sábado, 6 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (Hasta 6ª línea generacional de pensamiento)

Es común, entre los mortales, mostrar curiosidad por la historia familiar de los antepasados y descendientes de una persona. Particularmente, a mis recién cumplidos 46 años, siento curiosidad no tanto por la ascendencia sanguínea, sino por redescubrir mi genoma de pensamiento fruto del linaje filosófico de la humanidad de mi familia cultural. Para ello, a modo de entretenimiento, he decidido dibujarme mi propio árbol genealógico filosófico personal con la intención de conocerme un poco más, lo que implica enlistar los pensamientos de los grandes pensadores de la historia occidental que resuenan en mi genoma como individuo pensante, de una forma organizada y sistemática, todo desenpolvando los viejos estudios de filosofía. Consciente que ello representa un trabajo ciertamente laborioso, pues parto de la premisa de desarrollarlo sin plazos ni prisas, por lo que éste árbol genealógico filosófico personal será una obra abierta que vaya representándose a lo largo del tiempo hasta finalizarla (a imagen y semejanza del espíritu de la primera obra abierta “Diccionario del Alma” que comencé en 2013 y que aún está sin concluir). Pues el objetivo no es tanto llegar a la meta, como disfrutar del viaje, y a lo largo, ancho y profundo del trayecto enfrentarme a mis propias contradicciones como ser pensante humano, profundamente humano.

I.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA
(De la 1º a la 6ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

1ª-Linaje genealógico Presocrático

Mi árbol genealógico filosófico personal parte de los genes del pensamiento demostrativo de los presocráticos, que ya no se limitan a escuchar relatos, sino que con su observación y reflexión crítica tratan de captar algo y al mismo tiempo razonarlo, creando así el pensamiento conceptual, germen de la filosofía de occidente. Y si algo marca mi ascendencia de pensamiento presocrático es justamente la búsqueda del arkhé, el origen esencial de todas las cosas en un mundo tan variado en formas y postulados. Así como la visión pitagórica de la idea de armonía cósmica, donde la forma y la materia se revelan a través de las matemáticas. Pero si algo de los genes presocráticos resuena en mi esencia como persona pensante es el heraclitismo con su principio de impermanencia: todo fluye en un devenir de eterno cambio, pero no de manera anárquica, sino dentro de un logos común. Un gen de pensamiento que en mi persona casa con otro gen de pensamiento que pueda parecer opuesto, el de Parménides, quien afirmaba que nuestros sentidos nos dan la ilusión del devenir y consiguientemente de la multiplicidad, en su búsqueda aparentemente paradójica del conocimiento sobre el todo y el uno. Una cápsula de pensamiento que se complementa con genes presocráticos complementarios como es la idea de Empédocles de que toda la materia está creada por partículas comunes últimas o primigénitas, la idea de Demócrito del movimiento eterno, y la idea de Anaxágoras de la existencia de un espíritu como fuerza vital que causa el movimiento y a la vez lo dirige todo con sentido.

2ª-Linaje genealógico Sofista

En la segunda línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento de Gorgias con su relativismo universal, donde no existe la verdad absoluta, y si existiera, no se podría conocer y, en el caso que se pudiera conocer, no se podría explicar humanamente. Así como el gen filosófico del relativismo subjetivo de Protágoras, donde todo es percibido dependiendo de la posición subjetiva de cada persona, siendo el hombre la medida de todas las cosas pensadas.

3ª-Linaje genealógico de Sócrates

En la tercera línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con especial importancia, el gen del pensamiento socrático, para quien la filosofía era más práctica que teoría. El gen de pensamiento por excelencia de la búsqueda del qué y del porqué, así como del arte filosófico de inducir a ver y vivir el bien moral como areté (virtud). Y todo ello desde la ironía anti irónica del “sólo sé que no se nada”.

4ª-Linaje genealógico de Platón

En la cuarta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con relevancia destacada, el gen del pensamiento platónico, el cual cuenta con una ascendencia singular sobre el mundo de las ideas, el hombre, el Estado, y Dios.

El gen platónico en materia del mundo de las ideas determina la estructura de mi pensamiento sobre las virtudes del hombre como entidades ideales a las que continuamente se aspira (Ética). Unos valores que se escapan a las ciencias matemáticas, que son eternos, atemporales e inespaciales, pero que a su vez nunca son rígidos e inmóviles, pues pertenecen al mundo de las ideas (kosmos noetos) y desde él se revelan al hombre -mediante arquetipos- a través del pensamiento como facultad cognoscitiva, con independencia de una posible experiencia relacionada.

El gen platónico en materia del hombre determina la estructura de mi pensamiento sobre que si el ser humano configura su vida conforme a los arquetipos eternos del mundo de las ideas (mito de la caverna), no solo viene a dar con su mejor yo, hallando lo debido y lo bueno, sino que se hace más libre, siendo el camino del conocimiento de la esencia de los arquetipos la inteligencia y la sabiduría.

El gen platónico en materia del Estado determina la estructura de mi pensamiento sobre la búsqueda del bien común por parte del Estado y sus gobernantes, una organización basada en la razón y la verdad, en la libertad y el querer moral. Y en la convicción que toda polarización de la gestión pública conlleva como reacción el cambio en sus contrarios.

Y, por último, el gen platónico en materia de Dios determina la estructura de mi pensamiento sobre que el alma y el espíritu no son productos de la materia, sino preexistentes. Y que la figura de Dios es tanto la idea creadora de lo existente como de los arquetipos eternos del mundo de las ideas.

5ª-Linaje genealógico de Aristóteles

En la quinta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con relevancia también destacada, el gen del pensamiento aristotélico, el cual cuenta con una ascendencia singular sobre la lógica, la metafísica y la ética.

El gen aristotélico en materia de la lógica determina la estructura de mi pensamiento sobre que el pensamiento utiliza tres recursos básicos: el concepto que busca la esencia o destaca lo universal de algo dentro de su diversidad, el juicio como asociación de conceptos para emitir un veredicto sobre la realidad desde un enfoque de verdad lógica y sujeta al determinismo subjetivo (y por tanto relativo) de la persona que lo emite, y el raciocinio (silogismo) que no escapa del conocimiento adquirido a través de los sentidos.

El gen aristotélico en materia de metafísica determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que tenemos la capacidad de obtener el conocimiento de lo que precede a lo que se manifiesta, a lo físico, un conocimiento sobre la consecuencia o fundamento de éste. Y asimismo, condiciona mi creencia sobre que el movimiento (energía) es uno de los principios del ser, siendo el movimiento el acto anterior a la potencia; es decir, la realización de toda posibilidad existente. Y que todo movimiento tiene un fin concreto (otro principio del ser), por lo que en el mismo concepto de una cosa está ya incluido su fin (entelequia). Por ello, lo acabado de algo nunca está en su fin (en términos de finalización), sino en su principio, y por naturaleza el fin es anterior.

Y, en tercer lugar, el gen aristotélico en materia de ética determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que la ética es aquello que encarna los valores del mejor ideal del hombre, cuyas virtudes esenciales son la sabiduría, la prudencia, el valor, la justicia, el dominio de sí mismo, la generosidad, la nobleza de espíritu, la grandeza de alma, la dignidad personal, la mansedumbre, la veracidad, la cortesía, y la amistad. Siendo así, pues, la ética como algo debido, bello, recto y razonable que representa el principio del bien moral. Y por lo que el hombre moralmente recto no hace el bien por placer o favor, sino por el bien en si mismo. Por otro lado, el gen del pensamiento aristotélico influye en mi genética filosófica al entender el hombre como un ser sociable por naturaleza, siendo el Estado una característica extensiva natural del ser humano, por lo que -a la luz de la ética aristotélica- el Estado debería ser la consumación de la moralidad terrestre (ética del Derecho y la Gobernanza), siendo los derechos fundamentales y libertades de los hombres características preexistentes a su propia naturaleza.

6ª-Linaje genealógico de la época helenística y romana

En la sexta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la huella genética que conforma la estructura de mi pensamiento en las grandes escuelas filosóficas de la época helenística y romana: la estoa, el epicurismo y el neoplatonismo.

El gen de los estoicos fundamenta mi pensamiento filosófico en la prescripción de que las pasiones internas deben dominarse, y en caso que el rigor de la virtud pueda verse comprometida, incluso extinguirse. Un gen duro de pensamiento y de orgullosa virtud donde resuena como eco la filosofía de vida de Séneca y Cicerón: hay que “abstenerse y soportar”, solo la razón debe dominar mediante el imperativo que habla en ella.

El gen de los epicuros, en contraposición, fundamenta mi pensamiento filosófico equilibrando la dureza del estoicismo con la filosofía del placer de la vida, el deseo de gozar, permitiendo así una armonía entre opuestos.

Mientras que el gen neoplatónico fundamenta mi pensamiento en una filosofía que se confunde con la religión, donde Filón de Alejandría deja huella con memoria celular en mi persona sobre la idea de la existencia de un Dios trascendente, mejor que bueno, más perfecto que perfecto, que además es un Dios personal, y donde la creación surge de la nada (o de una materia eterna), habiendo seres intermedios que sirven de mediadores entre el mundo y Dios (el completamente otro), el cual no puede captarse en absoluto mediante nuestros conceptos de temporalidad. Una marca genética que se complementa con el “Uno” de Plotino, en sentido de la negación de lo múltiple y en sentido del Primero de todo, del que emana el mundo y del que todo fluye, donde “lo múltiple es semejante al Uno, pero no el Uno a lo múltiple”, siendo lo divino solo semejante a Dios, sin ser Dios en sí mismo. Y donde lo múltiple, regresa al Uno como reverso de su emanación.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano