lunes, 30 de julio de 2018

Comité de Defensa de la República: La creación de una nueva realidad desde las sombras


El genial humanista Leonardo da Vinci escribió que los pintores deberían comenzar todos los cuadros con una capa de negro, ya que a su criterio todas las cosas de la naturaleza son oscuras previas a ser expuestas a la luz. Lo cierto es que la tendencia generalizada de los pintores es a la inversa: empiezan blanqueando el lienzo y acaban añadiendo las sombras. La idea de da Vinci de que las sombras crean la realidad (criterio de que la luz solo deja ver lo que la sombra le permite), me recuerda la técnica de dibujo excepcional de Teresa, mi pareja, quien representa un objeto, paisaje, bodegón o retrato a partir de las sombras de éstos. Es decir, ella crea formas a partir de las sombras que perfilan contornos y rellenan huecos de claroscuros.

Esta idea de crear realidades a través de las sombras ha reclamado con fuerza mi consciente en estos días al observar los últimos movimientos del Comité de la Defensa de la República, más conocido como CDR, que persiguen la plena independencia de Cataluña del resto de España. Puesto que sus movimientos aunque ciertamente dispersos y discontinuos, pero no obstante bien coordinados y dirigidos, se asemejan a sombras dinámicas que luchan contra la luz para moldear una nueva realidad. Sombras en movimiento que van adoptando in crescendo actitudes cada vez más totalitarias, incívicas e intransigentes con aquellos que pensamos de manera diferente. Sombras que en su delirio enajenador llegan ha apropiarse de símbolos identitarios de todos con el propósito de excluirnos a unos muchos que, aun con derechos naturales adquiridos, en el día a día somos despojados de derechos reales de uso.

Pero la estrategia de los CDR, en cuya génesis se ha autoextirpado la semilla de la Democracia (especialmente respecto a lo que a los demás nos concierne), no pretende jugar a combinaciones posibles con las sombras existentes en el actual marco normativo y social de convivencia, como en antaño hicieron los nacionalistas moderados que les precedieron, sino que su propósito busca alcanzar la máxima de Leonardo da Vinci: oscurecer por completo el lienzo para la creación de la nueva realidad. Es por ello que las sombras de los CDR no solo es alargada, como bien podría relatar Delibes, sino que se extiende y expande en todas direcciones y estratos -como un asfixiante chapapote sobre un lago- con la descarada osadía de quien se sabe en rebeldía contra cualquier autoridad no reconocida (más allá de la certificada desde Waterloo, que por cierto no resulta un lugar muy apropiado para iniciar una contienda). El objetivo de los CDR es imponer un reino de sombras en Cataluña para crear, desde la oscuridad de unos derechos y libertades despojados mediante el uso de la fuerza a la mayoría de conciudadanos catalanes que nos sentimos parte de España, un nuevo imaginario social. El nacionalismo catalán se transforma en nazionalismo. Y Fuigdemont (fuig, de huido -de la justicia española-), al frente de los CDR, se convierte en la caricatura de un neonapoleón trasnochado en su trono de sombras al cobijo de las contradicciones de una UE con problemas de identidad.

El avance de las sombras de los CDR es patente e incluso ya latente, y de manera progresiva comienzan a perfilar su nueva realidad mediante el vaciado de luces sobre el lienzo, cuyo dibujo si bien aun no está visible ya puede intuirse. Todo ello gracias a la relajación y dejadez de funciones de los administradores de la luz pública, que parece que deseen provocar una implosión en el mismo lienzo que está sometido a presión, para temor y desconsuelo de los que coexistimos en su interior.

Personalmente, y con pleno respeto y admiración al sabio renacentista, me decanto más por el acto creador desde la luz -como buen poietes humanista que soy-, como cincel primigenio para dar forma a la sombra, y no al revés. Pues no es lo mismo que la forma cree una sombra, que las sombras generen una forma. Pues las formas creadas a partir de las sombras siempre son deformes e inciertas, y el espacio interformas resulta no solo inquietante sino también peligroso de transitar. Mientras que bajo la percepción de la luz, de cuyo sustrato luminiscente nace el logos (la razón) -fuertes razones, hacen fuertes acciones (Shakespare)-, toda forma y espacio resulta más consistente, transparente, seguro y tranquilo por cognoscible. No hay que menospreciar la naturaleza de las formas, pues de éstas surgen las ideas y viceversa (entendido como el eidos platónico), y éstas formas/ideas acaban sintetizándose en juicios de valor social (como sentenciaría Kant). Por lo que a todas luces rechazo sin prejuicios cualquier forma creada a partir de las sombras, pues de las sombras solo surgen los seres más viles y monstruosos de la naturaleza (especialmente de la humana). Fiat lux!


Retrato de mi persona con la técnica de dibujar a partir de las sombras. 
Autora: Teresa Mas de Roda, 2017.











Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

domingo, 29 de julio de 2018

Leda y el cisne: una reflexión sobre sexualidad y debilidad humana

Gif del fotógrafo Derrick Santini

Me entusiasma que la vida me sorprenda hasta el punto de observar, con la alegre excitación propia de un inquieto niño curioso, lo ignorante que soy. Pues entre las muchas cosas que no sé, no sabía hasta hoy – en mi entrada madurez- de la simbología del cisne como animal representativo del mítico Zeus todopoderoso. Y eso que he devorado libros sobre la antigua Grecia Clásica, ya sean de mitología, cultura o filosofía. ¡Pero por Zeus que necesito más vidas para completar mi nivel de cultura general! (siempre en lucha continua con una mente olvidadiza).

Lo apasionante de la circunstancia, que renueva mi esperanza en la vida como una experiencia continua llena de sorpresas, es el hecho de haber llegado a dicho conocimiento de manera indirecta y a través de una concatenación de singularidades. Estaba leyendo por la mañana una novela de intriga que me tiene absorto y que recomiendo (“El Enigma del Cuatro”, de Ian Caldwell y Dustin Thomason), cuyo hilo conductor de la trama es el libro Hypnerotomachia Poliphili del siglo XV en una de cuyas xilografías se encuentra la reina mitológica Leda, sobre un carruaje y en medio de una corte, entre medio de cuyas piernas se haya un Zeus que le está haciendo el amor bajo la forma de cisne. Es entonces que he recordado el bello lienzo de cabecera de cama de mi pareja Teresa donde aparecen dos hermosas damas desnudas junto a un cisne. Tras indagar con curiosidad un poco en la gran biblioteca de internet me percato que el mito de Leda y el cisne es extensamente conocido en el ámbito del arte, contando con múltiples obras pictóricas y esculturas de artistas de la talla de Leornardo da Vinci, Dalí, Bernini o Botero, entre otros muchos. Pero todas las representaciones cuentan con dos personajes, Leda y el cisne. Tan solo un artista francés del rococó, François Boucher, aborda el mito introduciendo dos figuras femeninas, siendo la reina de Esparta Leda la protagonista y restando simbología sexual a la representación animal de Zeus (a diferencia de sus obras anteriores de explícita intencionalidad fálica). Una obra maestra de 1742, de tamaño reducido, cuyo autor hizo dos copias exactas con la única diferencia de los paisajes. Y es justamente de la segunda copia de Boucher que un artista posterior (seguramente del XIX) realiza una copia fiel a tamaño mucho más grande, con licencias propias sobre los colores de los tejidos donde reposan las damas y el peinado de estilo victoriano, cuyo lienzo preside la intimidad de nuestro lecho de cohabitación.

La zoofílica histórica de Leda y el cisne gozó de gran popularidad entre los intelectuales del renacimiento y del barroco, y aún en nuestros días podemos encontrar ejemplos inspirados en el mito como el vestido de cisne que lució la cantante contemporánea Björk en los Premios Óscar del 2000. Intervención divina (del Olimpo) a parte, quizás la seducción atemporal del mito reside en la sensualidad erótica que despierta la combinación de la elegante imagen del blanco inmaculado del cisne -que evoca una mezcla de arquetipos entre delicadeza, pasión salvaje y poderío sexual-, y la inocencia impoluta de una joven doncella.

El instinto primario de supervivencia de la especie, manifestado a través del impulso sexual y muchas veces camuflado bajo el ropaje cultural del concepto de amor propio de cada época, es un tema recurrente a lo largo y ancho de la historia del arte de la humanidad. La sexualidad y el amor son temas tan trascendentales para el hombre como la muerte o el propio sentido de la vida. Y la manifestación estética del mito de Leda y el cisne no es más que una representación, con connotaciones teológicas, de la trascendencia de la sexualidad. De hecho, dos de los hijos nacidos de Leda (presuntos descendientes del mismo Zeus) son inmortales. Pero si algún significado se le puede encontrar a la alegoría sensual de Leda y el cisne, mitología a un lado, es el relato causístico de un tema tan antiguo como la propia humanidad: las pasiones y debilidades humanas.

