miércoles, 16 de mayo de 2018

La revolución del Talento como materia prima en la era de las Ciudades-Estado


Por primera vez en la historia de la humanidad, desde el año 2014, más de la mitad de la población de todo el planeta (54%) se concentra en las ciudades, las cuales a su vez producen más del 80% del PIB mundial, habiendo ciudades como Tokio o New York cuyo PIB supera al de países enteros como España o Canadá. Si a ello le sumamos la inminente transformación profunda que se va a producir en el mundo rural a favor de los avanzadísimos desarrollos en comida producida tecnológicamente en las ciudades, a través de las nuevas ciencias de la bioimpesión (alimentos personalizados por ordenadores), las computadoras de alimentos (ordenadores que “cultivan alimentos”), y la carne “limpia” o in vitro (carne que crece en laboratorios a partir de células animales, sin necesidad de sacrificar seres vivos) -cuyo objetivo es substituir a la industria cárnica: el mayor contribuyente del mundo en emisiones de dióxido de carbono, desforestación y consumo masivo de agua-, nos da como resultado una combinación de factores que nos obliga plantearnos una pregunta triple: ¿qué papel futuro van a jugar los Estados respecto a las grandes ciudades?, ¿cuál va a ser el rol del mundo rural en el nuevo horizonte?, y ¿qué materia prima va ha fundamentar el desarrollo económico en esta nueva historia de la humanidad?.

La nueva Era de las Ciudades-Estado

Lo que parece indiscutible, según todos los indicadores económicos globales, es que hemos entrado en una era donde la humanidad se vertebra -desde una perspectiva de desarrollo evolutivo como especie- a través de las grandes ciudades del planeta, rememorando las antiguas ciudades-estado de la Grecia Clásica, cuna de la civilización occidental. Pero, en este papel protagonista de las ciudades como dinamizadores de nuestra evolución, ¿cuál es el futuro previsible de los Estados mismos y del denominado mundo rural?.

En la acutalidad nos encontramos con la paradoja de la existencia de un organismo mundial que agrupa a los países con mayor peso económico del mundo conocido como el G7, que en teoría determina las directrices para el funcionamiento del conjunto del planeta, en el cual se encuentra por ejemplo Canadá, y en cambio Tokio (con mayor PIB, como ya hemos apuntado) no es miembro por ser una ciudad. Aunque todos sabemos, a estas alturas, que el G7 está obsoleto y debe ser reestructurado, pues entre sus miembros tampoco se encuentra China como Estado, la inminente primera potencia económica a nivel mundial, con ciudades tan importantes como Shangai y Beijing cuyo PIB conjunto también supera por goleada al PIB de países como Canadá o de España (la cuarta potencia de la UE), y cuya población supera asimismo a la suma de habitantes de los países miembros de la UE y EEUU juntos.

Pero una cosa es el desarrollo económico y otro muy diferente el desarrollo político de identidades colectivas con historia cultural propia, por lo que es previsible que los Estados, si bien van a tener que adecuarse al papel relevante de las denominadas Ciudades-Estado a partir de este siglo XXI, no van a desaparecer. Pues si bien la economía transforma el mundo, la política lo organiza, y no existe política -aun en un mundo global- sin reafirmación de una identidad cultural singular. Por otro lado, no hay que obviar que la existencia de las grandes ciudades no puede concebirse sin el amparo y fomento del Estado al que pertenecen. Ya que el todo es mayor que la suma sus partes, como bien decía Aristóteles.

El mundo rural: ¿una futura reserva natural para los animales de granja?

Otro escenario muy diferente se presenta para el mundo rural, cuya desertización poblacional y devaluación económica va ha obligarlo a redefinir su papel social y de participación productiva en el mundo. Quizás el principio de respecto por el medio natural (paisaje y conjunto de seres vivos) encuentre su máxima expresión en el mundo rural del futuro, convirtiéndose éste en un espacio de protección de la naturaleza en convivencia armónica con el desarrollo tecnológico de un ser humano evolucionado en su tecnológico hábitat urbano. En otras palabras, de igual manera que existen en la actualidad reservas naturales para animales salvajes, no resulta descabellado imaginar reservas naturales, en lo que hoy conocemos como mundo rural, para animales actualmente de granja frente a la revolución que va a suponer para el conjunto de la sociedad de consumo la comida producida tecnológicamente (es decir, exenta de sacrificios animales). Lo que convertiría al mundo rural, en el sentido más amplio del concepto y de su previsible proyección de futuro, de ser un sector económico primario a ser un sector económico terciario o de servicios, y más concretamente del subsector ocio, cultura y/o turismo. (Mundo rural de extracción de recursos naturales a parte).

El talento, la materia prima de la actual revolución industrial

Y en todo este escenario, propio de una cuarta era industrial emergente y aun por desarrollar, ¿cuál es la materia prima (independientemente a las fuentes de energía y maquinarias correspondientes) que sustenta el nuevo desarrollo económico?. Si bien todos sabemos que el carbón y el petroleo fueron las materias primas de la primera revolución industrial (1760-1830), las materias químicas como el plástico y los tejidos sintéticos representaron las materias primas de la segunda revolución industrial (1870-1914), y materias fruto de la innovación, más ligeras y resistentes como la fibra óptica, la fibra de vidrio, nuevas cerámicas, etc, fueron las materias primas de la tercera revolución industrial (1945-2011), la materia prima del actual modelo de desarrollo económico de la sociedad global -fundamentada en la gestión del conocimiento- no es otro que el talento. Pues no existe economía productiva moderna sin competitividad, ni competitividad sin valor añadido (innovación) en productos y servicios, ni innovación sin la mediación del talento.

Es por ello que podemos afirmar, a modo de conclusión en esta breve reflexión, que la humanidad está evolucionando como especie gracias a la fuerza dinamizadora de las nuevas Ciudades-Estado de claro perfil tecnológico, las cuales requieren como materia prima el talento para su desarrollo, que adquieren bien generándolo, bien atraiéndolo (pues el talento se desplaza allí donde existan ecosistemas propicios), con claras y decididas políticas activas a favor de la innovación. Para el resto de ciudades y estados que no se alineen con esta tendencia quedarán relegados como zonas subdesarrolladas del planeta. Más que tiempo al tiempo, en un mundo en un acelerado cambio y transformación continuo: tempus fugit!



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano