miércoles, 30 de marzo de 2016

Conoce la fórmula de Gestión del Miedo: GM=R/T.AI

El miedo es el mayor paralizante del ser humano, y por tanto uno de los inhibidores principales a la hora de intentar alcanzar nuestros sueños. Muchas veces, el miedo se nos presenta tan solo como sombras proyectadas en la pared, sin consistencia real alguna, pero aun así su influjo tiene la capacidad de dominar nuestros cuerpos y almas. Cada persona tiene una manera diferente de reaccionar ante el miedo, pero al final tan solo hay dos reacciones posibles: huir de él o enfrentarse a él. La mayoría de las personas optan por la primera opción, si bien es cierto que nadie, a lo largo de su vida, está exento de enfrentarse al miedo en una u otra ocasión.

Cabe apuntar, antes de comenzar, que el miedo forma parte de las cuatro emociones básicas que determinan los pensamientos y sentimientos de todo ser humano, y en consecuencia tiene un efecto directo en la manifestación de nuestros actos en la realidad más inmediata que nos rodea, lo cual, asimismo, producirá un efecto consiguiente en nuestro entorno. Es por ello, que gestionar adecuadamente el miedo es un factor de autogestión emocional relevante para la calidad de vida de toda persona.

Vamos a ver a continuación, de manera sintetizada y práctica, la fórmula de Gestión del Miedo:

GM=R/T.AI

La Gestión del Miedo es igual al valor de la Respiración (R ) dividido por el valor de la Templanza (T), multiplicado por el producto de la Autoridad Interna (AI).

1.-Respiración (R )

El primer elemento de la formulación es una acción mecánica biológica, ya que el miedo como emoción primaria produce alteraciones biológicas en nuestra fisonomía. Así pues, el primer paso para gestionar el miedo es relajarnos, un efecto que conseguiremos mediante la práctica de la respiración, al aumentar el nivel de oxígeno en nuestro sistema sanguíneo. (1.1.Relajación)

Pero la respiración no puede ser abrupta, hiperventilada, o de cualquier otra manera descontrolada. Al contrario, la respiración debe ser consciente, lo que significa una acción mecánica natural y sosegada, poniendo nuestra atención en la respiración en sí misma. Una atención focalizada que nos ayuda a anclarnos en un solo tiempo: el presente, desapegándonos de un (inminente o no, posible y real o no) futuro angustioso. Un presente que, a su vez, representa el espacio de reencuentro con nosotros mismos. (1.2.Presencia)

Y en tercer lugar, justamente esa focalización de nuestra consciencia en un acto mecánico tan básico como el respirar (observando cómo entra el aire fresco por boca o nariz, llena nuestros pulmones, y es expulsado ya caliente por boca o nariz), produce un efecto milagroso que es el de despejar, acallar y, por tanto, relajar nuestra mente. Ya que el ser humano no puede pensar y estar concentrado en su respiración a la vez. Si al realizar el ejercicio pensamos, es que nos hemos desconcentrado de nuestra actividad, y nuestra atención ya no está focalizada en la respiración sino en algún otro lugar (pensamiento). En este punto, no pasa nada, tan pronto nos percatamos volvemos a poner la atención en nuestra respiración, conscientes que no hay maestría sin práctica, ni práctica sin disciplina. El miedo reside en nuestra mente, por lo que una manera muy eficaz para quitarle poder al miedo es, justamente, reducir el volumen de la actividad mental. (1.3.Dejar de pensar)

2.-Templanza (T)

No obstante, de nada nos servirían los beneficios internos que nos aporta la Respiración sin una actitud externa en consonancia que nos refuerce nuestro control sobre el miedo, una actitud que no es otra que la Templanza.

Para entender la actitud de la Templanza debemos saber que  todo lo conocido y por conocer de este mundo se encuentra en continuo movimiento pendular, donde lo existente está sometido a periodos cíclicos de contraste de expansión y contracción de igual intensidad, así sucede tanto para el proceso natural de nacimiento y muerte de una estrella, como para el desarrollo y desenlace de una pelea o la evolución del simple llanto de un niño. El entendimiento de este comportamiento en todo lo existente, por un lado nos permite desdramatizar las situaciones concretas al poder concebirlas dentro de un patrón de funcionamiento mayor al hecho concreto, pero por otro lado nos capacita para ser simples observadores del entorno a la espera del mejor momento para actuar de acuerdo a nuestros intereses personales. Esta predisposición de observador paciente e inteligente, que no se deja arrastrar por las circunstancias ambientales, no es más que la manifestación de la actitud de la Templanza: el arte de encontrar la moderación en medio de una situación percibida como extrema (In medium virtus).

Así pues, y sin extendernos, remarcaremos que Respiración y Templanza van íntimamente ligadas, ya no solo porque al respirar nos relajamos y potenciamos nuestro estado de moderación, sino porque al respirar de manera conscientes nos anclamos en el momento presente, el único espacio desde donde podemos actuar con Templanza.  Y como la finalidad de ésta no es otro que el obtener un control sobre nosotros mismos frente a un ambiente hostil, la Templanza es un factor clave en todo proceso de gestión del miedo, pues el miedo siempre busca el efecto contrario: la pérdida de control.

En resumidas cuentas, para trabajar la Templanza no hay mejor camino que practicar el anclarnos en el presente mediante la sencilla y transformadora técnica de focalizarnos en nuestra respiración, y desdramatizar el acontecimiento concreto de nuestra vida que genera el miedo mediante el ejercicio intelectual de ampliar el campo de visión del movimiento en su conjunto al que pertenece dicha singularidad perturbadora.

3.-Autoridad Interna (AI)

Pero a parte de la Respiración y la Templanza, no habría gestión del miedo eficaz si no fuéramos capaces de imponernos a ese miedo, ya que de lo contrario las decisiones que tomásemos no serían libres y propias, sino condicionadas y muy probablemente ajenas. Una actitud de no ceder nuestro poder personal al hecho objetivo o subjetivo que nos genera el miedo al que llamamos Autoridad Interna.

La Autoridad Interna es la fortaleza personal e íntima de mostrarnos a nosotros mismos y ante el mundo tal y como somos, lo cual implica una actitud activa de lucha firme y decidida contra aquellos aspectos de la vida, como el miedo, que buscan doblegar nuestra voluntad como individuos.

No voy a entrar aquí a desarrollar la Autoridad Interna, ya que es un factor muy extenso y profundo propio del proceso de madurez de evolución personal de todo ser humano, tan solo apuntaremos que su fortaleza es directamente proporcional a la fortaleza de los principios y valores en los que nos reafirmamos como individuos. Es por ello que, para imponer nuestra Autoridad Interna frente al miedo, nada mejor que reivindicar con justa indignación nuestros credos personales, pues son las convicciones las que posibilitan que las personas nos superemos.

Asimismo, cabe subrayar que no hay Autoridad Interna sin Templanza, ni Templanza sin Presencia, ni Presencia sin Consciencia; pues Conciencia es Presencia, Presencia es Templanza, y Templanza es Autoridad Interna. Y que todos y cada uno de ellas, asimismo, no existen sin la Respiración. Así pues, si quieres gestionar el miedo, no te olvides de respirar de manera consciente en el aquí y el ahora. En este punto, nos remitiremos a la fórmula de la Autoridad Interna de la serie de artículos de "Las Fórmulas de la Vida".

A la espera que la síntesis de la formulación de la Gestión del Miedo sea de tu utilidad, espero que cada día seamos más los valientes que luchemos contra nuestros miedos propios y ajenos, ya que la Vida es para los valientes. Fiat lux!