Volviendo al cuadro de François Boucher, bajo la observancia de cuya réplica engrandecida me acuesto en múltiples ocasiones, la representación de Leda con una segunda figura femenina y el cisne conforman un excelente cuerpo triangular. Una trinidad formada por tres vértices esenciales de la existencia: aliento divino, sexualidad y vida, y todo ello enmarcado en un bodegón de exuberante carne caduca que exuda un fuerte aroma de pasión y debilidad humana que nos anuncia el misterio, no exento de placer, de la creación de la vida. Al fin y al cabo, con independencia del dilema del huevo y la gallina, o en el caso que nos ocupa del recién nacido y la mujer, la vida no puede resolverse sin sexualidad mediante.

Resulta curioso como el sexo ha sido devaluado e incluso menospreciado a lo largo de la historia ya no por las religiones, sino por la propia filosofía (a excepción de casos destacados como Michel Foucault), cuando es el instrumento alquímico por excelencia de la vida. Aunque no es menos cierto que se trata de una energía tan poderosa que, mal gestionada, puede socavar en la debilidad de la voluntad de las personas hasta destruir la dignidad de la condición humana como seres racionales que aspiramos a trascender nuestra dimensión animal. Dejemos, pues, la zoofilía relegada a los mitos y leyendas sobre la creación de la humanidad. Ya que la grandeza de nuestra especie radica, justamente, en el reino de la razón sobre los instintos, o como decían los antiguos griegos, en la enkrateia: la capacidad necesaria para dominar los sentidos. Pero no en el sentido de la moral cristiana que prohíbe absolutamente la práctica sexual fuera de la intencionalidad de la procreación, sino en el sentido de la chresis aphrodision de la moral platónica o aristotélica de usar debidamente los placeres en su justa y adecuada medida para la salubridad mental tanto individual como del conjunto de la sociedad (un principio que se debería aplicar el actual hedonismo consumista), ya que todo extremo por exceso (adictos) o defecto (puritanos) es nocivo per se.

La sexualidad está muy vinculada al deseo y al placer en la cultura contemporánea, pero si anhelamos trascendernos como seres racionales no podemos desvincularla de valores superiores como el amor y el respeto. In medio virtus. Y con esta reflexión me vuelvo a la cama a descansar junto a Teresa, bajo la atenta mirada de Leda y la indiferencia del Zeus-cisne, a la espera que mañana la vida me sorprenda con una nueva muestra de mi bendita ignorancia.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

miércoles, 25 de julio de 2018

Diccionario del Alma (Consonar / controlar) XXIª Entrega


Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.

Consonar: El queso y la uva.
Consorcio: Los árboles de un bosque.
Consorte: Mi fuente de energía.
Conspícuo, -ua: Láurea de hoja caduca.
Conspiración: El plan estratégico del Dinero.
Conspirador, -ra: Sombra que piensa en la oscuridad.
Conspirar: Cáncer del espíritu.
Constancia: Actitud temporal del principio de desarrollo.
Constatación: El revelado negativo de un hecho.
Constatar: 1. Método empírico del aprendizaje humano. 2. Tocar para creer.
Constante: 1. La sucesión de generaciones. 2. El olvido intergeneracional.
Constar: Acentuar una circunstancia.
Constelación: Forma mítica de arquetipos celestiales.
Consternación: La fragilidad de la rigidez de las expectativas.
Consternar: Toque de atención.
Constipado, -da: Bajar la guardia de la salubridad.
Constipar: Acto predeterminado de dañar.
Constitución: 1. Pacto social de Rousseau. 2. Norma democrática inviolable, pero modificable por consenso cualificado.
Constitucional: Todo aquello permitido dentro de las reglas del juego.
Constituir: El esqueleto de la forma.
Constitutivo, -va: Personalidad de algo.
Constituyente: Ideas sociales de las nuevas generaciones.
Constreñimiento: Torno de rosca que se clava sobre la voluntad de una persona.
Constreñir: Deshidratar el alma.
Constricción: Limitación del sistema educativo a la capacidad de soñar de los niños.
Construcción: 1. Repensar la naturaleza. 2. Transgredir la realidad.
Constructivo, -va: La Inteligencia Artificial.
Constructor, -ra: Poeta de las formas.
Construir: Acto de creación.
Consubstancial: La diferencia singular de cada ser humano.
Consuelo: La aceptación del fracasado.
Consuetudinario, -ia: Las reglas en el seno de una familia.
Cónsul: Comerciante del Estado.
Consulado: 1. Copistería legal de un país en el extranjero. 2. Agujero de gusano mercantil.
Consulta: El comodín de los curiosos.
Consultar: Acto de humildad del saber.
Consultivo, -va: Cajón de las respuestas.
Consultor, -ra: Sabio ambulante.
Consultorio: Colador de las incertidumbres.
Consumación: El placer del propósito conseguido.
Consumado, -da: La pasta al dente.
Consumar: El orgasmo tras el sexo.
Consumición: 1. Trago de pago. 2. Sobrecoste del servicio.
Consumidor, -ra: La célula nuclear del capitalismo.
Consumir: La actitud conductual del mercado de libre competencia.
Consumismo: Razón de identidad individual de las sociedades occidentales.
Consumo: Termómetro de la economía.
Consunción: Un hombre sin esperanza.
Consuntivo, -va: Bacteria intestinal del capitalismo.
Contabilidad: Radiografía de persona jurídica.
Contable: Controlador de la caldera de vapor de una empresa.
Contacto: Facilitador de continuidad.
Contado, -da: La generosidad.
Contador, -ra: Impulso nervioso compulsivo de controlar.
Contaduría: La casa de reposo de los números jubilados.
Contagiar: Apuntar con atino.
Contagio: Tiro cierto influyente.
Contagioso, -sa: La enajenación humana.
Contaminación: Los políticos inútiles sobre la población.
Contaminar: Acción de las canciones frívolas modernas en las nuevas generaciones.
Contante: El dolor de cabeza de los bancos digitales.
Contar: Asegurar la complitud.
Contemplación: Momento en que me fumo una pipa.
Contemplar: Observar el presente de algo.
Conteplativo,-va: Mi naturaleza por defecto.
Contemporáneo, -ea: Frágil temporalidad.
Cotemporizar: Un paso atrás con inteligencia.
Contención: La prueba de la paciencia.
Contencioso, -sa: El dinero, siempre el dinero.
Contender: La lucha diaria por respirar.
Contendiente: Toda persona que obra con injusticia o mala fe.
Contener: A menudo, las ganas de decir lo que pienso.
Contenido,-da: El hombre enfundado en chaqué.
Contentadizo, -za: 1. Los perros. 2. Persona con más físico que cerebro.
Contentar: Votar, en unos segundos cada cuatro años, las necesidades de vida propia durante los próximos cuatro años.
Contento,-ta: 1. Emoción cultivable. 2. Desapego dela carencia.
Conterráneo, -ea: Todos los seres vivos.
Contestación: El efecto de una pregunta.
Contestar: Acción que no implica, en la mayoría de los casos, reflexión previa.
Contexto: La lógica del contenido.
Contextura: 1. Órden interno preestablecido. 2. La razón de la manifestación.
Contienda: Proceso que transcurre entre el nacimiento y la muerte.
Contigo: El privilegio de compartir el camino.
Contigüidad: Rotación de espacios interpersonales.
Contiguo, -ua: Mi Ego y mi Alter Ego.
Continencia: 1. Una obligación poco satisfactoria. 2. Actitud de templanza.
Contingente: Mi pequeña aportación intelectual a la especie.
Continuación: La evolución humana per se.
Continuador, -ra: Nostalgia existencial de preservar un legado.
Continuar: En la mayoría de los casos: una imposición.
Continuidad: La naturaleza imperfecta del hombre a lo largo de la Historia.
Continuo, -ua: La fuerza de la tenacidad.
Contonearse: Baile de apareamiento.
Contoneo: Juego unísono de multicentros de gravedad.
Contornear: Redescubrir un objeto.
Contorno: El límite con el entorno.
Contorsión: Los discursos de los políticos.
Contra: La apatía, cada día.
Contraalmirante: Escala de galones.
Contraatacar: Principio de lucha básico para ganar al fracaso.
Contraataque: Intencionalidad de avanzar.
Contrabajo: La maravillosa gravedad de las cuerdas.
Contrabalancear: 1. La búsqueda del equilibrio. 2. Movimiento natural de la vida.
Contrabandista: La sombra de la mercancia anónima.
Contrabando: Ejercicio comercial declarado en estado de rebeldía.
Contracción: Queja de mi espalda cuando me atrevo a hacer deporte.
Contráctil: El corazón.
Contractura: Epidemia de rigidez de visión.
Contradecir: Placer a discreción.
Contradicción: La relación entre poder y la normativa.
Contradictorio, -ia: La búsqueda de la innovación frente a la cultura del neopotismo.
Contraer: Los derechos sociales en época de crisis.
Contrafuerte: Elementos estabilizadres del Estado de Derecho y de Bienestar Social en un entorno de libre mercado.
Contragolpe: La evidencia de la loca genialidad.
Contrahacer: Usurpar la identidad.
Contrahecho: Veredicto del tiempo.
Contraindicación: El estilo de vida que llevamos.
Contralto: Un tipo de joya sensual femenina.
Contraluz: La magia de lo intuido.
Contramaestre: La conciencia de los marineros.
Contraorden: La sabiduría de la rectificación.
Contrapartida: 1. Compensación generalmente no equitativa. 2. Consuelo del perdedor.
Contrapelo (a): El inicio de un nuevo día.
Contrapesar: Buscar sentido a la vida.
Contrapeso: La ilusión.
Contrapié: Los zapatos que calza un parado mayor de 40 años.
Contraponer: Priorizar la sonrisa de mis hijas.
Contraproducente: Cualquier aventura emprendedora.
Contraproyecto: La madurez de la idea inicial.
Contrapuntear: Enriquecer.
Contrapunto: La armonía de la diversidad.
Contrariar: Efecto normal de las relaciones entre personas.
Contrariedad: Estudiar una materia que ya no goza de valor social.
Contrario,-ia: Grado opuesto de una misma naturaleza polarizada.
Contrarrestar: Defender la posesión del control.
Contrasentido: Devaluar la experiencia.
Contraseña: 1. Mensaje excluyente. 2. La falacia de la seguridad.
Contrastar: 1. La base del conocimiento. 2. Verificar una realidad.
Contraste: Principio del aprendizaje.
Contrata: Tapadera de financiación política con dinero de las arcas públicas.
Contratación: Medio de solventar carencias de especialización.
Contratar: Sumar activos ajenos.
Contratiempo: Cumplir años.
Contratista: Redestribuidor de la riqueza.
Contrato: El que firma el recién nacido por su primera bocanada de aire.
Contravención: Práctica habitual en derecho internacional.
Contraveneno: El amor.
Contravenir: No tener trabajo, casa o comida.
Contraventor, -ra: La usura humana.
Contrayente: Persona comprometido con un proyecto de vida.
Contribución: Algo efímero.
Contribuir: El humanismo.
Contribuyente: Obligación de la clase trabajadora.
Contricción: Capacidad que se extirpa en la carrera política.
Contrincante: Maestro personal.
Contristar: La miseria humana.
Control: Delirio.
Controlador: 1. Cuanto más lejos, mejor. 2. Manifestación de inseguridad y miedo a la pérdida.
Controlar: Inhibir el despliegue del talento.



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martes, 24 de julio de 2018

¿Por qué nos atraen las películas de violencia, intriga y sexo? Y, ¿cómo nos afectan?


Érase una persona a una televisión pegada, como diría Quevedo si viviera en la actualidad parodiando al homo televisivo contemporáneo. Pues lo cierto es que protagonizamos una sociedad (de acólitos) que existe pegada al televisor, el cual tiene la capacidad de hipnotizarnos hasta el punto de producir un estado de encefalograma plano. Pero, ¿cuál es la fuente de su poder de abducción?. La respuesta la encontramos, por pura observación, en los innumerables contenidos de éxito de relato violento, de intriga y de sexo. Así, pues, la pregunta pertinente que debemos hacernos es ¿por qué nos atrae y engancha la violencia, la intriga y el sexo?.

La respuesta más simple la podemos resumir en que dichas palancas de experiencia están íntimamente relacionadas con los instintos más esenciales de supervivencia del ser humano como especie animal, lo cual conlleva aparcar a un lado nuestra capacidad más racional.

Una segunda respuesta más elaborada podríamos relacionarla directamente con las emociones básicas (nuestra primera descodificación emocional del mundo externo -y por tanto, experiencia primigenia de sentirnos vivos- captado por los sentidos físicos), sin que ello sea condición sine qua non para una posterior elaboración de carácter intelectual. En este sentido, la violencia activa las emociones del miedo y la rabia, la intriga la emoción del miedo y la tristeza, y el sexo, por su parte, activa la emoción básica de la alegría.

Mientras que una tercera respuesta de mayor complejidad podemos encontrarla en el hecho que la violencia, la intriga y el sexo exaltan un individualismo cohibido por las normas sociales por un lado, pero potenciado por la cultura hedonista de libre consumo, por otro lado. Un individualismo, como reflejo de un ego personal propio de la naturaleza humana, que se regocija y expande en la intimidad del mundo del relato de ficción tan maestralmente desarrollado por el arte cinematográfico y el mundo virtual de los videojuegos, así como por la manipulación televisiva de series documentales amarillentas y de reality shows, e incluso en las técnicas marketinianas de captación de audiencia por parte de informativos reconvertidos a cronistas de sucesos.

Llegados a este punto, la segunda gran pregunta que debemos realizarnos es, si ¿el consumo continuado de experiencias televisivas de violencia, intriga y sexo, afecta al comportamiento habitual de las personas y, por extensión, a los valores del conjunto de la sociedad?.

