martes, 8 de noviembre de 2016

La Filosofía, aunque se vista de Pensamiento Computacional, Filosofía se queda

La filosofía, considerada a lo largo de la historia como la ciencia más general o la ciencia de las ciencias, no es más que la capacidad del hombre de buscar una explicación racional a todas las cosas mediante la crítica y sistematización u organización del conjunto del saber, ya sea éste procedente de las ciencias empíricas, la erudición, la experiencia común o cualquier otra fuente. O dicho en otras palabras, para que haya filosofía debe de existir un razonamiento lógico-crítico, más conocido como Pensamiento Crítico, derivado de una actitud reflexiva hacia el mundo que nos rodea. Una capacidad humana, profundamente humana, que en las últimas décadas ha sido desvalorada hasta el punto de suprimir la milenaria asignatura de filosofía de los centros educativos e incluso de purgar la existencia de las propias facultades de filosofía de las universidades, en gran medida a causa de la cultura tecnológica. Pero, ¿qué sociedad vamos a construir si amputamos de las mentes pensantes la capacidad de reflexionar sobre el por qué de las cosas, con qué lógica debemos resolver los problemas que se nos platean y en qué dirección debemos ir?.

Una incógnita -derivada de una necesidad social real-, a la que la misma cultura tecnológica con que se envuelve el siglo XXI ha dado respuesta: el Pensamiento Computacional. Una tipología de razonamiento creado explícitamente para la resolución de problemas cuya metodología se resume en tres fases de desarrollo bien definidas: la definición del problema (de manera clara y completa), el análisis del problema (definiendo sus recursos y procesos), y la evaluación de las diversas alternativas seleccionando la de mayor costo-efectividad que permite plasmar la solución mediante el pseudolenguaje de los algoritmos (forma ordenada y sistemática de descomposición y solución de un problema). Todo un proceso cognitivo basado en el Pensamiento Crítico, es decir, filosofía en estado puro. Aunque, al igual que existen las diversas clasificaciones de filosofía del cambio, del esfuerzo, de la mente, de la religión, o la psicológica, en este caso concreto podríamos denominarla filosofía computacional o práctica, fundamentada en las lógicas formal y simbólica (o matemática) que tan bien conoce la filosofía mediante el desarrollo de sus múltiples teorías existentes.

La buena noticia es que, excluyendo la historia de la filosofía (que es la historia de la evolución del razonamiento lógico-critico de la humanidad), la filosofía regresa con fuerza en la era tecnológica aunque bajo otra etiqueta y un nuevo lenguaje (el Pensamiento Computacional), imponiéndose en el sistema educativo de manera transversal -como hacía siglos que no sucedía- para la sostenibilidad, retroalimentación y evolución de la misma sociedad moderna. Quién sabe si el nuevo conocimiento del Pensamiento Computacional adopte como propio, previa actualización algorítmica, el símbolo de la filosofía antigua como enseña de identidad; y en las facultades virtuales se imponga el lema redefinido de Ortega y Gasset a modo de: “Yo soy yo, y la resolución de mis problemas”, o el mismo de Sócrates rezando tal que: “Resuelve los problemas y conócete a ti mismo”. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, a nadie se le escapa que la universalización del Pensamiento Crítico (como esencia de la naturaleza del Pensamiento Computacional) es una muy buena noticia para el conjunto de la nueva humanidad que evolucionamos ya no bajo determinismos biológicos sino de conocimiento. Sabedores que el Pensamiento Crítico es, a su vez, fuente vital de la curiosidad humana y, por tanto, de la creatividad y la innovación, enjuiciando los parámetros de la realidad existente en busca de una nueva, mejorada y actualizada versión de la misma para beneficio de la sociedad. Otra cosa son los valores y principios imperantes de la sociedad que permita equilibrar el juego de engranajes de contrapeso existentes entre el Bien Privado y el Bien Colectivo, generadores de la fuerza motriz de toda evolución, aunque este es tema para otra reflexión.

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