martes, 16 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 9ª hasta la 22ª línea generacional de pensamiento)

Siguiendo con el Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, prosigo en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, con la novena a la veintidosava línea generacional que corresponden a mi herencia filosófica personal de la Edad Moderna.  

III.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DE LA EDAD MODERNA
(De la 9ª a la 22ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

9ª-Linaje genealógico de Franscisco Bacon

En la novena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro la huella genética renacentista que conforma la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que el hombre es “Dios en la tierra”, siendo el filósofo del método empírico, Bacon, del que heredo el pensamiento de que “el Saber es poder”, y que la ciencia de la naturaleza necesitará siempre de la filosofía, de su metafísica y de su ética, si quiere llegar a dominar los poderes que ha conjurado.

10ª-Linaje genealógico de Descartes

En la décima línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya, con especial importancia, el padre de la filosofía moderna, Descartes, cuyo racionalismo impregna mi estructura del pensamiento con la duda radical como punto de partida de la filosofía en un marco subjetivista donde el pensar lógico puede errar, axioma que maestralmente coexiste con la certeza de que sobre la duda misma no se puede dudar, por lo que mi existencia depende de mi pensamiento: Pienso, luego existo (Cogito ergo sum).

11ª-Linaje genealógico de Spinoza

En la onceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal está el genoma de Spinoza, cuyo legado racionalista sobre mi estructura de pensamiento personal es el saber que la felicidad humana solo se logra cuando se llega a ser un verdadero hombre, es decir, sabio.

12ª-Linaje genealógico de Leibniz

En la doceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el racionalismo de Leibniz quien alienta a mi estructura de pensamiento a buscar el todo sin olvidar lo individual (mónada), bajo el principio de armonía preestablecida que dictamina que todo está en conexión mútua, todo está en todo (como en Axanágoras, Platón, Plotinio y Cusano), pero sin que asimismo lo individual pierda autonomía. Una armonía preestablecida, dentro de un todo superior que lo conforma, que permite un proceso apriorístico en el conocimiento humano mediante las ideas innatas que nos permite dirimir entre verdades de razón y verdades de hecho. Y cuya perfección del hombre viene por vía de la elevación del ser, siendo la felicidad, el placer, el amor, la perfección, el ser, la fuerza, la libertad, la armonía, el orden y la belleza cosas ligadas entre sí.

13ª-Linaje genealógico de Hobbes

En la treceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de Hobbes, que introduce la ruptura radical con los genomas de la metafisica aristotelicoplatónica, donde no hay ni trascendencias ni verdades eternas, marcando mi estructura de pensamiento personal en materia del hombre como ciudadano del Estado bajo la máxima de que el hombre es un lobo para el hombre, por lo que se requiere de un contrato social político que tenga afecciones directas sobre la moral y el derecho.

14ª-Linaje genealógico de Locke

En la catorceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de la filosofía inglesa de Locke, que influye decididamente en mi estructura de pensamiento tanto en las ideas innatas como capacidades nativas del entendimiento humano, que son comienzos apriorísticos de las eternas verdades de razón que nos sitúan por encima de la experiencia (mediante la abstracción y la coexistencia de conceptos); tanto en la concepción del Estado como origen en los individuos y su libre querer, un querer que en lo esencial se rige por las ideas del bien común y del poder del Estado mismo que se equilibran mediante la novedosa filosofía de la división de los poderes (de los Estados modernos), y que representa el reconocimiento incipiente de los derechos inalienables de la naturaleza y del hombre.

15ª-Linaje genealógico de Hume

En la quinceava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo de Hume en mi estructura de pensamiento sobre el entendimiento humano como proceso de asociación de ideas para crear conceptos, si bien estos conceptos deben considerarse como relativos pues solo valen tanto cuanto vale el material de experiencia que les sirve de base, y que toda verdad queda psicologizada, puesto que debido a la costumbre solo consiste en una sensación de expectativa o verosimilitud.

16ª-Linaje genealógico de Rousseau

En la decimosexta línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra la ilustración francesa de Rousseau, cuyo genoma de pensamiento solo incide levemente en mi estructura de pensar personal sobre el concepto de una educación ideal por encima de la cultura, como un eco lejano y reivindicativo -no sin ciertos recelos- del ideal de la naturaleza humana como reacción directa a una visión racionalista-deista de un Voltaire del que no tengo legado genealógico filosófico.

17ª-Linaje genealógico de Thomasius

En la decimoséptima línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra la ilustración alemana de Thomasius, cuyo genoma marca mi estructura de pensamiento personal en materia de filosofía del derecho como un ordenamiento de la vida instintiva y afectiva del hombre, en cuanto ser sensitivo que busca su ventaja, por lo que debe ser reducido a sus justos límites con los correspondientes medios materiales y físicos del poder.

18ª-Linaje genealógico de Kant

En la decimoctava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el gen del pensamiento del idealismo alemán de Kant, con especial relevancia, el cual cuenta con una ascendencia singular en mi sobre el idealismo crítico, la crítica de la razón pura, la crítica de la razón práctica, y la crítica del juicio.

El gen kantiano en materia de idealismo crítico determina la estructura de mi pensamiento sobre la armonía que representa el hecho de que ni el subjetivismo tiene por qué ser individualista, ni el idealismo tiene por qué significar una negación del mundo exterior o una renuncia a la objetividad.

El gen kantiano en materia de crítica de la razón pura, que tiene como objeto de estudio el conocimiento, determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea (como contrapeso a los empiristas) de que en nuestro conocimiento hay elementos que proceden de nosotros mismos y que están presentes a priori, antes de toda experiencia, que tienen el mismo sentido para todo espíritu que piensa y por tanto son estrictamente necesarios, pero que solo se pueden conocer subjetivamente (e imperfectamente) en términos lógico-trascendentales, ya sea a a través de la estética (percepción), del análisis o de la dialéctica trascendental.

El gen kantiano en materia de crítica de la razón práctica, que tiene como objeto de estudio la voluntad, determina la estructura de mi pensamiento sobre el deber moral como un apriorismo de la esencia del hombre, con carácter universal que es independiente de los tiempos, circunstancias o individuos, y del que tiene como consecuencia la libertad del hombre. Un deber moral y una libertad que, no obstante, solo son buenos si procede de la razón (que por sí misma es práctica). Y de la que se deriva un principio moral básico: “Obra de modo que siempre, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, tomes a la humanidad como fin, y jamás la utilices como simple medio”. Por otro lado, el genoma del pensamiento kantiano sobre la crítica de la razón práctica también influye en la estructura de mi pensamiento respecto a sus postulados sobre la inmortalidad y Dios, mediante la premisa que la inmortalidad se impone por la consideración de que el hombre nunca alcanza perfectamente el ideal moral, sino que deberá siempre aspirar a él acercándose indefinidamente; y que si podemos esperar que el buen obrar moral haya de ser recompensado, como por otra parte en la naturaleza sensible no existe un equilibrio justo, debemos admitir la existencia de una razón suprema que ordene conforme a las leyes morales y al mismo tiempo sea, como causa, fundamento de la naturaleza, es decir, que sea tan poderosa que pueda otorgarnos la felicidad. Mientras que en materia de Religión y de Estado, el gen kantiano de la crítica de la razón práctica marca mi estructura de pensamiento personal sobre la idea de que los datos históricos de revelación de la religión deben ser interpretados, hasta que por fin se desprenda de ellos una enseñanza moral; y que el fin de la historia universal ha de ser crear la mejor constitución del Estado, una liga de naciones con vistas a la paz perpetua, para conseguir lo cual no solo hace falta civilización, sino también cultura, y a la cultura pertenece en primera línea la moral.

El gen kantiano en materia de la crítica del juicio, que tiene como objeto de estudio el sentimiento, determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que todo fin puede ser subjetivo, si es establecido por el hombre, y objetivo si se da en la naturaleza misma. Un juicio de valor que en el fin en la naturaleza exige, además, la idea de un ser supremo, inteligente, que establezca fines de manera regulatorio.

19ª-Linaje genealógico de Fichte

En la decimonovena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el empirismo del idealismo subjetivo de Fichte, que contraponiendo el dogmatismo kantiano, introduce la idea revolucionaria en mi estructura de pensamiento personal de que en el principio no era el Logos (como defendía Platón), sino la acción. Y que junto al yo hay un no-yo realmente trascendente, que en un principio se nos da a conocer a través de nuestro yo, pero que en su modo diferente de ser es eso superior que necesitamos si queremos ser perfectamente “yo”.

20ª-Linaje genealógico de Schelling

En la veinteava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el idealismo subjetivo de Schelling, como reencuentro del dogmatismo kantiano y el idealismo subjetivo fichteriano, que permite a mi estructura de pensamiento personal hacer coexistir la vida y el alma como principios relacionados constitutivos de la naturaleza, siendo la naturaleza y el espíritu idénticos en el fondo. He aquí mi genoma de pensamiento sobre la concepción del mundo como una obra de arte divina, donde lo infinito desciende en forma visible a lo finito, convirtiéndose lo finito en símbolo de lo infinito, en una unidad de cuerpo y alma, de naturaleza y espíritu, de ley y libertad, de individualidad y vigencia universal (rememorando a Platón). Un mundo en el que a pesar de la existencia de elementos irracionales, la luz siempre acaba triunfando sobre las tinieblas.

21ª-Linaje genealógico de Hegel

En la veintiunava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el idealismo absoluto del panlogismo de Hegel, con su célebre máxima de que el filósofo es Dios mismo, el cual cuenta con una ascendencia singular en mi estructura de pensamiento personal sobre la dialéctica.

El gen hegeliano en materia de la dialéctica determina la estructura de mi pensamiento sobre la idea de que todo está en movimiento y todo lo estable o permanente no es sino un momento de ese movimiento eterno, quedando así es suspenso los principios de identidad y contradicción, pues si quisiéramos ver cualquier cosa como es en realidad deberíamos pensar justamente todas las condiciones de que depende en su historia, y deberíamos también pensar lo que ha de manar de él en sucesiones infinitas, pues al final la verdad es el todo. Un genoma de pensamiento que marca mi estructura pensante, a su vez, con una filosofía de contrarios sobre la base de que la vida misma es la síntesis de lo individual y de lo general, donde el concepto de flujo es irrealizable si no existe, a su vez, algo estático.

22ª-Linaje genealógico de Schopenhauer

En la veintidosava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se encuentra el ocaso del idealismo con el pesimismo de Schopenhauer, un genoma de pensamiento de mi estructura pensante personal que debo reconocer que ha marcado pasajes de mi propia y contradictoria existencia humana, profundamente humana, pero cuya influencia se ha ido desvaneciendo a lo largo de los años entrada la madurez. Un gen schopenhauriano marcado por la idea de que a través de la voluntad nos ponemos en contacto con el mundo de las cosas en sí y esta vivencia es más intensa que la intuición y representación sensible en el conocimiento, pues “los últimos secretos fundamentales los lleva el hombre en su propio interior y éste le es accesible en la forma más inmediata”. Por lo que en un mundo donde la marcha del hombre es un caer contenido, y su vida una muerte en diferido, la negación de la voluntad -que es la negación del mundo y que se logra sumiéndose en el nirvana (mística cristiana y budista) con la renuncia a todos los deseos hasta la pérdida de la conciencia del yo-, permite elevarse por encima del espacio y del tiempo y de la singularidad humana para alcanzar la sabiduría que posibilita la contemplación de lo universal, lo uno en sí.


Árbol Genealógico Personal: De la 1ª a la 6ª línea generacional de pensamiento
Árbol Genealógico Personal: La 7ª y 8ª línea generacional de pensamiento


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano