lunes, 19 de febrero de 2018

Hoy Leonardo da Vinci no sería contratado por las empresas de selección laboral

Autoretrato, 1513

Me imagino, hoy en día, a un técnico de selección de personal recibiendo el currículum de Leonardo da Vinci como postulante para una oferta de trabajo publicada en Linkedin, Infojobs, o mediante un portal de renombre de headhunting cualquiera. Su desconcierto sería superlativo al leer que Da Vinci tiene experencia como pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Tras el asombro inicial, aunque la oferta laboral se circunscribiera a alguna de estas actividades profesionales, el técnico de recursos humanos rechazaría la candidatura de Leonardo da Vinci por “disperso”. Y lo mismo sucedería si, con suerte, da Vinci consiguiera superar el filtro de los emails y plataformas web y accediera a una entrevista de trabajo personal (no virtual). Tras la entrevista, amena y cordial eso sí, el entrevistador concluiría con el mismo dictamen: -No lo tiene fácil. Su problema es que tiene un currículum disperso. Y tras una pausa, proseguiría: -Eso sin contar que su edad, que ya pasa de los cuarenta, es un claro inconveniente.

Sí, en plena Cuarta Era de la Revolución Industrial marcada por la robótica y la Inteligencia Artificial, el hombre renacentista ha muerto por falta de encaje en la sociedad de mercado actual. En estos tiempos, un polímata como Leonardo da Vinci está descalificado (y descatalogado) bajo los parámetros de la especialización profesional. Unos parámetros erróneamente establecidos por las coordenadas de monoactividad laboral y sostenibilidad temporal de dicha exclusividad, cuyo principio limita el potencial de la naturaleza del ser humano. Por lo que cualquier realidad humana que no pueda catalogarse bajo una sola definición profesional se considera una propuesta dispersa y, por tanto, sin encaje verificable apriorísticamente.

Dejando de lado la excepcional genialidad de Leonardo da Vinci, lo cierto es que existen personas monoactivas y personas poliactivas. Las primeras se caracterizan porque se desarrollan y especializan en una sola actividad como hilo conductor a lo largo de su vida, con independencia de las variables que pueda mostrar su sector profesional. Mientras que las segundas se caracterizan porque se desarrollan y especializan en más de una actividad a lo largo de su vida, abarcando diversos sectores profesionales. Y son los diferentes tiempos de la humanidad quienes premian uno u otro tipo de persona, pues si bien los poliactivos estaban altamente considerados en el Renacimiento (XV) o la Ilustración (XVIII), son ahora los monoactivos los que están revalorizados en este siglo XXI de marcado carácter tecnológico. Con toda probabilidad, el cambio de consideración en la valorización profesional de una persona encuentre su causa raíz en la primera Revolución Industrial, a partir de la cual hemos asumido socialmente como modelo de ideal profesional el arquetipo robótico como productor especializado de una tarea concreta, en detrimento de las propias capacidades humanistas del ser humano. En otras palabras, no solo vamos camino de construir una sociedad robotizada, sino que nos empeñamos en robotizar a los trabajadores, entendiendo robotización como el desempeño especializado de una actividad específica dentro de un engranaje económico-social al que llamamos Mercado. Fuera de ello, entramos en un espacio desconocido donde solo cabe el desconcierto, la dispersión y la descatalogación. Una percepción que, a todas luces, empobrece al conjunto de la humanidad como especie.

Retomando el ejemplo de Leonardo da Vinci, el hecho que su poliactividad pueda desconcertar al mercado de selección laboral contemporáneo, hasta el punto de descartarle como posible ofertante de un puesto de trabajo concreto, muestra una limitada capacidad por parte del sector profesional de los Recursos Humanos, y por extensión del colectivo empresarial. Ya que cuando estamos descartando a una persona poliactiva significa que no observamos conexión lógica entre las diversas actividades desarrolladas (dispersión), allí donde sí que existe. Pues, ¿qué relación puede haber, volviendo al caso de Da Vinci, entre el ingeniero y el anatomista, o entre el pintor y el inventor, o entre el urbanista y el botánico, o entre el filósofo y el científico? A primera vista se trata de actividades profesionales dispares en materia y especialización por parte de una sola persona. Desde un enfoque de competencias profesionales (trabajos) no existe conexión lógica entre sí, pero desde un enfoque de habilidades personales el patrón se muestra con toda claridad: la naturaleza común de la poliactividad del polímata renacentista reside en su habilidad de la creatividad, la habilidad de la gestión de sus inteligencias múltiples (intrapersonal, matemática-lingüística, visual-espacial, etc), la habilidad del pensamiento computacional, la habilidad del management, la habilidad de la motivación, entre otras. Un conjunto de habilidades personales (unos innatos y otros aprehendidos) que como nodos de conexión interconectados entre sí dibujan el patrón profesional potencial de la persona a lo largo de su currcículum vital. Resumiendo, la ceguera de los procesos de selección de personal actual frente a los poliactivos es que se centran en las competencias profesionales de moda, y no en las habilidades potenciales de las personas. Un hecho irónico, y de corto recorrido, si tenemos en cuenta que si algo hay de volátil en nuestra sociedad en continuo cambio y transformación es justamente las competencias profesionales (que se modifican en una media de cada cinco años).

-Sí, quizás nos falta conocimiento en materia de habilidades -Responde el técnico de selección de personal, tras haber escuchado pacientemente-. Pero aún así, Sr. Da Vinci, tiene más de 40 años y esto representa un problema. Nos guardamos su currículum y si surge una oferta que encaje con su perfil ya le llamaremos. Gracias por su interés.

En una sociedad donde se está planteando cambiar la jubilación hasta los 75 años, el tener más de 40 es una discriminación laboral negativa. Paradojas de nuestro tiempo. Quizás habrá que prejubilar a los 40 años, aunque este es tema para otra reflexión.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano