lunes, 9 de enero de 2017

Educar hoy en valores sin injerencias mediáticas es como poner puertas al campo


La top model Karlie Kloss en el spot "Bad Girl" de la fragancia de CH
Hace un par de semanas, en ocasión de un artículo que escribí sobre educación en gestión emocional como receta para los males en las relaciones interpersonales, ya apunté la importancia de unos valores positivos como refuerzo para el desarrollo de una sociedad sana. Pues toda conducta caracterizada por el buen juicio es de naturaleza doble: su estructura se fundamenta tanto en la inteligencia emocional como en los valores sociales positivos. Una reflexión que despertó una pequeña tertulia doméstica con mi pareja Teresa sobre quién tiene la responsabilidad de educar dichos valores a los más pequeños, llegando a la conclusión que en un mundo tan complejo como el actual padres y escuela tenemos un alcance limitado. Días más tarde, y al hilo de la tertulia ociosa de media tarde con la que nos habíamos entretenido, Teresa me reenvió un mensaje anónimo en formato imagen que corre por las redes sociales, que reza: “No puedes educar a tus hijos como lo hicieron tus padres contigo, pues tus padres te educaron para un mundo que ya no existe”.

Sí, lo cierto es que el mundo evoluciona a una velocidad de vértigo, creando nuevas referencias sociales que dejan obsoletas a sus predecesoras, lo cual es causa de los cotidianos desencuentros entre generaciones de una misma familia (Incluso las palabras cambian de significado en cada nuevo salto generacional). Pero con independencia del continuo cambio y transformación del mundo, que es ley de vida (aunque el ritmo es cosa de los hombres), la pregunta de rigor es ¿quién tiene potestad en nuestra sociedad de crear y promover los valores?. Esos valores que determinan cómo debemos de entender, enjuiciar y actuar frente a la realidad más inmediata que nos rodea.

Los que somos padres lo tenemos claro: los valores sociales vienen determinados por los medios mediáticos, cuya fuerza tiene la potencialidad de arrollar cualquier esfuerzo en sentido contrario que se haga desde el seno familiar o desde la comunidad educativa. Una fuerza mediática que se caracteriza por cuatro factores claves:

I.-Es Multiformato (plurilenguaje): Ya que se comunica vía películas, series y programas televisivos, anuncios publicitarios, letras de canciones, vídeos musicales, vídeos ociosos de internet, mensajes en caracteres, imágenes de marcada intencionalidad, etc.

II.-Es Multicanal: Ya que se transmite en cualquier dispositivo basado en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como pueda ser el cine, la televisión, la radio o cualquier soporte conectado a internet: ordenadores, teléfonos móviles, tablets, relojes y cámaras de última generación, etc.

III.-Es Omnipresente: Ya que los TIC's son la base de nuestra sociedad actual de la era tecnológica y la gestión del conocimiento, cuya información se transmite a tiempo real y de manera global.

Y, IV.-Es Emocioadictivo: Ya que su mensaje se fundamenta en la exaltación sensitiva del placer (hedonismo), mediante experiencias cortas e intensas (uso del lenguaje visual y musical, mayoritariamente), con una clara vocación de generar un hábito de consumo continuo de nuevos mensajes (directamente relacionado con los hábitos de conducta de consumo de productos y servicios en la vida real).

Bien, una vez que somos conscientes de quién tiene a día de hoy la potestad de imponer los valores sociales, la consiguiente pregunta que nos debemos hacer es si estos valores que generan, promocionan e instauran los medios mediáticos -con casi plena impunidad y descontrol-, son los más adecuados para crear una sociedad basada en los valores positivos de corte humanista que posibilitan la convivencia armoniosa de cualquier comunidad. A todas luces, y remitiéndonos a las tendencias de comportamiento sociológico (que constatamos en nuestras propias ciudades), podemos decir que no. Lo cierto es que la fuerza mediática no es más que un instrumento de gestión del Mercado, y los valores de éste se centran en la obtención de resultados económicos, excluyendo cualquier interés de beneficio social, cuyo objetivo contrariamente persigue el humanismo.

Así pues, ardua se presenta la tarea de los padres y los centros educativos responsables en educar a las nuevas generaciones en valores sociales contrarios a los que dicta el Mercado, pues es como poner puertas al campo, colocar señales de tráfico a los pájaros en cielo abierto, o intentar controlar el aire que respiran nuestros hijos. Es por ello que cuánto más difícil resulta la tarea, mayor esfuerzo, responsabilidad y diligencia se requiere de nuestra parte como tutores, pues no hay padres (equilibrados emocionalmente) que no quieran ver crecer a sus hijos con unos sólidos valores sociales positivos.

No obstante, si bien hacemos en trabajar el control sobre la educación de valores sociales positivos en el seno de nuestro hogar y escuela, bien haríamos, a la vez, en trabajar el control sobre los valores sociales que promueve la nueva religión conocida como economía de libre mercado. Todo es cuestión de desdramatizar y de legislar poniendo énfasis en el equilibrio entre beneficio social y beneficio económico (donde no todo vale ni se puede permitir). En caso contrario, padres y escuelas responsables nos vamos a convertir en la Resistencia del humanismo, y ya sabemos que las Resistencias -que siempre son minoría- solo ganan las batallas en las películas. Además, y por otro lado, deberíamos reflexionar seriamente sobre la siguiente pregunta: ¿vale la pena el coste social de un Mercado sin humanismo?.



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano