lunes, 14 de septiembre de 2015

Nuestra mente funciona con sus propios algoritmos matemáticos

A estas alturas de juventud de nuestra especie, sabemos que la mente está formada por un conjunto de células del sistema nervioso -a las que llamamos neuronas-, cuya principal función es la excitabilidad eléctrica de su membrana plasmática, y que están especializadas en la recepción y conducción de estímulos nerviosos entre ellas y con otro tipo de células como las que componen el tejido muscular.

Pero está claro que, todo este ajetreo comunicativo entre neuronas no es caótico, sino que sigue una lógica necesaria para manifestar esa facultad de la mente a la que llamamos inteligencia. Un proceso lógico necesario que, si lo entendemos como un conjunto de instrucciones bien definidas, ordenadas y finitas que permite realizar una actividad mediante pasos sucesivos que no generan dudas a quien debe realizar dicha actividad, diremos que nos encontramos ante un algoritmo matemático.

Y es justamente un algoritmo lo que utiliza nuestra mente cuando, por ejemplo, hablamos. Puesto que el procesamiento cerebral del lenguaje se realiza en un área muy concreta de la mente -denominada área de Broca-, que está compuesta por varias partes que se superponen para realizar diversos pasos lógicos y ordenados de procesamiento que, en muy poco tiempo, dan como resultado el habla.

Si bien aún estamos en pañales en el conocimiento del procesamiento neuronal del lenguaje, así como del resto de funcionamiento de nuestro cerebro, podemos intuir que nuestra estructura neuronal funciona mediante algoritmos en un universo no caprichoso (o, en boca de Einstein: en un mundo donde Dios no juega a los dados). Al igual que podemos intuir, enfocando desde el reverso de la moneda, que el horizonte de la inteligencia artificial viene marcado por la capacidad de búsqueda y relación de información, y asimismo de obtención de conocimiento, del algoritmo PageRank, entre otros, que utiliza (y celosamente protege) una de las grandes corporaciones del mundo como es Google. En definitiva, ya sea inteligencia natural o artificial, entre algoritmos matemáticos nos movemos.

La diferencia de algoritmos entre inteligencia natural e inteligencia artificial, podríamos apuntar a groso modo, es que los algoritmos en inteligencia natural incluyen la variable de un principio de indeterminación que genera una paleta de historias posibles, que a su vez depende de sensores emocionales del entorno (factores -emoción y entorno-, que afectan directamente al potencial mental), lo que en esencia nos define justamente como humanos.

Pero a diferencia de lo que podríamos pensar en un primer impulso, como apunte al tema diremos que los sensores emocionales del entorno (que son los que marcan el valor de la variable del principio de indeterminación en el algoritmo de toda persona), no tienen por qué generarnos grandes problemas en su entendimiento, ya que, aunque queramos creernos seres muy complicados y sofisticados, lo cierto es que somos seres de funcionalidad sencilla. Tanto es así que podemos reducir nuestro mundo sentimental a cuatro emociones primarias: alegría, tristeza, rabia, y miedo. Al igual que los cuatro compases en música que pueden crear una infinidad de partituras musicales, y que a su vez pueden subdividirse en compases/emociones binarias o terciarias: Alegría-Tristeza, Alegría-Rabia, Alegría-Miedo, Tristeza-Rabia, Tristeza-Miedo, Rabia-Miedo, Alegría-Tristeza-Rabia, Alegría-Tristeza-Miedo, Tristeza-Rabia-Miedo, etc. Emociones que agrupan, a su vez, todo el universo de sentimientos conocidos. (Ejemplo de sentimientos relacionados con la emoción de Miedo: alarma, angustia, ansiedad, apego, arrepentimiento, baja autoestima, bloqueo, carencia, desasosiego, encarcelamiento, espanto, estrés, fobia, histerismo, horror, inquietud, intriga, interés, impotencia, inseguridad, intranquilidad, obstinación, pánico, perdón, pavor, respeto, rechazo, remordimiento, sospecha, sumisión, sorpresa, sufrimiento, timidez, temor, terror, vergüenza.)

Sin intención de alargarme, ya que esta es una temática que requeriría un amplio desarrollo más propio de un libro apasionante, este artículo no tiene otra intención que una reflexión personal que busca subrayar la idea del funcionamiento algorítmico de nuestra mente. Una máquina matemática, química y electromagnética que, a medida que vayamos conociéndola mejor, seguro que nos permitirá replicar aspectos del funcionamiento de su estructura neurológica en otros campos de la ciencia. Y, quien sabe, a lo mejor en un futuro no muy lejano convivamos con ordenadores inteligentes con formas de membranas plasmáticas que nos faciliten una vida mejor en nuestro día a día.
  
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