miércoles, 18 de julio de 2018

¿Necesitamos a los políticos para velar por el bien colectivo versus el bien individual?

Montoro (PP)-Montero (PSOE), ministros de Hacienda

No tengo claro que el hombre sea un ser social por naturaleza, como afirmaba Aristóteles. Pero de lo que sí que estoy seguro es que el hombre necesita de un pacto social para convivir entre semejantes, como apuntaba Rousseau. De hecho, si bien cada época de la historia de la humanidad tiene sus particularidades, el pacto social – ya sea explícito o tácito- no es más que un instrumento que intenta velar por la disputa eterna entre el bien colectivo y el bien individual (lo cual no significa que sea equitativo, pues en la ecuación concurre el factor poder), y que se sustenta en unos valores que evoluciona con el desarrollo del propio ser humano como especie.

En la actualidad, la lucha entre el bien colectivo y el bien individual se traduce en la búsqueda del equilibrio entre el sector público y el sector privado, representados por el Estado (y especialmente por el poder legislativo) y el Mercado, respectivamente. Tanto es así que convivimos en una realidad (al menos en Europa) que podríamos calificar de esquizofrénica, debido a la tensa relación coexistente entre un modelo de Estado basado en el Derecho y el Bienestar Social y un Mercado de libre competencia. Todo un equilibrio de opuestos.

No obstante, por mucho que tendamos a alcanzar el punto medio como virtud, com dirían los clásicos romanos (in medio virtus), la consecución del equilibrio es una falacia solo sostenida en teoría sobre el papel. Y a nadie se le escapa que, en pleno siglo XXI, la balanza no solo se decanta hacia el Mercado de libre competencia, sino que incluso éste marca las pautas y el ritmo del propio Estado. Tanto es así que en los tiempos que vivimos ya no existen políticas alternativas multicolores, sino políticas posibles fehacientes. Pero, ¿posibles en qué contexto?, pues en ningún otro contexto más allá de aquel que viene definido por el Mercado.

La respuesta al poder del Mercado reside tanto en su papel de motor de la evolución de la humanidad, mediante la innovación continua de productos y servicios en un entorno altamente competitivo, como en su capacidad de generar la economía productiva necesaria para sostener el gasto de los Estados de Derecho y Bienestar Social. O dicho de otra manera, el sector privado mantiene al sector público.

Por otro lado, cabe apuntar que mientras que el dinamismo del Mercado le ha permitido alcanzar altas cuotas de desarrollo orgánico y funcional (ya estamos en la cuarta era de la revolución industrial, la era de la inteligencia artificial con aplicaciones en todos los aspectos de la vida diaria de las personas), la práctica parálisis de la evolución del Estado, como gerente de la res publica, le situa en parámetros de desarrollo y vicios equiparables a los del siglo pasado.

Así pues, si los poderes ejecutivo (Gobierno) y legislativo (Cortes Generales) solo pueden aplicar políticas posibles dentro de la lógica de funcionamiento del Mercado, que es quien lleva las riendas de la evolución humana, ¿necesitamos a los políticos para velar por el bien colectivo?. ¿Podemos sustituir la gestión política actual por otro modelo de gestión más eficaz y equitativo basado en el análisis avanzado de multivectores sociales clave con capacidad de resolver necesidades colectivas de la manera más óptima posible?. Por supuesto que sí, sobre la base de una predefinición de lo que entendemos por bien colectivo a la luz de la tradición humanista. Con ello nos ahorraríamos incurrir en escenas, de rabiosa actualidad, protagonizadas por personas incapacitadas -por defecto, vicio moral, malintencionadas o partidistas- cuya gestión atenta directamente a los intereses colectivos de los ciudadanos. Aunque ello no podría excluir de manera absoluta la intervención humana -pero sí reducirla sustancialmente- que es, en última instancia, quien deberá velar por insuflar el espíritu humano en la gestión pública y actualizar los parámetros de definición del bien colectivo a proteger en sintonía con la evolución del conjunto de la sociedad.

Va siendo hora, en plena era digital en entornos de sistemas inteligentes, que actualicemos los puestos políticos de poco o nulo valor añadido para maximizar la eficacia de los procesos de gestión pública. Quizás así seamos capaces de acercarnos al modelo platónico de la res publica como un ejercicio ético del bien colectivo en un tiempo, como el actual, donde las sociedades evolucionan a velocidad de la luz gracias a la revolución del conocimiento que capitanea un Mercado en continua disrupción.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano