miércoles, 31 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 29ª hasta la 34ª y última línea generacional de pensamiento)

Última entrega del Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que corresponde con las líneas generacionales de la 29ª a la 34ª de mi herencia filosófica personal del Siglo XX, al menos hasta 1971 como fecha máxima de fallecimiento de pensadores y en concordancia con mi propio año de nacimiento.

V.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XX 
Hasta 1971 como año máximo de fallecimiento de pensadores y en concordancia con la fecha de mi nacimiento.
(De la 29ª a la 34ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

29ª-Linaje genealógico de Bergson

En la veintinovena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la filosofía de la vida o vitalismo de Bergson con su impulso vital (élan vital) como expresión del “Ser”, quien marca la idea en mi estructura de pensamiento personal de que para apreciar debidamente la vida no basta el pensar científico-matemático (ya que éste es siempre mecánico, esquemático y analítico), sino que para la vida necesitamos la intuición y su mirada al todo, con fineza de comprensión para poder vivir lo interior, único e intransferible; como también necesitamos conocer la libertad para avanzar más allá de lo mecánico y poder estimar en su debido valor la espontaneidad, ya que donde hay espontaneidad y libertad también hay alma y consciencia de sí. El genoma vitalista de Bergson deja la huella de pensamiento en mi código genético personal de que si ser es vida, y vida es alma y consciencia, entonces el ser en cuanto tal es consciencia, pero no solo consciencia pensante, sino consciencia que es vivencia, impulso, duración, libertad, invención, energía y dinámica creadora.

30ª-Linaje genealógico de la Fenomenología

En la treinteava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya la influencia de la fenomenología, si bien soy consciente que más que filosofía es solo un método para saber y descubrir la condición misma de las cosas, de verlas, describirlas y presentarlas de forma convincente. Este genoma cuenta con la marca de Husserl en la estructura de mi pensamiento personal que me permite entender que las esencias se intuyen mediante una reducción fenomenológica que despeja lo accesorio, lo meramente factual, para aferrar lo esencial, pero no solo en sentido universal, sino como la ideación valedera en sí misma que posee un ser objetivo, intelectual y pensable. Un genoma que se complementa con la marca genética, asimismo, de Scheler que me permite entender que si uno contempla lo absoluto, no lo contempla en sí, sino que contempla su propio pensar de lo absoluto, pero no lo absoluto, sino el suyo. Y que, conforme al gen scheleriano, los valores son entidades, aunque no lo sean más que en las cualidades de nuestros actos, pero que como entidades son necesarios y a la vez son fines a priori de nuestro obrar moral; y que no tienen necesidad de ningún precepto obligatorio sino que en sí mismos son algo que idealmente debe ser, que espera ser realizado por el obrar humano, de lo que se concluye que las personas no “son”, sino que “se hacen”.

31ª-Linaje genealógico de Whitehead

En la treintaunava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el idealrealismo de Whitehead que marca la estructura de mi pensamiento personal sobre la idea de que en realidad todo está orgánicamente tratado, y cada esencia real existente “siente” las demás, pero que es el pensamiento quien lo disgrega todo dividiéndolo en partes que luego se consideran autónomas, por lo que la sensibilidad es el camino para reconocer lo otro y el todo, el camino para llegar a la realidad. Pues la experiencia del mundo es posible mediante los llamados objetos eternos, que nos permiten leer en el dato sensible -como reminiscencia de las ideas platónicas-, pero estos objetos eternos solo son posibilidades, pues necesitan del medio de lo real para manifestarse, pero al mismo tiempo son ellos también los que hacen posible lo real, ya que lo real es por lo ideal y lo ideal no puede existir sin lo real.

32ª-Linaje genealógico de Hartmann

En la treintadosava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la ontología fenomenalista de Hartman que marca la estructura de mi pensamiento personal con la idea de que el conocimiento no es una producción de objetos, sino la captación de algo que existe anteriormente a nuestro conocimiento y es independiente de él, por lo que todo conocimiento es siempre un extenderse más allá de uno mismo (trascendencia gnoseológica). El genoma de Hartmann introduce en mi genética pensante que cuando arrancamos nuestros conceptos al reino de los seres, éstos conceptos siempre son hipotéticos, puesto que -al igual que en las ciencias naturales- solo nos acercamos al ser mediante ciertas hipótesis y de esta manera lo describimos, lo calculamos y lo predecimos, debiendo luego quedar a la expectativa de si se verifica o no nuestra “ciencia”; puesto que fuera de esto, queda todavía un considerable residuo no conocido, de modo que no tenemos la menor razón de identificar el ser con lo verdadero. De igual manera, del gen hartmanniano viene mi concepción -evolucionada desde Platón-, que los valores son a priori y tienen un ser en sí, siendo impotentes por aguardar su realización por parte del hombre, para el que significa un deber ser ideal, pero que no le obliga, sino que lo deja completamente libre, con lo cual asegura su autonomía.

33ª-Linaje genealógico de Jaspers

En la treintatresava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el existencialismo alemán de Jaspers en mi estructura de pensamiento personal, bajo la máxima de que “la existencia solo se esclarece con la razón, y la razón solo tiene contenido con la existencia”, pues razón y existencia son los dos grandes polos de la vida, siendo la existencia una sintonía de vida y espíritu. Este genoma jaspersiano condiciona mi concepción de que el esclarecimiento de la existencia es más bien como un llamamiento a las posibilidades de uno mismo, en un constante poner en juego las tensiones entre espíritu y vida, con lo cual estas posibilidades van continuamente esclareciéndose y fortaleciéndose para llegar a descubrir lo mejor que dormita en ellas. Un genoma filosófico jaspersiano que marca mi estructura pensante sobre la exigencia de que el hombre no debe asentarse nunca en ninguna parte, sino que esté siempre en camino, abierto a todo, aspirando por tanto a una comunicación absoluta, puesto que “se trata de romper esa configuración que va estableciéndose como algo definitivo, de dominar en su relatividad todos los puntos de vista concebibles”. Un gen existencialista alemán que me marca en la idea de que el fracaso es el que principalmente nos lleva adelante, pues en él experimentamos la fragilidad relativa del mundo, ya que todo lo que nos sale al paso, todo lo que nos sucede es solo símbolo y cifra, nada es la realidad y la verdad misma, y que solo es este seguir hacia adelante se manifiesta la trascendencia como posibilidad de las posibilidades, como el “movimiento de una lógica filosófica”.

34ª-Linaje genealógico de Ortega y Gasset

En la treintacuatroava y última línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con especial estimación, el raciovitalismo (Perspectivismo y Razón Vital) de Ortega y Gasset, quien marca en mi estructura de pensamiento personal la idea de que todo contenido de consciencia es, por definición, fragmentario, y no sirve para ofrecer el sentido del mundo y de la existencia, solo de aproximarnos a ésta a través de la filosofía, puesto que “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, siendo la realidad circundante la que “forma la otra mitad de mi persona”; por lo que la verdad absoluta, omnímoda, puede ser la suma de las perspectivas individuales o de éstas más una parte fuera de la perspectiva (no vista), que, por eso mismo, son parcialmente verdaderas. Asimismo, el gen gassetiano marca de manera especial y remarcada en mi genoma pensante la concepción negativa de la figura atemporal del “hombre-masa”.

Con ésta última entrega completo los treinta y cuatro linajes geanológicos filosóficos de los que soy descendiente directo y que definen mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que determinan la naturaleza evolutiva de mi propia evolución filosófica en vida. Y es que, al final, no podemos dejar de ser en esencia lo que somos.




Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano