miércoles, 30 de mayo de 2018

Urge alinear directrices-recursos-metodología para ser competitivos como país


Cada vez que asisto a una reunión de trabajo sectorial al amparo de la Administración Pública tengo la misma sensación tras la exposición de planes, informes o estudios realizados por parte de los técnicos correspondientes: ¡qué manera tan infructífera de gastar recursos!, a no ser que el objetivo final no sea otro que el de justificar el expediente por parte de aquellos que viven del erario público. Y no es porque las reuniones de trabajo sectoriales de corte institucional no sean interesantes, sino porque la traslación y ejecución de sus propuestas al conjunto de la sociedad parecen, como menos, inocentes quimeras por la naturaleza kafkiana de la estructura misma en la que se articula nuestro país como Estado.

Lo cierto es que en un mundo globalizado que evoluciona a un ritmo vertiginoso, las herramientas y métodos que utiliza una sociedad para el desarrollo de su competitividad socio-económica deberían ser razón de Estado (1), pues lo contrario, como acontece, se reduce a la dispersión de energías de recursos y la incapacidad de ejecutar los planes estratégicos clave en la compleja realidad público-privada del tejido social. Demasiados caminos que convergen, redistribuyen y divergen de sí mismos en un mismo bosque que hacen perder el rumbo y desmotivan al más pintado.

La eficacia en el desarrollo de políticas competitivas que rentabilice los múltiples esfuerzos público-privados que genera nuestra sociedad, rica en inquietudes y abundante en talento y propuestas innovadoras, pasa por alinear directrices con recursos y con metodología de aplicación:

1.-Directrices: Cohesión de organismo director
Frente a múltiples centros de opinión y decisión existentes en un sector socio-económico cualquiera, se requiere de un organismo director que agrupe dicha diversidad con eficiencia y cohesione las directrices de desarrollo para asegurar una óptima eficacia de resultados.

2-Recursos: Concentración de recursos económicos
La búsqueda de resultados eficaces en el desarrollo de directrices cohesionadas que marquen la pauta evolutiva de un sector socio-económico requiere, asimismo, de la adecuada concentración de recursos económicos que asegure la efectividad de las políticas marcadas.

3-Metodología de Aplicación: Control de la gestión social
Pero no hay directrices y recursos efectivos (qué se hace y cómo se hace), sin una gestión de control de las políticas implementadas socialmente bajo parámetros de medidores de resultados (Dirección Por Objetivos). Pues sin control de metas en la vida del desarrollo de las directrices ejecutadas no hay margen para las acciones de corrección necesarias para asegurar la consecución de los objetivos definidos.

Un claro exponente de la alineación directrices-recursos-metodología lo encontramos en el sistema educativo de Formación Profesional (FP) de Holanda, país que desde hace cinco años ha pasado de 900 centros de FP a 50 en una clara apuesta de reestructuración y revalorización de la formación técnica de calidad, creando macro campus educativos de FP de 10.000 alumnos cada uno. Lo que le permite, entre otros factores, cohesionar directrices en política educativa (en consenso con los agentes socio-económicos privados), concentrar recursos económicos que maximizan la calidad de la oferta educativa, y controlar el método de gestión social (basado en la formación dual entre escuela y empresa) con un alto nivel de impacto socio-económico en las zonas de influencia de los centros de FP.

Está claro que la alineación de los vectores directrices-recursos-metodología se basa en el principio de la Navaja de Ockham sobre economía (búsqueda de la simplicidad de recursos), y en el principio de economía de escala (reducción de los costes unitarios en relación directa con el aumento del tamaño de la inversión), principios difíciles de aplicar en un Estado como el español con una estructura pública profundamente cuarteada y con múltiples minifundios para cada uno de los diversos niveles de parcelas administrativas. Hasta que no seamos capaces de substituir (culturalmente) el principio actual de crecimiento y engorde per se como objetivo último de la Administración (y de sus beneficiarios) por el principio deseable de la competitividad social, estaremos muy lejos de poder alcanzar cualquier intento realista de alinear los factores claves para el desarrollo de políticas eficientes (cómo), eficaces (qué) y efectivas (cómo y qué), quedando relegados como país a los puestos menos atractivos del ránking de competitividad mundial (2), lo que afecta de manera directa al nivel de calidad de vida presente y futuro de nuestros habitantes.


(1) Un claro ejemplo de eficacia en políticas de desarrollo es China, un país que en tan solo 30 años ha pasado de un estatus de pobreza a la inminente primera potencial mundial económica.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano