domingo, 18 de marzo de 2018

Admitámoslo, como el agua y el aceite, hay culturas que no se integran

Foto: uca Piergiovanni / EFE
Hace un par de días, mientras trabajaba en mi escritorio, seguía a tiempo real a través de la televisión un disturbio callejero que tenía como protagonista a la comunidad mantera senegalesa y como efectos secundarios varios desperfectos en la vía pública (quema de contenedores, daños contra el material urbano, destrozos a motocicletas y vehículos privados estacionados, etc.). Un acontecimiento que refleja, una vez más, la falta de integración de ciertos colectivos inmigrantes en nuestra sociedad.

Cuando hablamos de inmigración, es decir, de personas venidas de otras partes del planeta, debemos entender que nos estamos refiriendo a culturas diferentes a la nuestra. Y que la cultura es, justamente, el sentido de identidad con la que una persona se reafirma consigo misma y con los demás en un mundo diverso (y más, cuando se haya fuera de su hábitat natural). La cultura no es baladí, pues es la programación que nos permite ver, entender y juzgar de manera singular -como seres cognitivos- la realidad más inmediata que nos toca vivir. Una manera concreta de codificar y descodificar la realidad diferente, a su vez, de otra persona con una cultura distinta. En otras palabras: uno, hay tantos tipos de naturaleza diferentes de cultura como grupos sociales existen, ergo hay tantas maneras diferentes de racionalizar el mundo como culturas lo observan. Y dos, el ser humano es un producto cultural incluso en el momento anterior a su propia concepción, por lo que la cultura, junto a la genética y la capacidad psicológica personal, es uno de los tres grandes determinismos que conforman los rasgos de personalidad de un ser humano.

Asimismo, cuando hablamos de integración de la inmigración debemos partir de la base que nos referimos a la posibilidad de integrar un tipo de naturaleza concreta externa en el marco de la lógica organizativa y funcional de nuestra naturaleza cultural que, por ser propia, es a su vez concreta y diferente. En este punto, debemos destacar tres principios básicos:

1.-La integración total, en el mundo de las diferencias culturales, es una entelequia, por lo que solo podemos esperar la generación de espacios comunes, tal cual nos ilustra la teoría matemática de los espacios tangentes.

El problema radica cuando no se promueven, desde un punto de vista sociológico, la creación de dichos espacios comunes -muchas veces por conflicto directo con el marco legal-, lo que desemboca en la creación de espacios sociales paralelos que generan guetos de marginalidad, representando verdaderos campos de cultivo potencial para el conflicto social

2.-El conocimiento y entendimiento de cada tipo diferente de naturaleza cultural solo puede hacerse desde el conocimiento y entendimiento de la misma, y no desde el enfoque de un tamiz cultural externo: el nuestro (lo que se denomina etnocentrismo).

Y aun así, el comportamiento más extenso y comúnmente aceptado por nuestra sociedad es, no solo entender la naturaleza cultural ajena desde nuestro tamiz cultural, sino incluso concebirla bajo la perspectiva de una cosmología idéntica a la nuestra. He aquí el principio del fracaso de cualquier política social de integración.

Y, 3.-Al existir una variedad de naturalezas culturales diferentes siempre encontraremos unas más próximas que otras en referencia al perfil de nuestra propia naturaleza cultural, lo cual representa un factor clave en el proceso de validez de integración de las mismas.

En este sentido, en un mundo global, el nivel de desarrollo socio-económico -en términos de Estado de Bienestar Social- de las diversas naturalezas culturales externas a la nuestra representa un vector tangente relevante que posibilita la integración de culturas diferentes (Debemos ser conscientes, en este sentido, que existen culturas diferentes a la nuestra que en su sociedad de origen se hayan mentalmente en nuestro pasado siglo XV). Es por ello que, aunque las naturalezas culturales china o senegalesa -por poner un ejemplo- sean muy diferentes a las nuestras, la integración social (creación de espacios tangentes) con la cultura china es mucho más factible que con la senegalesa. En el caso de España y China, ambas sociedades de culturas diferentes comparten un mismo nivel de desarrollo común (en este caso, la lógica de una economía de mercado propia de la 4rta Era de la Revolución Industrial).

Es por ello que debemos admitir, a la luz de los tres axiomas anteriormente expuestos, que hay culturas que por naturaleza (y en su punto singular de desarrollo social) no cumplen con las características óptimas para su integración. Y que pretender lo contrario resulta tan inviable como intentar mezclar agua y aceite.

La falta de realismo de estos principios básicos en las políticas de integración de culturas de naturaleza diferente -inmigración-, junto a una negación de los límites de nuestros propios recursos económicos como Estado (en un país donde las prestaciones sociales no cubren las necesidades de colectivos tan diversos como los jubilados, los parados de larga duración, o las necesidades educativas y sanitarias, por poner algunos ejemplos de rabiosa actualidad), sumado a una política buenista de extensión del principio de igualdad de derechos para todos (equiparando de manera genérica nacionales e inmigrantes), solo conduce a la frustración para cualquier tipo de persona que no se sienta integrada y, por extensión, no perciba el disfrute de los beneficios del sistema. Y ya estamos constatando como la evolución natural de la frustración social mal gestionada no es otra que el estadio de la rabia social, que siempre acaba manifestándose de manera violenta.

Gestionemos nuestra cada vez mayor compleja realidad social, sí. Desde el respeto a los derechos humanos, por supuesto. Pero desde la realidad y no desde la utopía. Y sin dejación de funciones por falta de diligencia, inconsciencia o un concepto distorsionado de complejo de inferioridad democrática, pues en caso contrario continuaremos sembrando fracasos sociales para propios y ajenos desde unas expectativas sociales irrealizables por inviables en su concepción. Fiat lux!

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano