lunes, 27 de noviembre de 2017

¿Te mueves aun estando inmóvil o estás inmóvil mientras te mueves?

Foto: Teresa Mas de Roda
Según como se mire, a veces la vida de los mortales se asemeja a la del ratón enjaulado que corre sin aparente fin en su rueda sin ir a ningún sitio, es decir, sin moverse del lugar. Es por ello que uno no deja de preguntarse, a veces, si lo más inteligente por saludable es quedarse inmóvil. Dado que el movimiento no es más que una ilusión que, mal llevado -es decir, acelerado a una velocidad inadecuada para nuestra resistencia física y psicológica-, puede provocar un claro deterioro en la calidad de vida personal (patologías diversas incluidas).

Aunque, por otra parte, lo cierto es que resulta imposible permanecer inmóvil en medio del bullicioso ajetreo de la sociedad que empuja, cual entrada o salida del metro en hora punta, a ningún destino final en concreto. Quizás porque la naturaleza del hombre, al igual que la del río, es moverse en un constante fluir por la vida en su ciclo regenerativo de hombres y mujeres mortales que se suceden a lo largo del relato que llamamos humanidad.

Ergo, tanto la actitud de moverse como de quedarse inmóvil es relativa en la vida de toda persona, ya que depende de los parámetros de referencia del observador. Uno puede permanecer inmóvil consigo mismo, pero moverse para los demás; y a la inversa, uno puede estar moviéndose, pero permanecer inmóvil para el resto. Por lo que podemos afirmar que existe un movimiento o no-movimiento real y un movimiento o no-movimiento percibido. El real es aquel manifestado objetivamente en el mundo material o de las formas con independencia de la percepción de cada cual, mientras que el percibido es aquel manifestado subjetivamente en el mundo cognitivo de cada individuo. Un movimiento y no-movimiento real y percibido que, al pertenecer a dimensiones diferentes de la realidad -aunque interdependientes-, pueden coexistir de manera tanto simultánea como independiente. En otras palabras, como en la paradoja del gato de schrödinger, una persona puede estar en movimiento e inmóvil a la vez, dependiendo del punto de referencia en el que nos situemos, pues lo real y lo percibido no siempre están alineados para el observador.

Así es, aún estando inmóvil me muevo y moviéndome continuo inmóvil, pues el movimiento y no-movimiento de toda persona responde a la misma lógica ilusoria del vaso medio vacío y medio lleno, que depende con la mirada con que se mire. Por lo tanto, la diferencia entre lo real y lo percibido viene marcado por el posicionamiento consciente a nivel personal por una u otra opción plausible.

Cierto es que en una sociedad de mercado como la occidental contemporánea, el consenso colectivo del movimiento y del no-movimiento viene definido por un parámetro de referencia mercantilista como es la productividad (entendida como la acción que genera una renta de trabajo que permite asegurar la sostenibilidad económica del individuo): Si eres productivo eres una persona en movimiento, si no eres productivo eres una persona en no-movimiento. Por lo que en este contexto, el movimiento y no-movimiento real viene definido no por la realidad en sí misma, sino por la realidad creada por el hombre. Un consenso social sobre el movimiento y no-movimiento de una persona de naturaleza profundamente humana y significado al contexto de un tiempo histórico concreto que no invalida, en ningún caso, el axioma -puro, en términos kantianos- de la dualidad movimiento/no-movimiento real y percibido de la propia naturaleza del ser humano.

No obstante, con independencia de si me muevo estando inmóvil o si estoy inmóvil aun moviéndome, lo importante a nivel personal, lo que marca la diferencia en el sentido existencial de una persona, es el estado de conciencia en el que uno se posiciona: de movimiento o de no-movimiento, y los efectos prácticos que ello conlleva para el sentido de autorealización vital de cada uno. Sí, al final, el movimiento y no-movimiento para los demás puede ser una manifestación espacio-temporal e incluso productiva, pero en el plano íntimo y personal no es más -ni menos- que un estado de conciencia. Aunque, como todos sabemos, para actuar en consciencia debemos ser conscientes de lo que hacemos, y este ya es otro tema, ¿verdad?.

[A pesar que un estado de conciencia de inmovilidad móvil o de movilidad inmóvil provoca la recurrente confusión de ser conscientes de en qué posición real y percibida certera nos situamos en cada momento. Es por ello que la más y extendida común de las confusiones es creerse en la ilusión de estar moviéndose, cuando realmente la persona se haya en estado de no-movimiento].

Artículos relacionados


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano