martes, 19 de julio de 2016

Y la realidad se hizo videojuego..., como proceso en la evolución del ser humano

Ayer tarde, de vuelta a casa, me encontré por la calle con jóvenes de diferentes edades que iban en grupos de dos, de cuatro, de siete, de doce, de quince, de veinte, entre otras posibles combinaciones numéricas, de chicos y chicas más o menos caminando juntos y al mismo paso. A primera vista creí que se trataba de alguna excursión de carácter extra escolar, pero no tardé en percatarme de un rasgo común: todos ellos tenían fijada la mirada en sus teléfonos móviles, para indiferencia de la vida que transcurría a su alrededor, y su actitud no era en absoluto de paseo, sino de caza. Sí, esos jóvenes entre los doce y los veinte y algo, caminaban conectados a la realidad virtual de sus aplicaciones de móvil a la caza de pokémons, convirtiendo la realidad en una extensión más del videojuego.
Lo cierto es que la experiencia me sorprendió, no tanto por observar a hordas de jóvenes caminando por la calle sin ver -literalmente- más allá de sus dispositivos móviles, algo a lo que comenzamos a estar acostumbrados (solo hay que ver cómo viajamos en metro: todos "desconectados"), sino por el hecho cualitativo de observar que la realidad virtual ha saltado del ámbito privado de nuestras casas a colonizar -como si de la plaga de un virus informático se tratase- el resto de nuestro mundo real. Y todo ello gracias a Pokémon Go, un videojuego de aventuras de realidad aumentada, que permite ver la realidad mezclada con elementos de ficción a través de un teléfono inteligente.
Admiración a parte por la vertiginosa y deslumbrante evolución tecnológica de la que somos testigos, como libre pensador no puedo más que hacerme una doble pregunta:
I.-¿Qué realidad futura vamos a crear como especie bajo el influjo de la realidad virtual?
y, II.-¿Qué tipo de valores humanos van a dar sentido a la sociedad fruto de esa futura realidad tecnológica?
Referente a la primera cuestión, lo cierto es que al ver ayer tarde a los jóvenes imbuidos en su mundo virtual a la caza de elementos de ficción utilizando la realidad natural como campo de juego y aventuras, no pude dejar de preguntarme qué tipo de sociedad futura construirán esos adultos del mañana, consciente que en una o dos generaciones serán los nuevos arquitectos, policías, maestros, juristas, médicos, ingenieros, y políticos, entre otras muchas profesiones. Y cómo la integración en sus vidas del hecho de interrelacionar -de manera casi innata- realidad natural y artificial afectará a la construcción de los nuevos edificios, de la nueva medicina, de las nuevas leyes, o de las nuevas relaciones interpersonales, por poner un ejemplo, de una sociedad del mañana cuyos aires de cambio ya podemos sentir, más que presentir.
Es curioso, por otra parte, observar cómo la realidad independiente en sí misma (sin el ser humano), la realidad captada por el ser humano, y la realidad creada por el mismo ser humano, divergen cada vez más a medida que la evolución del ser humano deja de ser biológica -como podamos entenderlo darwinianamente a semejanza del resto de especies-, para ser estrictamente tecnológica. (*)
Mientras que referente a la segunda cuestión, está claro que los principios que configurarán la escala de valores de la sociedad del inminente mañana, y que por tanto darán sentido a dicha sociedad, estarán directamente influenciados por las reglas de juego de la realidad aumentada de base tecnológica. De igual manera que la industria cinematográfica en los últimos tiempos a redefinido el concepto y la relación de amor de pareja (renovado y actualizado a cada nueva generación), la nueva industria virtual de juegos de aventura sobre una realidad aumentada basada en los principios de la lucha, la competitividad y la obtención de poder como idea de éxito, en un campo de batalla que es el planeta entero (mundo globalizado), es obvio que determinará el contenido de los principios y valores humanos de la sociedad del futuro.
Por otra parte, no puedo más que señalar -con cierta desazón-, que la evolución tecnológica que es motor de la evolución del ser humano como especie, no viene motivada por intereses altruistas de mejora y trascendencia de la humanidad, sino como es recurrente por intereses económicos partidistas. En este caso, por la urgente necesidad de una compañía privada como es la japonesa Nintendo por aumentar sus beneficios económicos ante una galopante pérdida de mercado y de valor empresarial. Resumiendo: un éxito empresarial partidista rige el rumbo de nuestra sociedad. Cada cual que saque su propio juicio de valor.
No obstante, tanto si nos gusta como si no, lo cierto es que la humanidad como especie sigue evolucionando, aunque ya no sea de manera biológica (seguramente este sea un punto importante de inflexión para nuestra joven especie). Y con independencia de las motivaciones de dicha evolución, lo que sí que podemos afirmar es que la Evolución nunca se equivoca. Podemos debatir sobre los caminos posibles, pero como reza el refrán, al final todos los caminos llevan a Roma. Y la Evolución, fiel a la máxima de toda energía en el Universo, siempre busca el recorrido más fácil.



(*) N.A.: La trilogía sobre la Realidad fue una de las apasionantes reflexiones en mi juventud, dando como resultado la obra de física-teórica "La Velocidad, Señora del Espacio-Tiempo", en un intento de describir la Realidad como entidad independiente en sí misma (sin el ser humano).