martes, 13 de octubre de 2015

¿Quo vadis Catalunya vs España vadis quo?

Manifestación frente al TSJC en el día de declaración por el 9-N
Casi todo el mundo sabe –no diremos todo el mundo para no pecar de inocentes-, que las relaciones, ya sean de pareja o paterno filiales, se basan en cinco principios básicos de relación interpersonal:

1.-Comunicarse (primera regla de oro), y hacerlo de manera amable y respetuosa.

2.-Expresar y demostrar el sentimiento de afecto mutuo.

3.-Desarrollar la confianza apoyando las inquietudes del otr@.

4.-Reconocer los errores y pedir disculpas si nos equivocamos.

Y, 5.-Ser empáticos, es decir, reconocer y valorar los sentimientos de la otra parte.

Unos principios que bien pueden extrapolarse a la relación entre Administraciones, en este caso aplicables a las relaciones entre Estado y una autonomía como es la catalana. Puesto que al fin y al cabo, la representación e interlocución tanto del Gobierno Central como del Gobierno de la Generalitat se concretan en la relación entre personas. Así pues, haciendo un ejercicio de extrapolación de dichos principios en el ámbito institucional entre ambas Administraciones a lo largo de los últimos cuatro años, es evidente a los ojos de todos los ciudadanos españoles que valores como la comunicación, el afecto, la confianza, el perdón y la empatía, han brillado por su ausencia entre el ejecutivo central y el ejecutivo catalán. Y ya sabemos que cuando dichos principios de relación humana básica se deterioran –íntimamente ligados al mundo de la inteligencia emocional (diplomática)- se produce final e irremediablemente una ruptura, ya sea el divorcio en las parejas, ya sea la separación entre padres e hijos, ya sea la fractura social a nivel político.

Y en medio de todo este proceso de una relación en estado emocional quebrado, cada cual se enrosca en sus razones subjetivas que le distancian progresivamente más del otro, buscando aquellos apoyos -en este caso, tanto ciudadanos como instituciones varias- que refuercen su verdad sesgada (pues la verdad, al final, siempre se encuentra en el punto medio), en cada nuevo capítulo por emisiones:

LOS UNOS: -Que si tú durante muchos años has llevado a cabo una política desleal de inmersión independentista en el pueblo catalán utilizando los recursos públicos.

LOS OTROS: -Que si tú promoviste que el Tribunal Constitucional declarase inconstitucional parte de mi Estatuto, cuando dichas partes idénticas son legales en la actualidad en el Estatuto de Andalucía.

LOS UNOS: -Que si tú promoviste una consulta como el 9-N ilegal, a sabiendas que no lo podías hacer.  

LOS OTROS: -Que si tú me has denunciado ante la Justicia, en contra del voto de todos los fiscales de Catalunya, habiendo obligado a hacerlo a la Fiscalía General del Estado.

LOS UNOS: -Que si tú te estás manifestando frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y eso es inadmisible y atenta contra la independencia del poder judicial.  

Y así una, tras otra… ¿Un poco cansino, verdad?

Mientras tanto, los problemas reales de la ciudadanía de Catalunya sin resolverse, como así lo atestiguan los altos índices de pobreza y precariedad social. Además de generar una fractura social inédita en la historia de la democracia española en la que la mitad de los catalanes están divididos frente a la relación que se debe de mantener con el resto del Estado.

Llegados a este punto, está claro que, si algo falta en esta situación es, justamente, comunicación. Para, seguidamente, reconstruir los puentes que permitan un nuevo escenario de diálogo basado en los principios básicos de toda relación humana saludable. Pero para ello se requiere voluntad y, asimismo, políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias históricas y que no se limiten a imitar –aunque sea por despecho- la actitud de los tres monos místicos del no veo, no oigo, no hablo (y, por tanto, no me muevo). Es decir, las personas que conformamos España y Catalunya no necesitamos en estos momentos monos inmóviles, sino gobernantes de altura que trasciendan a sus intereses electorales y que se enfrenten a la pregunta existencial de hacia dónde vamos, para poder actuar con responsabilidad colectiva y en consecuencia social.   

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