jueves, 17 de septiembre de 2015

Los agujeros negros de la mente que consumen a las personas es un problema social

En el interior de nuestra maravillosa mente, que es una escala fractal del universo mismo, hay agujeros negros y astros espectrales en un frágil equilibrio cosmológico. Depende hacia dónde basculen las fuerzas de nuestro universo mental, los agujeros negros pueden irse haciendo cada vez mayores absorbiendo a su paso toda chispa de luz de nuestra vida, o contrariamente, los astros espectrales pueden hacerse cada vez más grandes irradiando y cubriendo de luz las experiencias cotidianas de nuestra existencia.

Está claro que una mente consumida en su propio agujero negro agotará cualquier resquicio de voluntad de vivir en la persona, mientras que una mente que brilla con luz propia por la fuerza de su astro espectral, al igual que un sol, retroalimentará día a día su voluntad renovada por vivir y disfrutar de la vida.

El equilibrio de las fuerzas cosmológicas de la mente de una persona a lo largo de su vida es, por naturaleza, frágil. Y sin entrar a considerar patologías psicológicas, los humanos sabemos a ciencia cierta que dicho equilibrio puede verse siempre alterado por el devenir de los acontecimientos que crean la historia –siempre en continuo movimiento de cambio y transformación- de una persona. O, parafraseando a Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”.

En el caso de los agujeros negros mentales, estos se alimentan de la energía generada por el sentimiento de impotencia ante una circunstancia o situación de la vida. Una impotencia que madura en frustración, y que esta a su vez -prolongada en el tiempo-, se convierte en desesperación. Y es justamente en este punto cuando una persona, por cansancio vital, acaba renunciando a sí misma (en el concepto más amplio del término). Porque al final, no es que la voluntad de una persona por seguir hacia delante y conseguir un objetivo no pueda ser ilimitada, pero no así sus fuerzas que sí son limitadas. Como pueda ser el caso de una persona que tiene la firme voluntad de traspasar un río a nado, pero la experiencia del entorno es superior a sus fuerzas y acaba por ahogarse.

En otras palabras, las filosofías, métodos y técnicas positivistas para generar mentes que brillen con luz propia ante los retos diarios de la vida, intentando convertir a personas normales (en clara desventaja social) en superhéroes cotidianos anónimos con poderes mágicos frente a necesidades mundanas, no tiene ningún sentido ni visos de éxito alguno si paralelamente no se ayuda a estas mismas personas a cubrir los mínimos materiales y emocionales que garanticen su supervivencia como seres humanos, paliando así las causas sociales que arrastran directa e irremediablemente a cualquier persona a ser consumida por la generación, desarrollo y expansión de sus propios agujeros negros mentales.

En este sentido, desde un enfoque social, y dentro de los parámetros de sociedades avanzadas en materia de bienestar colectivo, es responsabilidad de todos el velar por unos mínimos que garanticen el equilibrio de las fuerzas cosmológicas mentales de cada una de las personas que forman nuestra comunidad, para así no solo velar por personas sanas mentalmente, sino a su vez por garantizar comunidades prósperas socialmente. Pues solo con mentes que iluminen sus vidas diarias avanzaremos como especie. Y no hay mentes espectrales, capaces de iluminarse a sí mismas y  a su entorno, sin unos mínimos sociales (vivienda, comida, sanidad y educación) que garanticen el desarrollo normal de una vida digna. Así pues, ante los agujeros negros mentales que fagocitan a las personas desde su interior (a causa de las fuerzas de la impotencia, la frustración y la desesperación), cabe aplicar la generosidad privada, la solidaridad social y el tutelaje público.  

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