lunes, 6 de julio de 2015

Grecia rescata la Democracia de Europa

Cuántas veces hemos escuchado oír, a lo largo de los últimos años de diseño y creación del proyecto europeo desde que España se adhiere en junio de 1985 –para entonces tenía 13 años-, que la unión de los países de la comunidad europea es la Europa de los Pueblos. Hasta que tres décadas más tarde, en ocasión de que uno de sus países pone bajo referéndum nacional una de las imposiciones de la Comisión Europea, nos damos cuenta que nos tenían engañados, que nuestra Europa no es de los Pueblos, sino de los Mercados, donde los ciudadanos no somos más que clientes sin derechos sociales pero con gravosas obligaciones contractuales financieras, y en donde un referéndum democrático es considerado como chantaje inaceptable -por no decir declaración de guerra parlamentaria unilateral-  por parte de quienes controlan dichos Mercados.

Y ya sabemos que en los Mercados no hay cabida para la Democracia, sino única y exclusivamente para el salvaje y autoritario capitalismo donde los hombres y las mujeres quedamos reducidos a simples activos en el cuadro de pérdidas y ganancias de aquellos que acaparan las rentas más altas, y en cuyos cuadros de explotación se ha suprimido el principio de beneficio social –único garante de una sociedad justa y equitativa- en una descarada e inhumana apuesta por el principio del beneficio económico.

No señores, esta no es nuestra Europa de los Pueblos y de sus ciudadanos. Esta es la Europa de los Señores de los Mercados, donde la sombra industrial del IV Reich es alargada en su segunda oleada de ocupación europea mediante una clara ofensiva desde su parqué de bolsa de Frankfurt para convertir a los pueblos mediterráneos en ciudadanos de tercera. Ya que, como marca la lógica del capital, para que haya ricos deben existir pobres.

Quien nos iba a decir, seis meses atrás, que sería justamente Grecia, origen de Europa y cuna de la Democracia, quien se enfrentara a la Europa de los Mercados como grito de guerra reivindicativo de la Europa de los Pueblos, tal si una versión actualizada de una batalla del Peloponeso se tratara mediante el uso del voto democrático como fuerza de ataque. Una vez más, los griegos con su movilización ciudadana nos han reconectado con nuestras raíces de la dignidad humana de Cicerón, el espíritu del gobierno del pueblo –Democracia- de Clístenes de Atenas,  y la esencia de la Europa de Homero.

Mientras tanto, es triste observar cómo en España, desde alguna cadena televisiva de propiedad eclesiástica –así como de partidos de corte católico-, se defiende los derechos de mercado de los ricos en detrimento de los derechos humanos de los pobres, a imagen y semejanza de los mercaderes en el Templo de Jerusalén, en contra de cualquier precepto evangélico de defensa de Jesús con los pobres, y con una clamorosa ceguera frente a la encíclica “Laudato si” del jesuita Papa Francisco con los marginados. Aunque esta es harina de otro costal…

Ante esta situación, cabe destacar el consciente papel activo que la humilde Grecia está jugando en su pulso por redefinir la política comunitaria, rescatando no solo la Democracia en la empachada Europa de soberanismos cedidos –o mejor dicho comprados-, sino rescatando el derecho humanista de toda persona a una vida digna frente a la fría insolidaridad de los Mercados.

A partir de aquí, nos toca mover al resto de pueblos versus la tiranía de los gobiernos de los Mercados. El planteamiento es de sencilla formulación: ¿estamos por la igualdad o la desigualdad social? ¿Oxi o Nai?