martes, 1 de mayo de 2018

Hemos invertido la Pirámide de Maslow: Autorrealización por delante de necesidades básicas


En estos tiempos de cambios sociales convulsos, a la hora de establecer un orden en las necesidades humanas acudimos -por defecto del sistema educativo- a la jerarquía piramidal de necesidades creada por el psicólogo humanista norteamericano Abraham Maslow en su obra “Una teoría sobre la motivación humana” de 1943. La famosa Pirámide de Maslow establece, como es bien conocido por todos, cinco grandes niveles de necesidades que el ser humano cubre en su experiencia vital personal de manera secuencialmente cronológica: necesidades básicas, seguridad, afiliación, reconocimiento, y autorrealización. Una teoría que no solo ha establecido cátedra en el mundo de la sociología y la gestión empresarial de los recursos humanos, sino que incluso se concibe como un credo irrefutable. No obstante, 75 años de historia después de su concepción, desde la observación de una era industrial diferente e incluso desde la vivencia pragmática de un siglo diferente sobresaturado de nuevos retos, ¿podemos considerar como válida la jerarquía de necesidades humanas establecidas por Maslow?. Personalmente considero que no.

En la actualidad existe un supuesto sociológico que no solo no cumple con la estructura de jerarquización de la Pirámide de Maslow, sino que incluso la invierte y la reordena, me refiero a la tendencia de cobertura de necesidades humanas priorizado por el colectivo social afectado por la crisis económica que vivimos. Una época de crisis económica que,por otro lado, cabe recordar que perdura desde hace más de una década en el mundo occidental. La diferencia sustancial de dicho colectivo afectado por una cansina larga crisis (más incisiva en unos sectores más vulnerables socialmente que en otros) respecto al modelo de comportamiento esstablecido por Maslow es que, en vez de procurarse la cobertura de las necesidades básicas como primer nivel de necesidad jerárquico, buscamos la autorealización personal como prioridad vital.

Una de las razones de la inversión de la pirámide radica justamente en causas histórico económicas y sociales. Si bien Maslow concibe su teoría en 1943, en plena segunda guerra mundial, en un contexto caracterizado por la práctica inexistencia de derechos sociales para los ciudadanos más desfavorecidos, en la actualidad gozamos de las prestaciones universales propias de un Estado de Bienestar Social cuyo modelo de organización política nace en Europa tras la segunda guerra mundial. Ello significa que el nivel de desprotección social de los colectivos más vulnerables en situación de crisis económica no es comparable con otras épocas de la humanidad (aunque sea a costa de las prestaciones públicas por pensiones de los más mayores), hecho que se ve reforzado emocionalmente con la percepción colectiva de abundancia de oferta de productos y servicios.

Una segunda razón en la inversión de prioridades de la pirámide de Maslow debemos encontrarla en el cambio de rumbo de filosofía existencial que ha tomado la sociedad en su conjunto, bajo el determinismo directo de un potente engranaje de economía de libre mercado que no solo ha instaurado una sociedad de consumo impulsiva sino que ha conseguido imponer una nueva religión de corte hedonista donde la búsqueda de la felicidad personal es el leitmotiv de la motivación humana. Ahora ya no es tan importante vivir a cualquier precio como conseguir dar sentido a la vida misma en un mundo aceleradamente impermanente.

Mientras que una tercera razón en la transmutación de prioridades de la jerarquización de las necesidades humanas de nuestra sociedad la encontramos en la larga duración del periodo de crisis económica en el que vivimos, donde los colectivos más desfavorecidos socialmente han visto como progresivamente la brecha entre clases sociales se hacía mayor ante la impotencia (o mejor dicho incompetencia) de las administraciones públicas frente a los dictámenes del Mercado global, haciendo inviable la consecución de la cobertura de los niveles de necesidades de seguridad, afiliación y reconocimiento por la ausencia del ejercicio del derecho del principio de oportunidad. A mayor brecha social entre beneficiarios de prestaciones sociales (con fecha de caducidad) y de rentas del trabajo irrisorias, respecto a beneficiarios de renta de capital, menores oportunidades para las clases sociales bajas (inclusive las extintas clases medias, las cuales mantienen su orgullo de clase propia de antaño de manera semejante a los nobles que exhiben sus títulos familiares aun despojados de todo patrimonio).

Sí, la Pirámide de Maslow, en el contexto social contemporáneo, se ha derrumbado por la feroz erosión de la propia historia que no solo se reinventa a sí misma de manera vertiginosa, sino que reinventa al mismo ser humano. De la pirámide solo nos queda los vestigios aún en pié, aunque invertidos, de su naturaleza polarizada: autorrealización y necesidades básicas. Y de manera diseminada a su alrededor, y sin más patrón que el que determina cada observador, el resto de niveles de necesidades: seguridad, afiliación y reconocimiento. El humanismo, en la actualidad, resiste por respiración asistida.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano