jueves, 1 de febrero de 2018

Cuando la Moral se impone a los Valores Universales la humanidad siempre pierde

“Una galería de Manchester retira un cuadro de ninfas desnudas”, con este titular la prensa internacional publica hoy la retirada de la obra pictórica “Hylas y las ninfas” de John William Waterhouse de la sala “En busca de la belleza” de la Galería de Arte de Manchester, donde se exponen pinturas del siglo XIX en las que domina el desnudo femenino. La razón de la decisión: la concepción contemporánea de proteger una posible cosificación de la mujer. Como bien apunta Teresa, mi pareja, “cualquier ideología debería respetar el marco del arte como espacio de libre expresión y desde luego tener en cuenta el momento en que fue creado para comprender su contexto”. En caso contrario, y siguiendo la política de Manchester, museos como el parisino del Louvre debería retirar desnudos femeninos con categoría de patrimonio de la humanidad como la “Hermafrodita dormida” de Bernini (1619), la “Venus de Milo” de autor griego desconocido (130-100 a.C.), o “las Tres Gracias” de Cordier (1609), por poner algunos ejemplos.

Disparates a parte, la noticia manifiesta una clara tensión entre Moral y Valores, imponiendo la moral a los valores, cuando debería ser al revés. Es decir, lo temporal que es la moral se impone en nuestros tiempos a lo atemporal de los valores universales, en un claro ejemplo de lo despistada y perdida que está nuestra sociedad en continuo cambio y distorsión del orden natural de las cosas.

La decisión de la galería de arte es, stricto sensu, una decisión moral. Pero, ¿qué es la moral?: un conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para juzgar el comportamiento humano en una sociedad, y por tanto toda moral está sujeta al contexto histórico-temporal de la sociedad en la que se desarrolla. Es decir, la naturaleza de la moral es temporal y a posteriori a la esencia de la vida humana.

No obstante, ¿cuáles son los valores rectores y estructurales que inspiran a la moral?, entendiendo valor como cualidad de un sujeto u objeto agregado a sus características que le confieren una estimación negativa o positiva, ya sea a nivel individual o social. La respuesta es: los Valores Universales, arquetipos de ideas primogénitas e innatas que constituyen la esencia de la vida humana y que permiten orientar el comportamiento de las personas como individuos, con independencia de la sociedad de cada momento, hacia niveles de trascendencia de nuestra propia especie. Es decir, la naturaleza de los valores universales es atemporal o universal y a priori a la esencia de la vida humana. Valores Universales, entre otros, son la libertad, la justicia, el amor, la bondad o la belleza.

Por tanto, en el caso prestado como ejemplo de la galería de arte, la Moral temporal se ha impuesto a un Valor Universal como la Belleza de carácter atemporal y apriorístico, cuando son los Valores Universales como ideas arquetípicas innatas del ser humano del que emana la Moral de profundo carácter social, y no al revés. Un debate objeto de estudio propio de la Ética, quien estudia el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, y sus relaciones con la Moral (emanada de los Valores Universales) y el comportamiento humano.

En este sentido, desde un enfoque filosófico de la Ética, la decisión de la galería de arte es una aberración. No obstante, ¿por qué se ha llegado a esta decisión?. Personalmente no creo que la motivación venga causada por una decisión consciente y deliberada sobre un debate entre Moral y Valores Universales, sino por una clara confusión -por desconocimiento de causa, aunque ello no exime de responsabilidad- entre el Valor Universal de la Belleza y el valor como enjuiciamiento moral de desaprobación social del concepto de cosificación de la mujer como persona. Un debate que, a todas luces, no presenta el bellísimo cuadro de “Hylas y las ninfas”.

El debate ético de la cosificación de la mujer, tan explotado por la cultura hedonista del consumismo, debe circunscribirse dentro del principio inspirador de los Valores Universales arquetípicos del Respecto y la Igualdad, y no en el de la Belleza. Un debate de rabiosa actualidad que ha llevado, coincidiendo en el tiempo con el incidente de Manchester, a la industria de Fórmula 1 a prescindir de las azafatas como parte del espectáculo por “desacuerdo con las normas sociales actuales”, y que se prevé ampliar a otras disciplinas del deporte. Una tendencia que tarde o temprano, como proceso natural de la evolución del ser humano, deberá incidir positivamente en las técnicas de marketing en su vasta expresión. Particularmente, respecto a programas televisivos se refiere, comenzaría por dignificar el contenido y continente (o sea, todo) de “Mujeres y Hombres y Viceversa”, que no solo cosifica a la mujer sino también al hombre y representa un verdadero atentado contra la moral de una sociedad saludable, constructiva y evolucionada.

Mientras tanto, el tema que nos ocupa nos pone de relieve la urgente necesidad de implantar la Ética como asignatura filosófica transversal en los centros educativos, pues sin Ética las personas somos como hormigas sin antenas, capaces de aberraciones inconscientes tales como el atentado a la Razón que supone el caso de la galería de arte de Manchester, o de la distorsión de los valores morales que exponen ciertos programas televisivos para consumo (y desarrollo) de jóvenes y adultos. Y es que si prescindimos de los Valores Universales como principios rectores inspiradores de la Moral temporal podremos continuar evolucionando como especie, sin lugar a dudas, pero perderemos la esencia de nuestra maravillosa humanidad.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano