo personalizada. El opus nigrum solo nos indica el camino. Como dijo Goethe en su lecho de muerte: !Luz, más luz!. Aunque lo inteligente -que no sé si accesible para todos- es poder llegar a iluminar nuestras sombras interiores en la plenitud de la vida.

Puck: “Si nosotros, vanas sombras, te hemos ofendido / 
piensa nada más ésto, y todo estará bien: / 
que te has quedado aquí durmiendo / 
mientras han aparecido esas visiones.”
(Sueño de una noche de verano. Quinto acto/segunda escena. W. Shakespeare)

Que la luz ilumine mis sombras interiores en el sueño de esta calurosa noche de verano, al menos, para poder vivir una vida lo más dignamente posible más allá de mis propias limitaciones, Y si no alcanzo el opus nigrum, que nadie me despierte de este sueño regalado. Fiat Lux!



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano