viernes, 28 de julio de 2017

Frente a los juicios de valor categóricos de quienes nos atacan: Reductio ad Absurdum

¿Quién no se ha sentido atacado alguna vez frente a alguien que le enjuicia peyorativamente, sin siquiera conocerle? Una experiencia que no deja de ser anecdótica a no ser que debamos vernos obligados a convivir habitualmente con el o la “enjuiciador/a”. En tal caso, queda claro que la relación interpersonal continuada puede afectar, en primera instancia y de manera directa, a nuestro nivel de salubridad de autoestima, pues los juicios de valor negativos siempre buscan establecer una relación de poder donde el enjuiciado, por ser desvalorizado, queda relegado a los niveles inferiores de la estructura jerárquica moral y/o social establecida. Y, en segunda instancia y por efecto casuístico, dicha relación interpersonal puede llegar a quebrarse tras la fuerza de fricción continuada que se aplica, para disfrute del enjuiciador y consecuente agravio del enjuiciado.

Argumentaciones a favor o en contra de carencia de estados de empatía o de simples habilidades sociales de respeto al prójimo a parte -entre otras posibles patologías emocionales-, que pueden suscitar los diferentes escenarios de juicios de valor categóricos negativos, la cuestión es cómo gestionamos estas situaciones que agreden de manera continua nuestra personalidad y, por tanto, ponen en peligro una relación interpersonal, sin que ni nuestra autoestima ni la relación se vean afectadas.

Una manera de gestionarlo es intrapersonalmente. Es decir, reforzar nuestra Autoestima a nivel personal (Autoridad Interna), interactuando lo justo y necesario con el enjuiciador sin buscar el enfrentamiento, para no retroalimentar su necesidad de desvalorizar nuestra persona como reafirmación a su identidad dominante, y asimismo, minimizar el riesgo de salir heridos emocionalmente. Una táctica que, si bien parece la más acertada -junto al acto reflejo de mantener la distancia-, tiene un efecto secundario negativo, pues la muestra de educación se percibe como debilidad, reforzando de esta manera la actitud de enjuiciamiento peyorativo por parte del enjuiciador contra nuestra persona.

Mientras que otra manera de gestionarlo adecuadamente es interpersonamente. Es decir, gestionar la situación desde una acción directa y decidida desde la dialéctica con el enjuiciador con el objetivo de forzarle a ver el absurdo de su alegre y gratuito juicio de valor negativo, quizás una de las pocas maneras, ya no tan solo de salvaguardar nuestra autoestima y la relación personal, sino de reeducar a nuestro interlocutor en la práctica de la higiene verbal y, por extensión, mental. Pues la crítica sistemática no es más que un mal hábito, y no un rasgo de personalidad, que podemos modificar.

Pero, ¿cómo hacemos ver al enjuiciador el absurdo de su juicio de valor?. Pues mediante la técnica lógico-dialéctica de la Reducción al Absurdo (Reductio ad Absurdum) de un método tan antiguo como la propia humanidad: el Método Socrático, que nos fue descrito por Platón. No obstante, si bien este método indaga o busca nuevas ideas mediante una serie de preguntas alrededor de un tema central para evidenciar el acierto de un “punto de visa” a través de hacer que el interlocutor se contradiga a si mismo y de alguna forma apruebe el “punto de vista” en cuestión, nuestra técnica de Reductio ad Absurdum es mucho más simple y sencilla: se basa única y exclusivamente en responder de manera pausada y tranquila, frente a cada nuevo juicio de valor categórico, con la secuencia interrogativa del “¿Por Qué?”. Fórmula que utilizaremos tantas veces como haga falta hasta que el enjuiciador se vea reducido al absurdo de su categorización, estado al que llegará tras pasar por varios registros emocionales, pues a los enjuiciadores no les gusta que les contradigan en sus juicios de valor, y mucho menos dar explicaciones, pues no tienen argumentos sólidos para ello.

Ejemplo:

Enjuiciador/a: - (Imperativo) A ti no te gusta tomar el sol
Enjuiciado: -¿Por Qué dices que no me gusta tomar el sol?
Enjuiciador/a: - (Defensivo) Ay!, no sé, como vas a la playa y no te estiras a tomar el sol
Enjuiciado: -¿Por Qué si no me estiro significa que no me gusta tomar el sol?
Enjuiciador/a: - (Ofendido) Ah!, no, no, tranquilo, haz lo que quieras...

Así pues, frente a los juicios de valor categóricos de quienes nos atacan, porque se creen superiores en uno u otro sentido: Reductio ad Absurdum. Seguramente uno de los mejores métodos para restablecer el equilibrio de una relación interpersonal basada en el respeto, cuando uno de los dos interlocutores sea un enjuiciador/a compulsivo con el que debamos relacionarnos con cierta asiduidad. Fiat Lux!


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano