sábado, 28 de abril de 2018

Justicia y Consciencia: una relación complicada de conjugar


Que no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros, es una máxima que constatamos a diario. De lo que se deduce que el mundo exterior es relativo en tanto y cuanto está sujeto a nuestra percepción subjetiva de la realidad. De hecho, lo que es justo para unos es injusto para otros y a la inversa, una controversia que socialmente se intenta zanjar mediante el uso de la aplicación de los diversos ordenamientos jurídicos de cada país, no por ello exentos de crítica, cuyas normativas legales siempre van detrás de las necesidades y reclamaciones sociales. Pues el ser humano no puede más que legislar a posteriori en un mundo en continuo cambio y transformación.

Pero lo que personalmente me interesa, legislación a parte, es el por qué ante un hecho concreto y singular dos o más personas pueden diferir sobre su concepto de circunstancia justa o injusta. En una primera respuesta, a voz de pronto, la solución la podemos encontrar en la posibilidad de ángulos diferentes en que los observadores se sitúan en relación a una misma circunstancia o hecho observable. Y, en una segunda respuesta, un poco más reflexiva, podemos incluso aludir a las posibles injerencias de estados de opinión diferentes y externas a las que se ven influenciados dichos observadores por parte de terceras personas ajenas a una observación directa de dicha circunstancia o hecho.

No obstante, imaginemos un caso en que dos personas observan una circunstancia o hecho desde un mismo ángulo y exentas de determinismos de opinión por parte de terceras personas, en la que una llega a la conclusión de que aquello que observa es justo, mientras que la otra considera que es injusto. La respuesta a la diferencia de percepción de justicia de la circunstancia o hecho observable debemos encontrarlo en la diferencia de conciencia de ambos observadores. Es decir, algo resulta justo o injusto dependiendo del nivel de conciencia personal de cada cual.

Y aquí llegamos al punto donde la reflexión se pone interesante. ¿Cómo sabemos que un observador se encuentra en un nivel de conciencia óptimo para observar, y por tanto enjuiciar una circunstancia o hecho, de manera objetiva? (Entendiendo la observación objetiva como aquella que se aproxima lo más posible a la esencia de realidad de lo observable) ¿Cómo saber si alguien es consciente o inconsciente ante un punto de interés observable? ¿Cómo concluir ya no solo si un observador es maduro o inmaduro a nivel de conciencia personal, sino incluso deducir qué nivel de conciencia tiene?.

Hay quienes consideran, como sostiene una catedrática de filosofía moral y política que escuché recientemente en una conferencia sobre ética y política en tiempos de cambio, que la consciencia personal, base para el ejercicio y desarrollo de la libertad individual (y por extensión para el ejercicio de los derechos individuales), se limita al ámbito de la responsabilidad. Una tesis que no comparto en absoluto, pues la historia de la humanidad nos demuestra, a golpe de rabiosa actualidad, que se puede actuar con responsabilidad a espaldas de ser conscientes realmente de lo que hacemos. Justamente, por los diversos niveles de desarrollo de conciencia que tiene cada ser humano en un momento concreto de su existencia (por determinismos biológicos, culturales/ambientales, y psicológicos)

Así pues, volviendo al hilo de cómo discernir si una persona actúa con conciencia o no ante un hecho o circunstancia concreta, y siendo consciente del carácter de indefinibilidad de la conciencia per se, me voy a atrever a describir sinópticamente los tres grandes estadios de la conciencia de todo observador posible:

I.-Estado de Carencia de Conciencia: Aquella que no percibe los rasgos más característicos de la materia observada, actuando frente a la misma desde la indiferencia o la falta de respeto, con una nula o escasa capacidad cognitiva y de desarrollo de Inteligencia Emocional.

II.-Estado de Bajo Nivel de Conciencia: Aquella que aún percibiendo los rasgos más característicos de la materia observada no alcanza al conocimiento de su esencia, actuando frente a la misma desde una posición egoísta y etnocentrista, alejada de los valores universales que como principios de comportamiento humanista nos permiten realizarnos como personas, con una escasa o alta capacidad cognitiva y un nulo escaso desarrollo de Inteligencia Emocional.

III.-Estado de Alto Nivel de Conciencia: Aquella que percibe tanto los rasgos más característicos de la materia observada como el conocimiento de su esencia, actuando frente a la misma desde una posición de respeto y búsqueda del bien común, en sintonía con los valores universales que como principios de comportamiento humanista nos permiten realizarnos como personas, y con una alta capacidad cognitiva y de desarrollo de Inteligencia Emocional.

No cabe decir que los diferentes estadios de conciencia son íntimamente dependientes de una óptima gestión del conocimiento (recibido y autotrabajado), de las experiencias vitales de cada persona, y de la capacidad psicológica individual de síntesis de éstas últimas (conocimiento + experiencia). Tres factores claves del desarrollo de la conciencia personal que, al contar con el vector temporal, posibilitan que una misma persona en momentos diferentes de su vida pueda manifestar uno u otro estadio de conciencia. Es decir, que la conciencia no es un rasgo genético, sino una potencialidad del ser humano de relacionarse consigo mismo y frente al mundo que le rodea que puede desarrollarse a lo largo de la vida.

Por otro lado, y a la luz de lo expuesto, cabe apuntar que no hay mejor manera de conocer en qué estadio de conciencia se encuentra una persona que a través de sus actos en relación con una circunstancia o hecho objeto de observación y/o interacción. Y que debemos ser conscientes que la relación entre dos o más personas con estadios de conciencia diferentes solo puede llevar a la falta de entendimiento (y a la confrontación), pues donde uno percibe justicia, el otro percibe injusticia. Frente a diferentes tipos de conciencia, diferentes concepciones de Justicia. Y en un mundo donde la Justicia es ciega, mal nos pese, el rey es el tuerto (que en su picardía hace de la ley de todos las trampas para algunos).



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano