viernes, 2 de diciembre de 2016

Ocupamos las agendas de tareas para llenar el vacío

No hay mejor manera de ocupar el tiempo que coger una agenda de semana vista y comenzar a llenarla de ocupaciones. No importa lo trascendentes o productivas que sean las tareas, lo importante es rellenar los espacios diarios en blanco para estar ocupados. Tampoco es relevante el hecho de tener ocupaciones previamente pensadas, ya que nuestro pavor a no tener nada que hacer genera el milagro de rellenar la agenda de pequeños actos que nos llevarán a disfrutar de una enajenada semana del todo entretenida. La razón no debemos buscarla en la locura humana, sino en el profundo sentido mismo de la vida que no es otro que el de conquistar el espacio vacío.

De hecho la Vida, que se viste de materia, solo representa menos de un insignificante 0,1% del Universo. En otras palabras, el Universo está vacío en un 99,9%, según cree la comunidad científica. Tanto es así que si pudiéramos extraer el vacío existente en la materia de nuestros cuerpos, la totalidad de la humanidad tendría el tamaño material de un terrón de azúcar. Para hacernos una idea, si fuéramos capaces de ampliar un átomo a escala humana para colocarlo en un campo de fútbol de primera división, el núcleo del átomo se hallaría en el centro del estadio y tendría el tamaño de un guisante, y sus primeros electrones estarían ubicados en las últimas gradas con un tamaño semejante al de una cabeza de alfiler. Y entre medio, el vacío.

Sí, el sentido de la Vida es llenar el vacío, que es diferente al sentido que nosotros como seres cognitivos buscamos darle a nuestras vidas personales. Por lo que con independencia de si las tareas que llenan nuestra agenda dan sentido a nuestra vida individual, cubriendo o no las necesidades de autorealización existencial, ya están cumpliendo el sentido de la Vida misma: conquistar el vacío. ¡Cuánto nos horroriza no tener nada que hacer!. De ahí la necesidad de la naturaleza humana de estar ocupados continuamente, pues es la naturaleza de la materia misma. Aunque otra cosa bien diferente es la patología de vivir con una mente proyectada las 24 horas del día en el futuro inminente de nuestra realidad más inmediata, propio de una sociedad poco saludable (aunque este es tema para otra reflexión). Así como es interesante observar que el acto compulsivo e irrefrenable de “hacer” genera, por un lado, un flujo de creación, reinvención e innovación en continuo cambio y transformación; y por otra parte tiene un efecto de expansión de la Vida respecto al espacio vacío. Aunque esta parece ser una batalla perdida, pues aunque la Vida se esfuerce en ser creativa con el propósito de expandirse con un claro espíritu de conquista, el vacío del Universo continua agrandándose con la expansión continua del Universo mismo.

Así pues, la transcendencia del ser humano no radica en llenar el vacío, sino de tener un objetivo definido para llenar ese vacío, que es lo que define nuestro propósito de Vida. ¡Cuántas veces rellenamos la agenda de ocupaciones a una semana o mes vista sin un objetivo concreto, o sin que dicho objetivo nos aporte ningún saldo positivo al balance de nuestras vidas, más que el de tener entretenida nuestra existencia a merced del paso del tiempo que no perdona!.

Pero lo relevante de la situación es que, si nos paramos un momento a observar y reflexionar sobre la naturaleza del acto de llenar el vacío, nos percataremos que cada vez que llenamos dicho vacío en nuestras vidas estamos creando una realidad nueva, y que la calidad de dicha nueva realidad viene determinada por el enfoque y la intencionalidad de nuestra conciencia. No en balde los físicos afirman que la energía del Universo sigue a nuestra conciencia, y no al revés (máxima respaldada, a su vez, por neurólogos y genetistas); pues nosotros, al ser una manifestación de la Vida cocreamos la realidad existente. Otro tema es que, a nivel individual, cedamos la potestad de crear nuestras realidades cotidianas a terceras personas externas a nosotros mismos, dejándoles que determinen la configuración de nuestra propia realidad.

Sin ánimo de alargar más esta pequeña reflexión, solo cabe decir con voz alta y clara que sí, que continuemos llenando de ocupaciones las agendas personales, pues es nuestra naturaleza llenar el vacío, pero que seamos inteligentes (pues la Vida es inteligente) y hagámoslo con la intencionalidad consciente de un propósito vital beneficioso para nosotros mismos y los que nos rodean.


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..Y para quienes deseen seguir recreándose en la lectura reflexiva, les aconsejo el apartado de la letra "V" del glosario del Vademécum del ser humano