Afirmar que el comportamiento humano no tiene relación alguno con su entorno ambiental es igual a afirmar que la Tierra es plana. Los valores sociales no son más que una representación de las cualidades y las virtudes que posee y representa a una persona. Por tanto, si promocionamos iconos mediáticos -ya sean de ficción o no, amparados por la defensa del bien del consumismo- caracterizados por la promiscuidad, el uso de la fuerza o la manipulación de la verdad como instrumentos de éxito social, es evidente que no solo estamos definiendo valores sociales en dicha dirección, sino que en consecuencia estamos promoviendo hábitos conductuales parejos a título individual. Dime qué valores sociales estás alimentando, y te diré qué generación de individuos estás gestando.

La línea que separa un valor social de una conducta es muy fina.Y cuando dicha conducta se convierte en un hábito, por la carga impositiva reiterada del valor social, el hábito se convierte en un uso y costumbre de dimensiones colectivas, lo cual afecta de manera directa al concepto de Ética que tenemos de la realidad más inmediata (redefiniendo toda la escala de valores de una civilización). Un asunto nada baladí.

El reto que nos ocupa, por consiguiente, es acotar el campo de actuación de los valores individuales derivados de la promoción ilimitada de la violencia, la intriga y el sexo de consumo mediante un valor social de rango superior como es el Respeto, eje vertebrador de la filosofía humanista en la que se fundamentan nuestras sociedades europeas del Derecho y el Bienestar. Un reto que requiere de una implicación activa por parte de los diversos poderes del sector público en formación de valores socialmente positivos, con el objetivo de evitar posibles brotes de disfunción de personalidad en una nueva generación que coexiste entre los valores sociales de convivencia real y los fuertes valores de consumo ficticios.



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jueves, 19 de julio de 2018

Diccionario del Alma (Conferir / consonante) XXª Entrega


Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.

Conferir: Contagio de responsabilidad.
Confesar: Liberarse de una prisión personal.
Confesión: Desnudarse.
Confesional: Código de barras religioso.
Confesionario: Habitáculo para fantasmas.
Confesor: Limpia almas.
Confeti: Los colores de la lluvia.
Confiado, -da: La esencia natural del hombre antes de ser sociabilizado.
Confianza: La piedra filosofal del humanismo.
Confiar: Caminar a ciegas.
Confidencia: El secreto compartido de un mapa del tesoro.
Confidencial: El recelo humano.
Confidente, -ta: Un chivato.
Configuración: Red sinápitca.
Configurar: Programar interesadamente.
Confín: La frontera de lo conocido.
Confinar: Cohartar la libertad.
Confirmación: Asentir una hipótesis.
Confirmar: Ratificar un hecho.
Confiscación: Aumentar el haber.
Confiscar: Recopilar por la fuerza.
Confitar: Método de embalsamiento.
Confite: Confeti comestible.
Confitería: Salón de la no vida.
Confitero, -ra: Dulce embalsamador.
Confitura: Cadáver impertérrito.
Conflicto: 1. Distanciamiento del punto de encuentro. 2. Desincronización de latidos.
Confluencia: Compartir el aliento vital.
Confluir: Alinear mente y corazón.
Conformación: El agua dentro de una botella.
Conformar: Materializar una idea arquetípica.
Conforme: Mayoritariamente, con migo mismo.
Conformidad: Aceptar el instante presente.
Conformista: Persona sin espíritu.
Confort: La trampa de la muerte silenciosa.
Confortable: Sumergirse bajo el mar.
Confortante: Dormir junto a Teresa.
Confortar: Insuflar la chispa de la vida.
Confraternidad: 1. Carencia de la sociedad contemporánea. 2. Añoranza de las comunidades de antaño.
Confrontación: La intransigencia frente a la diversidad.
Confrontar: Resaltar las diferencias.
Confunfido, -da: Yo en el mundo.
Confundir: La actualización de la escala de valores de la ciudadanía.
Confusión: La dinámica de supervivencia de la política.
Confuso,-sa: El ser humano del siglo XXI.
Congelar: Retener los actos para dejar pasar los pensamientos y sentimientos negativos.
Congénere: De raíz común.
Congeniar: Emparejamiento de carácteres.
Congénito, -ta: El egoísmo del hombre.
Congestión: La pobreza en el mundo.
Congestionar: Impedir el fluir de recursos.
Conglomerado: La historia.
Conglomerar: La función cerebral.
Congoja: Un pozo sin agua.
Congraciar: Abrir la voluntad externa.
Congratulación: Manifestación sincera de alegría.
Congratular: Trasladar el eje de la felicidad personal.
Congregación: Granja.
Congregar: Movimiento interesado de masas.
Congregante: Afiliado de un partido político.
Congresista: Parásito anónimo que vive del sudor de los demás.
Congreso: 1. Puticlub de la democracia. 2. Órgano inútil del Mercado.
Congrio: Serpiente marina.
Congruencia: Asignatura pendiente en la educación familiar.
Congruente: Persona radical a ojos de la sociedad moderna.
Cónico: La mortalidad.
Coníferas: Cohetes de clorofila.
Conjetura: Observación incompleta.
Conjeturar: Acción previa a la difamación.
Conjugable: La creación.
Conjugación: Las prendas de un ropero.
Conjugar: El espíritu de la creatividad.
Conjunción: El celo.
Conjunto,-ta: La tortilla de patatas.
Conjura: Traición.
Conjurado, -da: Toda aquella persona que atenta contra la convivencia y la integridad territorial de España.
Conjurar: El proceso soberanista catalán.
Conjuro: Enter del más allá.
Conmemoración: Manifestación de respeto.
Conmemorar: Recordar.
Conmemorativo, -va: Apunte pedagógico para el olvido generacional.
Conmensurable: Susceptible de poder mejorarse.
Conmigo: 1. Para el resto de mis días. 2. En paz todo lo posible. 3. Medio para saber quién soy.
Conminación: Redirigir la voluntad ajena.
Conminar: Contar hasta tres.
Conminatorio, -ia: El deber de los impuestos.
Conmoción: La palmada del doctor a los recién nacidos como bienvenida a la vida.
Conmovedor, -ra: El reino animal.
Conmover: El llanto de mis hijas.
Conmutador, -ra: Guardia urbano de la electricidad.
Conmutar: Trueque.
Connatural: Término a revisar en la era de la inteligencia artificial cocreadora.
Connivencia: El silencio del primer mundo frente a las desigualdades del tercer mundo.
Connotación: El 50% de los trabajadores españoles cobran menos de 1.000 euros al mes en un país de libre mercado.
Connotar: El presente ensayo.
Cono: El viaje de la vida.
Conocedor, -ra: Un presuntuoso.
Conocer: Una ilusión.
Conocido,-da: Un casi desconocido.
Conocimiento: 1. Inabarcable. 2. La pátina aprehendida de la conciencia en si misma.
Conque: … así estamos.
Conquista: Robo legal.
Conquistador, -ra: Redistribuidor de la propiedad por la fuerza.
Conquistar: 1. Expansión natural de un virus. 2. Generar un problema para darle solución a posteriori.
Consabido, -da: Una persona sin trabajo no puede vivir dígnamente.
Consagración: Ofrecimiento diario de las personas de una sociedad al Dios Mercado.
Consagrar: 1. Lo que los títulos universitarios a la economía productiva. 2. El agua de lluvia sobre la tierra.
Consanguíneo, -ea: Un lazo emocional que si no se cuida acaba marchitándose.
Consciente: Nadie.
Consecución: Despertarme a cada nuevo día.
Consecuencia: La responsabilidad del acto.
Consecuente: La disciplina del espíritu.
Consecutivo, -va: El ritmo pendular de opuestos existenciales.
Conseguir: La temporalidad de una meta.
Consejero, -ra: El valor del conocimiento.
Consejo: Pieza de un solo encaje.
Consenso: La alineación de ideas e intereses.
Consentido, -da: 1. La carencia del esfuerzo. 2. Semilla del egoísmo.
Consentimiento: Solo cuando sí es sí, en plena capacidad de las facultades mentales.
Consentir: Hacer la vista gorda.
Conserje: El maquinista de un edificio.
Conserjería: Baúl mágico.
Conserva: La hibernación de la comida.
Conservación: El chiste del tiempo.
Conservador, -ra: La locura de impedir el flujo continuo de la vida.
Conservar: Aferrarse a algo.
Conservatorio, -ia: Una caja de música.
Considerable: Con categoría propia.
Consideración: Abrir la mente más allá de nuestro espacio vital.
Considerado, -da: Grado de empatía.
Considerando: Reflexión en proceso reflexivo.
Considerar: Elección de posible enfoque de interés.
Consigna: Interruptor ideológico.
Consignación: Facilitador de un fin.
Consignar: Mi nombre en el registro civil.
Consignatario: Tutor de mercancías.
Consiguiente: El efecto de toda casuística.
Consistencia: La impermanencia.
Consistente: La línea temporal.
Consistir: La física cuántica.
Consistorio: Ente obsoleto.
Consocio, -ia: Cónyuge por interés.
Consola: 1. Mesa mal nutrida. 2. La invisibilidad en la fiesta.
Consolación: El regusto amargo de la existencia.
Consolador, -ra: La evidencia de la prescindibilidad masculina.
Consolidar: El resultado del esfuerzo sostenido en el tiempo.
Consomé: Si es picante, mucho mejor.
Consonancia: La poesía de rebajas.
Consonante: El sentido de las vocales.


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miércoles, 18 de julio de 2018

¿Necesitamos a los políticos para velar por el bien colectivo versus el bien individual?

Montoro (PP)-Montero (PSOE), ministros de Hacienda

No tengo claro que el hombre sea un ser social por naturaleza, como afirmaba Aristóteles. Pero de lo que sí que estoy seguro es que el hombre necesita de un pacto social para convivir entre semejantes, como apuntaba Rousseau. De hecho, si bien cada época de la historia de la humanidad tiene sus particularidades, el pacto social – ya sea explícito o tácito- no es más que un instrumento que intenta velar por la disputa eterna entre el bien colectivo y el bien individual (lo cual no significa que sea equitativo, pues en la ecuación concurre el factor poder), y que se sustenta en unos valores que evoluciona con el desarrollo del propio ser humano como especie.

En la actualidad, la lucha entre el bien colectivo y el bien individual se traduce en la búsqueda del equilibrio entre el sector público y el sector privado, representados por el Estado (y especialmente por el poder legislativo) y el Mercado, respectivamente. Tanto es así que convivimos en una realidad (al menos en Europa) que podríamos calificar de esquizofrénica, debido a la tensa relación coexistente entre un modelo de Estado basado en el Derecho y el Bienestar Social y un Mercado de libre competencia. Todo un equilibrio de opuestos.

No obstante, por mucho que tendamos a alcanzar el punto medio como virtud, com dirían los clásicos romanos (in medio virtus), la consecución del equilibrio es una falacia solo sostenida en teoría sobre el papel. Y a nadie se le escapa que, en pleno siglo XXI, la balanza no solo se decanta hacia el Mercado de libre competencia, sino que incluso éste marca las pautas y el ritmo del propio Estado. Tanto es así que en los tiempos que vivimos ya no existen políticas alternativas multicolores, sino políticas posibles fehacientes. Pero, ¿posibles en qué contexto?, pues en ningún otro contexto más allá de aquel que viene definido por el Mercado.

La respuesta al poder del Mercado reside tanto en su papel de motor de la evolución de la humanidad, mediante la innovación continua de productos y servicios en un entorno altamente competitivo, como en su capacidad de generar la economía productiva necesaria para sostener el gasto de los Estados de Derecho y Bienestar Social. O dicho de otra manera, el sector privado mantiene al sector público.

Por otro lado, cabe apuntar que mientras que el dinamismo del Mercado le ha permitido alcanzar altas cuotas de desarrollo orgánico y funcional (ya estamos en la cuarta era de la revolución industrial, la era de la inteligencia artificial con aplicaciones en todos los aspectos de la vida diaria de las personas), la práctica parálisis de la evolución del Estado, como gerente de la res publica, le situa en parámetros de desarrollo y vicios equiparables a los del siglo pasado.

Así pues, si los poderes ejecutivo (Gobierno) y legislativo (Cortes Generales) solo pueden aplicar políticas posibles dentro de la lógica de funcionamiento del Mercado, que es quien lleva las riendas de la evolución humana, ¿necesitamos a los políticos para velar por el bien colectivo?. ¿Podemos sustituir la gestión política actual por otro modelo de gestión más eficaz y equitativo basado en el análisis avanzado de multivectores sociales clave con capacidad de resolver necesidades colectivas de la manera más óptima posible?. Por supuesto que sí, sobre la base de una predefinición de lo que entendemos por bien colectivo a la luz de la tradición humanista. Con ello nos ahorraríamos incurrir en escenas, de rabiosa actualidad, protagonizadas por personas incapacitadas -por defecto, vicio moral, malintencionadas o partidistas- cuya gestión atenta directamente a los intereses colectivos de los ciudadanos. Aunque ello no podría excluir de manera absoluta la intervención humana -pero sí reducirla sustancialmente- que es, en última instancia, quien deberá velar por insuflar el espíritu humano en la gestión pública y actualizar los parámetros de definición del bien colectivo a proteger en sintonía con la evolución del conjunto de la sociedad.

Va siendo hora, en plena era digital en entornos de sistemas inteligentes, que actualicemos los puestos políticos de poco o nulo valor añadido para maximizar la eficacia de los procesos de gestión pública. Quizás así seamos capaces de acercarnos al modelo platónico de la res publica como un ejercicio ético del bien colectivo en un tiempo, como el actual, donde las sociedades evolucionan a velocidad de la luz gracias a la revolución del conocimiento que capitanea un Mercado en continua disrupción.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano