martes, 30 de junio de 2015

Sólo desde el vacío generamos nuevos mundos

El vacío es aquel espacio que se sitúa en el trayecto entre dos neuronas que, en su entramado sináptico, perciben, recrean y dan forma al mundo que concebimos. Un espacio de tiempo generado entre la conexión de neuronas, donde la infinitud del universo se manifiesta por un aliento eterno de décimas de segundos, y en que la Nada lo es Todo.

Salvado el vértigo claustrofóbico que nos genera el vacío secuencial del universo, nuestros mundos se reinician del apagado biológico del sistema cada milésimas de segundo mediante la periódica pero discontinua interconexión de neuronas que prosiguen su interrelación entre sí. Como si los espacios generados entre nuestros neurotransmisores de carbono-12 formaran parte del diálogo interno y con el mundo exterior, tal cual el lenguaje de puntos, rayas y espacios del morse, o el lenguaje informático de programación de extensas cadenas de ceros, unos y espacios.

Y en esa interconexión entre neuronas, nos relacionamos con el mundo de Pepe, de Ana y de Juan, a su vez que Pepe se relaciona con nosotros y con Ana y Juan, y Ana se relaciona con Pepe, Juan y nosotros, de igual e inevitable manera que Juan se relaciona con Ana, nosotros y Pepe, y así en un rico sistema relacional fractal y multidimensional en el que nuestro mundo no es más que el resultado causal lógico y directo de un poliedro global de vértices neurológicos, al que llamamos sociedad, y por el que estamos determinados.

Una estructura poliédrica de mundos interrelacionados que lejos de liberarnos, nos encarcela en una realidad predeterminada, y cuya única fuga posible es a través de dichas conexiones donde reina el silencio del vacío.

Por lo que si uno o una quiere liberarse de su mundo y explorar los confines del espacio desconocido, en busca de nuevas realidades por descubrir, no puede más que adentrarse en el vacío del universo existente en el trayecto entre conexiones neurológicas, donde la Nada es la cuna del Todo.

Una oscura Nada omnipresente que engloba y observa los mundos neuronales como estrellas diminutas esparcidas en el firmamento. Una cuna del Todo capaz de generar vida en su profundo silencio, pero no desde el hacer limitado y predeterminado de los pensamientos reflejos de las interconexiones neurológicas, sino desde el ser que contrae y expande el propio universo con su respiración.

Inspiramos, exhalamos. Inspiramos, exhalamos. Y en este respirar paramos todo pensamiento al permanecer en el vacío del espacio existente en el trayecto de conexión entre dos o más neuronas. Inspiramos y exhalamos, y en este dejar de hacer para ser y respirar desde la atemporalidad de la Nada rediseñamos nuestra estructura neurológica, como almas que deben ser reformateadas en un proceso de autosanación, para recrear una mejor y renovada versión de nosotros mismos que encaje en una nueva realidad externa al mundo conocido.