lunes, 12 de marzo de 2018

Y tú, ¿tienes libre albedrío?


Muchos son los que afirman tener libertad individual, pero realmente muy pocos la tienen. A lo que llaman libertad no es más que el sentimiento de ilusión de un número limitado de opciones predeterminadas por el entorno socio-cultural en el que se desarrollan como personas, donde las fronteras de movimiento no por ser invisibles son menos reales. Pero no me refiero a la libertad individual como un ejercicio de libertad de movimiento espacio-temporal stricto sensu, sino a la libertad individual que requiere reflexión y elección consciente, lo que conocemos como libre albedrío.

Como bien dicen los antropólogos, el ser humano es un producto cultural en el momento incluso anterior a su propia concepción, ya que depende del entorno cultural en el que nacemos entenderemos, valoraremos y juzgaremos nuestra realidad más inmediata y asimismo el resto del mundo de una manera diferente a aquella persona que haya nacido en un entorno cultural diferente. Es por ello que nuestro Yo Mental que interacciona racionalmente con el mundo se construye a través del Yo Mental de los otros (padres, escuela, amigos, pareja, medios de comunicación, etc), que son quienes nos marcan (y programan) los parámetros de referencia de descodificación de la experiencia que llamamos vivir. Así pues, si mi Yo Mental es, en definitiva, el Yo Mental de los otros, ¿puedo afirmar que vivo desde la libertad individual? A todas luces la respuesta es negativa, pues no estamos más que replicando las pautas de enjuiciamiento racional definidas por terceros. Llegados a este punto, parece que nos hayamos en vía muerta.

Pero el ser humano es mucho más que la cultura (o el determinismo cosmológico en el que se ha formado como persona), pues tenemos la capacidad de transgredir los límites culturales para crear una nueva versión de entender y enjuiciar la realidad que vivimos. Ya que si bien el ser humano está determinado por su biología (herencia genética) y su cultura (entorno en el que se desarrolla), cuenta con un tercer determinismo de carácter individual e intransferible: el psicológico, que nos permite recodificar el mundo en el que vivimos a través de la propia experiencia personal de vida. Un determinismo psicológico que, no obstante, para alcanzar la libertad individual entendida como libre albedrío requiere de una actitud activa por nuestra parte fundamentada en el pensamiento crítico, una acción cognitiva de análisis y evaluación reflexiva que nos abre la puerta a la consciencia personal de mi Yo Mental diferenciado del Yo Mental de los otros. En otras palabras, sin la activación del pensamiento crítico la variable psicológica personal continúa subyugada al determinismo psicológico de los otros, donde no hay cabida para la manifestación del libre albedrío.

Cabe subrayar, además, que el pensamiento crítico como medio para desarrollar una consciencia individual e intransferible que nos permite vivir con la facultad adquirida del libre albedrío, no se limita al ejercicio de una acción, sino que comporta una actitud aprehendida que es la reflexiva. Pero no solo de reflexión sobre los procesos causísticos de aquello que se manifiesta en el mundo exterior -dimensión interpersonal-, sino principalmente de la causística de nuestra relación personal (mundo interior) con ese mundo exterior -dimensión intrapersonal- que nos toca vivir. He aquí el gran talón de Aquiles del libre albedrío en una sociedad excesivamente dada a vivir las 24 horas del día de puertas hacia afuera de nuestro yo íntimo y personal, generando personas que viven su existencia repartida y diseminada en múltiples focos de atención exterior, lo que les impide tener un espacio y un tiempo de encuentro consigo mismos -principio básico de la autoreflexión-, y por tanto incapacitados para saber quiénes son realmente como personas en cada uno de los diferentes momentos existenciales del flujo en continuo cambio y transformación de su propia vida. Y, ¿si no sabemos quiénes somos, cómo vamos a decidir libremente en consciencia?.

Por otro lado, y para finalizar esta breve reflexión, es necesario apuntar que todo proceso de autoreflexión conduce a su vez a un autoconocimiento de nuestro mundo emocional, ya que los seres humanos no solo somos mente (mundo mental), sino también y sobre todo corazón (mundo emocional). Y que no existe libre albedrío sin la plena consciencia personal de ambas dimensiones indivisibles del ser humano: mundo mental y mundo emocional, pues lo que pensamos y sentimos son dos caras de una misma moneda que determinan nuestra manera de ver, entender y enjuiciar el mundo y, asimismo, de actuar en relación con el mismo. Por lo que el estadio del libre albedrío es un camino de evolución y madurez personal al reencuentro de nosotros mismos, con independencia de la dirección que -conscientemente- decidamos coger en cada momento en relación a los retos que nos depara la vida. Siendo la máxima aspiración del espíritu del libre albedrío el relacionarnos con nosotros mismos y en relación al resto del mundo desde la fidelidad a nuestro Yo verdadero, una actitud vital denominada Autoridad Interna.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano