miércoles, 14 de junio de 2017

¿Cómo transformamos un estereotipo en un valor social?

Los estereotipos no son más que una idea preconcebida de cualidades o conductas de una persona o colectivo dentro de los roles de una sociedad determinada y, por tanto, vienen determinados por una alta carga cultural. Pero al final, cuando hablamos de estereotipos, estamos hablando de una respuesta del miedo como defensa a lo desconocido o a un posible cambio que nos puede obligar a salir de nuestra zona de confort (costumbres y rutinas en un espacio conocido y controlable).

Si ese miedo a lo desconocido o al cambio, que solemos manifestar con recelo y rechazo y lo expresamos mediante la estereotipación de personas o colectivos concretos, no lo gestionamos adecuadamente, la sensación del miedo puede transformarse en rabia, lo que conlleva agresividad (ya sea administrativa, jurídica, cultural, de relaciones sociales, física, etc), que no es más que la voluntad activa de confrontación y sometimiento mediante el uso de las relaciones de poder.

En resumen, la estereotipación es la respuesta del miedo y de una posible rabia complementaria hacia lo diferente.

La clave está en la gestión del Miedo y la Rabia

Como sabemos, el Miedo y la Rabia son dos de las cuatro emociones básicas que tiene el ser humano, y que representan -en nuestro sencillo mecanismo biológico-, la primera fase de descodificación del mundo más inmediato que nos rodea y que captamos a través de los cinco sentidos físicos. (Recomiendo la lectura de las cuatro fases secuenciales del proceso de creación de nuestro mundo mental-emocional, recogidas en la obra “Manual del Ejecutivo Feliz”, Jesús A. Mármol, Ed. Bubok, 2016, de descarga gratuita).

El Miedo se caracteriza porque es una emoción básica de repliegue, y tiene la función de ayudarnos a advertir un posible peligro. Mientras que la Rabia se caracteriza porque es una emoción básica de apertura o expansión, y tiene la función de ayudarnos a soltar aquello que no queremos o a responder ante una posible amenaza.

Si bien las emociones básicas crean lo que conocemos como pensamientos, es a través justamente de la gestión del conocimiento (cambio del status de los pensamientos) que podemos transformar las emociones básicas de negativas en positivas.

No hay transformación social sin revalorización del estereotipo

No obstante, los estereotipos no pueden transformarse socialmente tan solo con la gestión del conocimiento, que nos enseña a conocer la naturaleza de esa diferencia de la que reaccionamos con miedo y/o rabia. Es por ello que las campañas exclusivas de información, formación o divulgación en relación a un colectivo de personas que consideramos diferentes no producen el cambio social esperado.

Para que pueda haber transformación social, junto a la gestión del conocimiento (¿qué es y de que se trata esa diferencia?) necesitamos dar valor social a ese conocimiento. Es decir, resolver la pregunta del “¿qué nos aporta?” esa diferencia al conjunto de la sociedad. Pues solo aquello a lo que le damos valor socialmente lo integramos en nuestra cosmología social. Ya que una vez que hemos resuelto la cuestión de cómo podemos dar sentido a la diferencia o al elemento diferencial dentro de la sociedad, nos plantearemos de manera decidida y activa a buscar las formas y maneras de cómo poder aprovechar dicha diferencia para beneficio del conjunto de la sociedad. (En este punto recomiendo la lectura de la “Fórmula de la Gestión de la Diferencia”).

Si algún ámbito destaca por saber aprovechar la diferencia es, justamente, el mundo empresarial, quien ha convertido la gestión de la diferencia en un instrumento clave de management para crear espacios de Inteligencia Colectiva (suma de inteligencias singulares y diversas) en la búsqueda de la competitividad en un mercado en continuo cambio y transformación. Tanto es asi que el nuevo paradigma empresarial no es otro que el de “Innovar o Perecer”, pero no hay innovación sin gestión de la diversidad en un mundo global e interrelacionado a tiempo real.

Seamos pues inteligentes, y aprovechemos el enfoque empresarial de la gestión de la diversidad -donde los estereotipos se diluyen en beneficio común-, para enriquecer nuestras sociedades. Pues evolucionamos como sociedad gracias al desarrollo de los talentos singulares de las personas, y los talentos no saben de estereotipos de género, tendencia sexual, clase social, religión, u otros. Conscientes que en toda integración de la diversidad se generan espacios tangentes de cocreación social siempre que existan principios básicos de intereses comunes y confianza mútua.

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano