jueves, 15 de diciembre de 2016

El Mercado, como el Péndulo de Newton, no requiere de personas moralmente buenas


No tengo uno, pero debo admitir que me encanta el Péndulo de Newton, ese artefacto que comercialmente se vende como un entretenimiento de escritorio formado por un bastidor del que están suspendidas cinco bolas alineadas horizontalmente y en contacto con sus adyacentes cuando están en reposo, que cuando les ejerces una pequeña fuerza motriz con la mano colisionan entre sí creando un movimiento pendular de las bolas situadas en los extremos. Lo cierto es que podría perder la noción del tiempo mirándolo :-)

Si ponemos atención a las bolas suspendidas que hacen de péndulos, tenemos claro que entre las características que deben tener para que el juguete de mesa funcione no le vamos a pedir que tengan una conducta moralmente buena entre ellas, pues nos es totalmente indiferente, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el Péndulo de Newton, en su conjunto, funcione correctamente. Es decir, que sean bolas idénticas en peso, masa y volumen, y que estén suspendidas del bastidor por hilos de igual longitud e inclinados con un mismo ángulo en sentidos opuestos todas ellas, para poder restringir el movimiento de las bolas en un mismo plano vertical que permita la finalidad propia del artefacto: demostrar la Ley de conservación de la energía, que nos dice que la energía ni se crea ni se destruye,sólo se transforma. En otras palabras, lo único que nos importa es que las bolas hagan su función como parte del mecanismo, con independencia de su moralidad individual.

Pues lo mismo sucede con el sistema económico de libre mercado que impera a nivel global, el Capitalismo, que podemos asemejarlo al artefacto en si mismo, siendo las empresas las bolas del péndulo que generan el movimiento, y las personas el perfil característico de éstas. Y de igual manera que sucede con las bolas del Péndulo de Newton, el Capitalismo no requiere de las personas que forman una empresa que éstas sean moralmente buenas, sino que cumplan con las condiciones necesarias para que el sistema económico de libre mercado, en su conjunto, funcione correctamente: es decir, que sean personas competitivas en su puesto de trabajo.

Habrá quien pueda pensar que en un mercado laboral donde cada vez se valora más la Inteligencia Emocional como factor clave del mundo empresarial, tal y como lo señala el Foro Económico Mundial en las habilidades esenciales para la cuarta revolución industrial, el ser y tener una conducta catalogada como de buena persona es inherente a la propia Inteligencia Emocional en la construcción de un mundo más humanizado. Nada más lejos de la realidad. No nos confundamos, la Inteligencia Emocional no es un rasgo de carácter, como sí lo es el ser una buena persona, sino una habilidad que se aprende para poder conseguir los objetivos que la persona se propone, por lo que la Inteligencia Emocional representa un instrumento de gestión clave para la competitividad profesional. En otras palabras, una persona puede ser inteligente emocionalmente y, por tanto, ser competitivo laboralmente (que es lo que se busca), pero no ser una buena persona desde un punto de vista ético y moral. (Recomiendo la lectura de “La Fórmula de la Inteligencia Emocional” de la serie de artículos sobre Desarrollo Competencial de Las Fórmulas de la Vida, para mayor profundización).

Por otro lado, por si no nos hemos percatado, el Péndulo de Newton cuenta con un número limitado de bolas, al igual que le sucede a la maquinaria del Capitalismo que para su funcionamiento óptimo -marcado por el ritmo y movimiento fluctuante de la oferta y la demanda- tan solo requiere de un número determinado de empresas y trabajadores. Por lo que, amig@, que no te lleven a engaño: ser solo buena persona no te va ha asegurar un puesto de trabajo (que los dioses están en otras cosas), y menos en tiempos de crisis donde el Péndulo solo requiere de tan solo dos bolas para poder funcionar. O eres competitivo, o no eres, he aquí la cuestión en una sociedad donde la maquinaria del Mercado determina nuestras vidas.

No quisiera acabar la reflexión sin remarcar que este artículo no pretende ser una oda de exaltación a ser malas personas para poder triunfar profesionalmente -como muchos realitys shows ya promueven de manera (a)normalizada-, sino mostrar la evidencia de que no existe correlación directa entre ser buena persona y tener éxito laboral (para desilusión quizás de muchos bajo una determinada idea preconcebida de justicia divina), pues esta premisa no tiene cabida en la lógica de la economía de mercado. Y a los hechos de rabiosa actualidad podemos remitirnos.

De igual manera, el reflejo que nos muestra este artículo nos debe hacer reflexionar sobre el modelo de sociedad que estamos creando, puesto que si bien ya es por todos aceptado que la Economía y sus reglas de funcionamiento definen nuestra sociedad, a nivel social sí que necesitamos poner en valor la buena conducta ética y moral (aunque solo sea por una cuestión pragmática de supervivencia como especie). La pregunta, por tanto, en un mundo regido por el Dios Mercado, es ¿quién se va a ocupar de la ética y la moral?. Y ya podemos olvidarnos de los profesores que, con lo que les pagamos, suficiente problema tienen para poder subsistir. Otro tema digno de urgente reflexión...


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano