viernes, 25 de septiembre de 2015

La Inteligencia Morfosocial no innova, solo recrea y replica

El Superpensador de Nadín Ospina. Colombia
La Inteligencia Morfosocial -quizás es un término un poco pomposo, pero creo que es la mejor definición que se me ha ocurrido- es la facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad mediante una información estructurada por la sociedad y mediante la información social de la comunidad a la que se pertenece e/o interrelaciona. En otras palabras, que para la Inteligencia Morfosocial no existe lógica, método o razón alguna fuera de los límites de la propia sociedad.

Dicho de otro modo, es como si la sociedad fuera un pequeño universo compuesto de piezas de lego, cuyos límites son la propia caja que los contiene, por lo que la Inteligencia Morfosocial solo puede jugar –dentro del ámbito de la caja- a combinar las piezas en un ejercicio de replicación de modelos ya existentes o, como mucho, de recreación de los mismos. Por mucho que nos esforcemos a realizar combinaciones múltiples con las piezas del lego (que siempre serán finitas en un mundo finito), ¿podemos llamar innovación a esta práctica? Está claro que no. Una metáfora aplicable tanto para el mundo empresarial como para el resto de dimensiones de la vida de las personas.

Así pues, queda claro que para poder innovar, para poder crear algo nuevo que no exista con anterioridad en nuestra realidad, hay que transgredir dicha realidad y, por tanto, hay que salir fuera de los límites de la Inteligencia Morfosocial; de esa inteligencia colectiva que entiende, valora y enjuicia la vida y sus formas bajo un mismo, único y unificador prisma social. De lo contrario, continuaremos viviendo en un circuito cerrado intentando mantener el equilibrio sobre la cinta corredera de soluciones ineficaces a problemas no resueltos.

La cuestión que se deriva y que nos sigue es el saber cómo podemos romper las barreras de la Inteligencia Morfosocial para poder innovar, o lo que es lo mismo, qué podemos hacer para desbloquear unas mentes que, como tuercas pasadas de rosca que giran sobre sí mismas sin avanzar, se encuentran estancadas y en punto muerto ante un problema no resuelto. Las respuestas ante tal dilema pueden ser múltiples, y más venidas de las disciplinas denominadas de la mente o inteligencia creativa, pero no hay mejor consejero de resolución de problemas de innovación que aquellas personas que viven fuera de los límites –y por tanto de la lógica- de la Inteligencia Morfosocial. Y, ¿quiénes son estos Supermen y Supergirls?, nos preguntaremos. Pues ni más ni menos que aquellas personas que consideramos náufragos sociales.

En estos tiempos que corren hay muchas personas que sobreviven como verdaderos náufragos sociales, despojados de cualquier tierra firme de confort y seguridad. Personas de un gran capital humano y profesional que, por razones caprichosas a las reglas del juego del Mercado, han sido apartadas del engranaje del sistema social y, por tanto, habitan -en contra de su voluntad- fuera de las fronteras del reino de la Inteligencia Morfosocial donde no hay cabida para la supervivencia sin haber desarrollado capacidades (competenciales) como la creatividad, la reinvención y la innovación.  
En este punto, que es donde quería llegar en esta fugaz reflexión, nos encontramos con personas miembros de la Inteligencia Morfosocial con recursos pero sin soluciones innovadoras a problemas no resueltos, y personas excluidas de la Inteligencia Morfosocial sin recursos pero con una alta capacidad de resolución innovadora a problemas no resueltos. En esta encrucijada de coordenadas solo tenemos dos soluciones: despreciar, lo que es lo mismo que dividir y restar (poco inteligente); o apreciar, lo que es lo mismo que sumar y multiplicar (mucho más inteligente). ¿Seremos tan cortos de vista –o tan prepotentes- que desperdiciaremos el rico potencial social que tenemos?

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