lunes, 17 de agosto de 2015

El fracaso es muy real, pero el miedo a volver a fracasar es una opción

El fracaso forma parte intrínseca del aprendizaje, ya que nadie nace aprendido, y más en una sociedad donde las reglas del juego cambian en continua y vertiginosa evolución. Y, por otro lado, para aprender hay que experimentar, lo cual no está exento del fracaso, pues solo tras la experiencia personal y colectiva de la prueba-error podemos aprehender los conocimientos necesarios para avanzar.

Así pues, el fracaso es una experiencia de aprendizaje muy real tanto en nuestras vidas personales como profesionales, desde que inhalamos el primer aliento de vida hasta que exhalamos el último suspiro, pero el miedo a volver a fracasar es una opción individual.

El miedo, como todos sabemos, paraliza, siendo el peor enemigo para poder reinventarnos e innovar en el camino que nos lleva a alcanzar nuestras metas. Pero si algo caracteriza al miedo es, justamente, que se trata de una expectativa de futuro. Al igual que el éxito. Y ambos, el miedo al fracaso y la esperanza por el éxito, se enmarcan dentro de la incertidumbre del futuro, sabedores que no hay futuros absolutos sino tan solo futuros posibles (aquellos en los que nos enfocamos).

Es por ello que el miedo a volver a fracasar es una opción individual de apuesta futura, al igual que es una opción individual de apuesta futura la esperanza por el éxito en nuestras vidas. Depende de qué opción alimentemos más, nuestro futuro posible se verá decantado hacia uno u otro final, siendo conscientes que a cada nuevo día tenemos la opción de cambiar de rumbo (no te resignes al fracaso!), y que –como dos caras de una misma moneda- no existen éxitos sin fracasos.

No hay mayor remedio contra la parálisis del miedo a fracasar que las ganas por alcanzar el éxito, que se reduce en el deseo de mejorar nuestras vidas. Una motivación que requiere de una clara y contundente decisión personal, ya sea por una personalidad de marcado carácter optimista, ya sea por una fuerte convicción a la que se llega tras el cansancio que produce el vivir (o en muchos casos, el malvivir) una vida que no gusta y que se desea cambiar.

Sea cuales fueren las causas que empoderan la motivación de cada persona, lo cierto es que la postura ante el miedo a volver a fracasar es una opción individual y, tristemente, culturalmente transferible (ya que hay muchas sociedades que conciben el fracaso como una consecuencia negativa, sin ser conscientes que forma parte de la experiencia de aprendizaje de todo ser humano y que, por tanto, es ley de vida).

La buena noticia es que, por un lado la crisis ha desdramatizado los fracasos personales, y por otro lado la fuerza de la vida siempre empuja por salir adelante, incluso en las peores circunstancias. Por lo que toda persona tiene la opción –tras tomarse el tiempo necesario de cura tras un fracaso- de apostar nuevamente por la esperanza de éxito en su vida.

Tuya es la opción, así como el derecho a una vida digna. Que no te digan lo contrario.