jueves, 18 de junio de 2015

Ante la brecha entre ricos y pobres: Arquímedes, nuevo ministro de Economía

¿Cómo es posible que el número de ricos haya crecido en España un 40% durante la crisis, y que incluso en este último año 2014 ha crecido por encima de la media tanto europea como mundial? Y, a su vez, la brecha entre ricos y pobres alcanza niveles de récords históricos en una España que ya cuenta con el 18% de tasa de pobreza, casi el doble desde que comenzó la crisis.

Los economistas, esos tecnócratas del sistema financiero del libre Mercado, nos argumentarían sobre esta realidad, gráfico multidinámico de tablet en mano y ciertos poses forzados de ilustrísimos de Estado, mediante principios de austeridad marcados por el Banco Central Europeo –fundado a imagen y semejanza del Bundesbank alemán-, llegando a aburrirnos hasta la saciedad, y aún más, embrollando la madeja de tal manera que ni el mismísimo Minotauro sabría encontrar la salida de tal laberinto kafkiano.

En cambio, si en vez de a un economista le preguntásemos a un físico, que deducen los parámetros de funcionalidad de una realidad concreta mediante la simple observación, nos responderían de tal manera que todos los mortales lo entenderíamos: la desigualdad en España que genera la brecha entre ricos y pobres se debe al principio de los vasos comunicantes, cuando una clase social se desequilibra al alza la otra clase social se desequilibra a la baja y viceversa. ¿Será entonces, que los economistas de gemelos en puño blanco no quieren que lo entendamos? Seguramente, será.

Si contásemos con un Arquímedes o a un Pascal como ministros de economía o directores del Banco Central Europeo, tendrían rápida respuesta al actual estado de desequilibrio social y económico: la solución pasa por equilibrar los vasos comunicantes entre clases sociales, lo que en términos económicos significaría redistribución de la riqueza y políticas fiscales e impositivas equitativas (ya que actualmente existe una mayor carga sobre las rentas del trabajo de las clases medias, beneficiando así a las grandes empresas y fortunas por encima del resto de los ciudadanos). Pero claro, esta solución de equilibrar los vasos comunicantes entre clases sociales  suena a herejía populista que sube la tensión arterial a cualquier neoliberal de postín que vive en un coto de bienestar social privado a expensas y exclusión  de los demás.

No obstante, los millones de ciudadanos de segunda y de tercera del mundo occidental contamos con un mecanismo de control de nivel de los vasos comunicantes sociales, que no es otro que el sufragio universal donde una persona es un voto. Así pues, desde nuestra mayoría democrática –que no de recursos financieros-, hagamos uso consciente de nuestro reducto de libertad como ciudadanos del viejo continente y, mediante el poder de las urnas, traigamos a la vida política y económica de nuestros países a Arquímedes o Pascales como garantes de la igualdad social que garantice el regreso del Estado de Bienestar Social al conjunto de los ciudadanos, desterrando a los libros de historia a los trajeados vasallos grises del despiadado Señor de los Mercados.