martes, 9 de junio de 2015

La verdad: la gran quimera de los mortales con múltiples caras

Jano, dios romano de las puertas, los inicios y los finales
¿Es posible que una circunferencia englobe a otra circunferencia y que a su vez esté en el interior de esta última? ¿O que una caja esté dentro de otra caja y ésta a su vez encierre a la primera? La respuesta, aunque parezca de locos, es que sí. De hecho, es una dinámica tan común que todo nuestro universo funciona de esta manera, a la que los humanos lo hemos etiquetado como dinámica toroidal. Tanto es así que el universo, a nivel macro y micro, es una fábrica de toroides. Aún más: el toroide no es más que la propia respiración del universo.

Si el universo juega con este complejo sistema energético-geométrico con el que crea realidades múltiples, a la hora de determinar el concepto de verdad de una circunstancia o situación, ¿cuál es la verdad? ¿Aquella que engloba otra verdad? ¿Aquella que se haya dentro de la verdad global? ¿O aquella que engloba otra verdad y que a su vez está incluida dentro de esta verdad?

La respuesta es obvia bajo el teorema toroidal: las tres opciones son verdad, pero su percepción subjetiva como tal dependerá del lugar de referencia del observador que realiza el juicio de valores de la circunstancia o situación en concreto.

Visto lo expuesto, queda claro que la verdad es un enjuiciamiento subjetivo y por tanto relativo. Es por ello que los hombres sabios siempre nos recuerdan que la verdad se encuentra en el punto medio de dos concepciones de una misma realidad. No obstante, el resto de mortales, mucho menos sabios, concebimos la verdad según el volumen de adeptos que conseguimos a la descripción subjetiva de una realidad acontecida –que acaba desvirtuándose de su origen de tanto recrearla- (cuántos más seguidores de tu verdad tienes, más verdad es tu verdad, aunque no sea cierta);  y a la capacidad pulmonar en vociferarla y hacer ruido social con ella –en algunos casos, por necesidad patológica de retroalimentarse con emociones tóxicas en personas con estados desequilibrados- (cuánto más gritas, más verdad es tu verdad, aunque sea un saco de sinrazones). Mientras que ya en el plano plenamente jurídico, la verdad, como trofeo a conseguir, acaba reduciéndose a la capacidad y maniobrabilidad de recursos económico-legales de los implicados, como en toda batalla.

No obstante, con independencia de quién gane la contienda social en este teatro que es la vida sobre el derecho al título de la verdad de un acontecimiento, la verdad en el reino de los hombres se asemeja al dios romano Jano de las dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil, ya que Jano es el dios de los comienzos y de los finales. Y es que, en definitiva, la verdad, cuando se presenta en el mundo de los mortales, siempre es un punto y aparte donde algo viejo concluye y algo nuevo se inicia. Una muerte y un nacimiento simbólico de una singularidad en la dinámica toroidal sin fin de nuestra vida.

Así pues, ignoremos la verdad social, quedémonos con nuestra verdad personal, y vivamos la vida como podamos.