domingo, 25 de febrero de 2018

Los tres estadios del Amor (de pareja)

Marca de Amor Valorizado de mi pareja Teresa

Estamos en una sociedad donde el amor se ha convertido en una estrategia de consumo marketiniana, aunque menos que el sexo liberal que combina a la perfección placer inmediato y excedencia de responsabilidad personal en un Mercado hedonista. Y me refiero al amor de pareja, no al amor entre padres e hijos o ascendientes, al amor que sentimos hacia animales, objetos o deidades, o a la idea de Amor como valor universal. Mucho se habla sobre éste tipo de amor, pero pocos saben definirlo y menos aún sabemos diferenciar si todos hablamos del mismo tipo de amor, aunque intuitivamente somos conscientes que para cada edad tenemos un concepto de amor distinto.

¿Qué es el Amor? De definiciones hay tantas como personas existen. Personalmente defino el Amor como un estado de conciencia determinado por factores biológicos (sexo), culturales (entorno) y psicológicos (descodificación personal de la experiencia con el entorno). Así pues, observamos que el Amor se fundamenta en la dicotomía biología-cultura, una de rango común a todos los seres humanos (derivado del instinto natural de reproducción de la especie, que hoy en día hemos sociabilizado con el hábito normalizado denominado “relaciones sexuales”), y otra de rango específico para cada una de las diferentes culturas que componemos la humanidad, donde entran en juego factores claves como la religión, la filosofía, los usos y costumbres, las tendencias sociales, etc, enmarcados en un contexto espacio-temporal singular.

Pero dentro de este complejo enjambre de concepciones sobre el Amor, podemos observar tres grandes estadios del amor de pareja:

1.-INSTINTIVO
Es aquel estadio de amor de pareja donde prima la biología sobre la razón, y está fuertemente marcado por la fuerza arrolladora de las hormonas sexuales. Se manifiesta con el despertar sexual del ser humano y puede extenderse a lo largo del resto de existencia de una persona.

2.-IDEALIZADO
Es aquel estadio de amor de pareja donde prima la biología y la cultura sobre la razón, y está fuertemente marcado por una idealización hacia la pareja y/o su entorno social (familiar, cultural, etc). En este estadio se mezcla tanto el ideal que representa la pareja dentro del mundo a ojos del enamorado/a, como lo que denomino un estado de “dependencia de piel” de claras connotaciones sexuales. En este estadio de idealización del amor de pareja se manifiesta una carencia psico-social-emocional por parte de la persona enamorada.

Los estadios Instintivo y Idealizado se pueden dar de manera conjunta o por separado y en algunas personas (tristemente mayoritarias) son los únicos estadios de amor de pareja manifestados a lo largo de su existencia.

3.-VALORIZADO
Es aquel estadio de amor de pareja donde prima la biología y la razón (entendida como valores personales identificados y reafirmados conscientemente frente al mundo) sobre la cultura. Es un estadio de madurez psicológica y emocional del enamorado/a caracterizado por la autoestima (estado de salubridad emocional) y la autoridad interna (capacidad de mostrarse frente al mundo tal y como uno es), fruto de un proceso de desarrollo y crecimiento personal. Un estadio de amor en el que la pareja elige conscientemente a la otra persona como compañero/a de vida bajo el criterio consciente y positivo de unos valores personales que permiten el desarrollo individual de las partes a la vez que el enriquecimiento conjunto de ambos. Un estadio de amor de pareja, propio de la madurez, que pocas personas alcanzan y experimentan.

En este sentido, podemos decir que tanto los estadios Instintivo como Idealizado son de naturaleza inconsciente (donde se manifiesta el apego), mientras que el estadio Valorizado es de carácter consciente (donde el apego se sustituye por libre correspondencia), entendiendo la consciencia como un estado mental cognitivo que permite a la persona reafirmar su libre albedrío sobre la base del autoconocimiento y la gestión emocional de sí mismo (fidelidad al Yo soy) en relación al entorno más inmediato que le rodea (los otros).

No quisiera finalizar la presente reflexión sin apuntar que si bien el Amor de pareja es un estado de consciencia (o inconsciencia), en el caso del Amor Valorizado éste requiere de nuestra atención para hacerlo sostenible en el tiempo, al igual que un precioso jardín necesita de cuidados continuos, siendo el enfoque y la sensibilidad personal las habilidades que permiten la atención activa para la buena salud de la relación. En caso contrario, al igual que puede suceder con el resto de estadios, la relación puede transformarse en cariño (una manifestación de afecto) o incluso indiferencia, dejando de ser un estado de consciencia de Amor. Pues el Amor, como todo en la vida, debe cuidarse cada día. Y no hay mejor receta para cuidar aquello que valoramos que tener la madurez suficiente para ser conscientes de ello y obrar en consecuencia, con independencia de lo que dicten las pseudomodas del corazón pasajeras. Yo Amo, porque he decidido amar.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

lunes, 19 de febrero de 2018

Hoy Leonardo da Vinci no sería contratado por las empresas de selección laboral

Autoretrato, 1513

Me imagino, hoy en día, a un técnico de selección de personal recibiendo el currículum de Leonardo da Vinci como postulante para una oferta de trabajo publicada en Linkedin, Infojobs, o mediante un portal de renombre de headhunting cualquiera. Su desconcierto sería superlativo al leer que Da Vinci tiene experencia como pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Tras el asombro inicial, aunque la oferta laboral se circunscribiera a alguna de estas actividades profesionales, el técnico de recursos humanos rechazaría la candidatura de Leonardo da Vinci por “disperso”. Y lo mismo sucedería si, con suerte, da Vinci consiguiera superar el filtro de los emails y plataformas web y accediera a una entrevista de trabajo personal (no virtual). Tras la entrevista, amena y cordial eso sí, el entrevistador concluiría con el mismo dictamen: -No lo tiene fácil. Su problema es que tiene un currículum disperso. Y tras una pausa, proseguiría: -Eso sin contar que su edad, que ya pasa de los cuarenta, es un claro inconveniente.

Sí, en plena Cuarta Era de la Revolución Industrial marcada por la robótica y la Inteligencia Artificial, el hombre renacentista ha muerto por falta de encaje en la sociedad de mercado actual. En estos tiempos, un polímata como Leonardo da Vinci está descalificado (y descatalogado) bajo los parámetros de la especialización profesional. Unos parámetros erróneamente establecidos por las coordenadas de monoactividad laboral y sostenibilidad temporal de dicha exclusividad, cuyo principio limita el potencial de la naturaleza del ser humano. Por lo que cualquier realidad humana que no pueda catalogarse bajo una sola definición profesional se considera una propuesta dispersa y, por tanto, sin encaje verificable apriorísticamente.

Dejando de lado la excepcional genialidad de Leonardo da Vinci, lo cierto es que existen personas monoactivas y personas poliactivas. Las primeras se caracterizan porque se desarrollan y especializan en una sola actividad como hilo conductor a lo largo de su vida, con independencia de las variables que pueda mostrar su sector profesional. Mientras que las segundas se caracterizan porque se desarrollan y especializan en más de una actividad a lo largo de su vida, abarcando diversos sectores profesionales. Y son los diferentes tiempos de la humanidad quienes premian uno u otro tipo de persona, pues si bien los poliactivos estaban altamente considerados en el Renacimiento (XV) o la Ilustración (XVIII), son ahora los monoactivos los que están revalorizados en este siglo XXI de marcado carácter tecnológico. Con toda probabilidad, el cambio de consideración en la valorización profesional de una persona encuentre su causa raíz en la primera Revolución Industrial, a partir de la cual hemos asumido socialmente como modelo de ideal profesional el arquetipo robótico como productor especializado de una tarea concreta, en detrimento de las propias capacidades humanistas del ser humano. En otras palabras, no solo vamos camino de construir una sociedad robotizada, sino que nos empeñamos en robotizar a los trabajadores, entendiendo robotización como el desempeño especializado de una actividad específica dentro de un engranaje económico-social al que llamamos Mercado. Fuera de ello, entramos en un espacio desconocido donde solo cabe el desconcierto, la dispersión y la descatalogación. Una percepción que, a todas luces, empobrece al conjunto de la humanidad como especie.

Retomando el ejemplo de Leonardo da Vinci, el hecho que su poliactividad pueda desconcertar al mercado de selección laboral contemporáneo, hasta el punto de descartarle como posible ofertante de un puesto de trabajo concreto, muestra una limitada capacidad por parte del sector profesional de los Recursos Humanos, y por extensión del colectivo empresarial. Ya que cuando estamos descartando a una persona poliactiva significa que no observamos conexión lógica entre las diversas actividades desarrolladas (dispersión), allí donde sí que existe. Pues, ¿qué relación puede haber, volviendo al caso de Da Vinci, entre el ingeniero y el anatomista, o entre el pintor y el inventor, o entre el urbanista y el botánico, o entre el filósofo y el científico? A primera vista se trata de actividades profesionales dispares en materia y especialización por parte de una sola persona. Desde un enfoque de competencias profesionales (trabajos) no existe conexión lógica entre sí, pero desde un enfoque de habilidades personales el patrón se muestra con toda claridad: la naturaleza común de la poliactividad del polímata renacentista reside en su habilidad de la creatividad, la habilidad de la gestión de sus inteligencias múltiples (intrapersonal, matemática-lingüística, visual-espacial, etc), la habilidad del pensamiento computacional, la habilidad del management, la habilidad de la motivación, entre otras. Un conjunto de habilidades personales (unos innatos y otros aprehendidos) que como nodos de conexión interconectados entre sí dibujan el patrón profesional potencial de la persona a lo largo de su currcículum vital. Resumiendo, la ceguera de los procesos de selección de personal actual frente a los poliactivos es que se centran en las competencias profesionales de moda, y no en las habilidades potenciales de las personas. Un hecho irónico, y de corto recorrido, si tenemos en cuenta que si algo hay de volátil en nuestra sociedad en continuo cambio y transformación es justamente las competencias profesionales (que se modifican en una media de cada cinco años).

-Sí, quizás nos falta conocimiento en materia de habilidades -Responde el técnico de selección de personal, tras haber escuchado pacientemente-. Pero aún así, Sr. Da Vinci, tiene más de 40 años y esto representa un problema. Nos guardamos su currículum y si surge una oferta que encaje con su perfil ya le llamaremos. Gracias por su interés.

En una sociedad donde se está planteando cambiar la jubilación hasta los 75 años, el tener más de 40 es una discriminación laboral negativa. Paradojas de nuestro tiempo. Quizás habrá que prejubilar a los 40 años, aunque este es tema para otra reflexión.


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martes, 6 de febrero de 2018

El movimiento automático de la Vida, reducto de esperanza de la inacción del hombre

Pensamos que la existencia es acción, la acción imperativa e irrenunciable de la decisión continua en cada instante de nuestra vida, por lo que conscientemente nos accionamos en un movimiento perenne a lo largo de cada nuevo día, con independencia que dicho movimiento disponga de voluntad u objetivo definido más allá de la realización de la propia acción. Tanto es así que concebimos la existencia como un movimiento perenne (de encadenadas acciones sucesivas) por antonomasia.

Pero por encima del movimiento perenne consciente que accionamos diariamente por imperativo existencial, como reacción natural a los retos de una vida humana llena de necesidades, deberes y obligaciones propios de cada tiempo, existe un movimiento mayor de naturaleza automática que persiste eternamente aunque nos neguemos a accionar cualquier movimiento de manera consciente. Un movimiento con el que no vamos, sino que nos lleva. Equiparable al movimiento automático de la mecánica de nuestro organismo celular o a la mecánica celeste del cósmos, que persiste aun cuando conscientemente queremos o nos vemos obligados a permanecer en estado inmóvil e inactivos con nosotros mismos y frente a la realidad más inmediata que nos rodea.

Así es, aun posicionándonos en la voluntad de estar inmóviles, nos movemos sin remedio en modo automático. Puesto que la Vida, en el sentido más amplio de su concepto, no es acción, sino flujo. La acción como movimiento perenne de la existencia es de naturaleza humana, mientras que el flujo como movimiento automático de la existencia es de naturaleza suprahumana. La acción como movimiento perenne humano viene determinado por las coordenadas de la voluntad y el espacio-tiempo individual y social, mientras que el flujo como movimiento automático suprahumano es una entelequia (la finalidad o sentido concreto de todo lo que engloba está ya incluido en su fin) constante, de carácter atemporal e impermanente.

Es por ello que aunque, en algunas ocasiones, el movimiento en nuestra existencia mortal pueda parecer inexistente, por omisión deliberada o impositiva de cualquier manifestación de acción -siendo esta acción del movimiento perenne una creación de la mente humana-, la Vida siempre nos sorprende en su flujo continuo, alterando nuestro espacio-temporal personal y afectando directamente a la redefinición, o mejor dicho actualización, de nuestra voluntad individual mediante su movimiento automático suprahumano. Pues todo, seres humanos incluidos, estamos sometidos al imperio del principio de impermanencia del flujo de la Vida. Y pretender entender -ilusos de nosotros- dicho movimiento automático de la Vida es equiparable a pretender entender la Consciencia Creadora del Todo.

Sí, la Vida en su fluir es un misterio que trasciende la limitada mente humana como una bendición, pues llena los espacios vacíos por la inacción en la vida cotidiana del hombre, que en muchas ocasiones se siente perdido y sin rumbo ni dirección, con el flujo mágico de su entelequia constante, atemporal e impermanete. Allí donde el hombre se para, la Vida manifiesta la fuerza irrefrenable de su movimiento sin necesidad de acción previa, mediante un flujo apriorístico que no entiende de condicionantes humanos.

A pesar de ello, los hombres continuamos empeñados en encontrar el camino de la acción como movimiento perenne, en un intento de dar sentido, valor y control a nuestras vidas mundanas mediante el accionamiento constante de una existencia consciente. Pues está en nuestra naturaleza el impulso irrefrenable de emular la perfección del flujo de la Vida a través de una subcreación que denominamos realidad humana. Y en nuestro intento imperfecto de ser perfectos, el flujo del movimiento automático de la Vida siempre supera y ampara nuestras limitadas y poco imaginativas acciones de un movimiento perenne existencial, gracias al cual renovamos nuestros votos de esperanza vital como personas, a título individual, y como sociedad, a título colectivo. Sí, aun cuando parece que nuestra vida está parada y estancada, siempre nos queda el fluir del movimiento automático de la Vida. Y, en este punto, lo más inteligente es dejar de empujar hacia ninguna parte para dejarse fluir, y en este fluir volver a Ser más allá de toda acción, hasta que el flujo accione un nuevo Hacer.


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jueves, 1 de febrero de 2018

Cuando la Moral se impone a los Valores Universales la humanidad siempre pierde

“Una galería de Manchester retira un cuadro de ninfas desnudas”, con este titular la prensa internacional publica hoy la retirada de la obra pictórica “Hylas y las ninfas” de John William Waterhouse de la sala “En busca de la belleza” de la Galería de Arte de Manchester, donde se exponen pinturas del siglo XIX en las que domina el desnudo femenino. La razón de la decisión: la concepción contemporánea de proteger una posible cosificación de la mujer. Como bien apunta Teresa, mi pareja, “cualquier ideología debería respetar el marco del arte como espacio de libre expresión y desde luego tener en cuenta el momento en que fue creado para comprender su contexto”. En caso contrario, y siguiendo la política de Manchester, museos como el parisino del Louvre debería retirar desnudos femeninos con categoría de patrimonio de la humanidad como la “Hermafrodita dormida” de Bernini (1619), la “Venus de Milo” de autor griego desconocido (130-100 a.C.), o “las Tres Gracias” de Cordier (1609), por poner algunos ejemplos.

Disparates a parte, la noticia manifiesta una clara tensión entre Moral y Valores, imponiendo la moral a los valores, cuando debería ser al revés. Es decir, lo temporal que es la moral se impone en nuestros tiempos a lo atemporal de los valores universales, en un claro ejemplo de lo despistada y perdida que está nuestra sociedad en continuo cambio y distorsión del orden natural de las cosas.

La decisión de la galería de arte es, stricto sensu, una decisión moral. Pero, ¿qué es la moral?: un conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para juzgar el comportamiento humano en una sociedad, y por tanto toda moral está sujeta al contexto histórico-temporal de la sociedad en la que se desarrolla. Es decir, la naturaleza de la moral es temporal y a posteriori a la esencia de la vida humana.

No obstante, ¿cuáles son los valores rectores y estructurales que inspiran a la moral?, entendiendo valor como cualidad de un sujeto u objeto agregado a sus características que le confieren una estimación negativa o positiva, ya sea a nivel individual o social. La respuesta es: los Valores Universales, arquetipos de ideas primogénitas e innatas que constituyen la esencia de la vida humana y que permiten orientar el comportamiento de las personas como individuos, con independencia de la sociedad de cada momento, hacia niveles de trascendencia de nuestra propia especie. Es decir, la naturaleza de los valores universales es atemporal o universal y a priori a la esencia de la vida humana. Valores Universales, entre otros, son la libertad, la justicia, el amor, la bondad o la belleza.

Por tanto, en el caso prestado como ejemplo de la galería de arte, la Moral temporal se ha impuesto a un Valor Universal como la Belleza de carácter atemporal y apriorístico, cuando son los Valores Universales como ideas arquetípicas innatas del ser humano del que emana la Moral de profundo carácter social, y no al revés. Un debate objeto de estudio propio de la Ética, quien estudia el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, y sus relaciones con la Moral (emanada de los Valores Universales) y el comportamiento humano.

En este sentido, desde un enfoque filosófico de la Ética, la decisión de la galería de arte es una aberración. No obstante, ¿por qué se ha llegado a esta decisión?. Personalmente no creo que la motivación venga causada por una decisión consciente y deliberada sobre un debate entre Moral y Valores Universales, sino por una clara confusión -por desconocimiento de causa, aunque ello no exime de responsabilidad- entre el Valor Universal de la Belleza y el valor como enjuiciamiento moral de desaprobación social del concepto de cosificación de la mujer como persona. Un debate que, a todas luces, no presenta el bellísimo cuadro de “Hylas y las ninfas”.

El debate ético de la cosificación de la mujer, tan explotado por la cultura hedonista del consumismo, debe circunscribirse dentro del principio inspirador de los Valores Universales arquetípicos del Respecto y la Igualdad, y no en el de la Belleza. Un debate de rabiosa actualidad que ha llevado, coincidiendo en el tiempo con el incidente de Manchester, a la industria de Fórmula 1 a prescindir de las azafatas como parte del espectáculo por “desacuerdo con las normas sociales actuales”, y que se prevé ampliar a otras disciplinas del deporte. Una tendencia que tarde o temprano, como proceso natural de la evolución del ser humano, deberá incidir positivamente en las técnicas de marketing en su vasta expresión. Particularmente, respecto a programas televisivos se refiere, comenzaría por dignificar el contenido y continente (o sea, todo) de “Mujeres y Hombres y Viceversa”, que no solo cosifica a la mujer sino también al hombre y representa un verdadero atentado contra la moral de una sociedad saludable, constructiva y evolucionada.

Mientras tanto, el tema que nos ocupa nos pone de relieve la urgente necesidad de implantar la Ética como asignatura filosófica transversal en los centros educativos, pues sin Ética las personas somos como hormigas sin antenas, capaces de aberraciones inconscientes tales como el atentado a la Razón que supone el caso de la galería de arte de Manchester, o de la distorsión de los valores morales que exponen ciertos programas televisivos para consumo (y desarrollo) de jóvenes y adultos. Y es que si prescindimos de los Valores Universales como principios rectores inspiradores de la Moral temporal podremos continuar evolucionando como especie, sin lugar a dudas, pero perderemos la esencia de nuestra maravillosa humanidad.



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