lunes, 9 de octubre de 2017

El dilema filosófico de Cataluña: ¿Quién tiene razón y cómo afrontar la sinrazón?

De razones hay tantas como personas existen, pero a escala social la razón colectiva guía el comportamiento de las personas a título individual dentro de un marco de entendimiento predeterminado para una buena convivencia en común. ¿Pero qué sucede -como es el caso de rabiosa actualidad en Cataluña-, cuando la sociedad se polariza en dos razones colectivas enfrentadas? En primera estancia, cabe señalar que el enfrentamiento tiene lugar desde el momento en que cada posición cree estar en posesión de la razón absoluta, lo cual significa que ambos consideran al posicionamiento enfrentado como una sinrazón a la que hay que contrarrestar. Así pues, ¿cuál de las dos posturas opuestas tiene razón?.

La razón no es sinónimo de racionalidad, pues ésta no es más que la elucubración intelectual para justificar una posición o comportamiento, ni tampoco es sinónimo de razonamiento, puesto que se refiere a la conexión de ideas de forma lógica para establecer un argumento determinado, y todos sabemos que podemos aparentar ser racionales o establecer razonamientos y no por ello tener razón sobre un tema objeto de reflexión. Así pues, cuando hablamos de tener razón sobre algo nos referimos a la capacidad humana de establecer un discernimiento racional desde el razonamiento lógico lo más cercano posible a la verdad del asunto que tratamos. Y para ello, como diría Leibniz (el mayor filósofo alemán del XVII), se requiere de un principio de razón suficiente, también denominado más tarde por Kant (de educación leibniziana en el XVIII) como principio de razón determinante, lo cuales son postulados opuestos al principio de contradicción.

Cabe apuntar que a la hora de tratar sobre la razón no tienen cabida los relativistas, pues se tiene o no se tiene razón, ya que en filosofía política no hay lugar para el milagro del gato de Schrödinger que estaba vivo y muerto a la vez.

La razón, que tiene la capacidad de establecer o descartar conceptos concluyentes en función de su coherencia con respecto de otros conceptos de partida, se fundamenta en un principio lógico fundamental (siendo la lógica la disciplina que descubre las reglas que rigen toda razón): El Principio de No Contradicción. Este principio evidencia que un mismo concepto no puede ser y no ser a la vez. Es decir, que una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido (Un principio clásico de la lógica y de la filosofía). Este Principio de No Contradicción -que recoge por primera vez Platón en su obra La República-, permite juzgar como falso todo aquello que implica una contradicción, pues las contradicciones acaban por construir razones argumentales que se reducen al absurdo.

Así pues, ¿cuál de las posiciones de razón política enfrentadas en Cataluña no cumplen con el Principio de No Contradicción?. ¿Cuál de las polarizaciones de la razón enfrentadas contradice su propio marco de referencia argumental sobre el que se sustenta?.

A la revisión objetiva de los relatos argumentales esgrimidos por las partes implicadas en el debate político catalán, y a la luz objetiva de la lógica, queda diafanamente claro que en Cataluña existe un posicionamiento social que ostenta la razón, mientras que otro se sitúa en el terreno de la sinrazón, siendo éste último el caso de los independentistas que llevan violentando de manera sistemática el principio de No Contradicción desde el inicio de su deriva secesionista (Véase los artículos: “Catalunya está fuera del Estado de Derecho en su golpe independentista inviable” y “La Ética de la legitimidad democrática del Gobierno catalán no es correcta ni aplicable”).

Una vez esclarecido qué posicionamiento ostenta la razón (sabedores que en los principios lógicos que rigen toda razón no hay cabida para medias tintas, lo que se denomina principio del tercero excluido), solo cabe preguntarse ¿cómo se afronta un debate político desde la posición de la razón frente a un posicionamiento social fundamentado en la sinrazón?. La respuesta, en el caso que nos ocupa de Cataluña, no puede ser otro que mediante la aplicación de la Razón de Estado, un concepto desarrollado tanto en filosofía política como en ciencia jurídica, que entiende que el ejercicio efectivo de dicha razón nunca excederá los limites de la legitimidad del propio Estado, en este caso, de un Estado de Derecho democrático. Es decir, que la razón del Estado de Derecho se impondrá frente a la sinrazón del posicionamiento social de los independentistas mediante el uso legítimo de la aplicación de la ley.

Pero la razón socio-política no solo se combate, en casos excepcionales como el actual, mediante la fuerza coercitiva de la Razón de Estado, sino que la sinrazón social también se debe combatir de manera imperativa mediante la razón cultural, la cual requiere de formación en materia de Democracia, Legitimidad democrática, principios del Estado de Derecho, e incluso, ¿por qué no?, sobre historia, derechos y responsabilidades del ejercicio de la desobediencia civil. Y, sobre todo, de Lógica y Filosofía Política. Puesto que si por algo destaca el movimiento social que defiende la sinrazón democrática de la que somos testigos en la actualidad es, justamente, por su analfabetismo político. Una carencia cultural de partida que no le invalida para crear un razonamiento político que, aunque falso, se cree en posesión de la fuerza de la razón. Y no hay nada más peligroso para la Democracia, y por extensión para la buena convivencia social, que una masa sinrazón que se cree poseedora de la (falsa) razón.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano