lunes, 1 de septiembre de 2014

Somos engranajes biológicos

Nuestro cerebro está siendo desmontado y vuelto a montar todos los días (…) En una semana a partir de hoy , nuestro cerebro estará compuesto de proteínas totalmente diferentes de lo que es hoy, nos dicen los biólogos moleculares de nuestro siglo.  Y lo mismo pasa con nuestro Universo, que se desmonta y vuelve a montar todos los días, como sabemos con lo poco que conocemos de su funcionamiento.

Ahora, además, nuevas investigaciones nos revelan que las galaxias que forman el Universo conocido están unidas entre sí por un filamento de gas, creando una imagen macrocósmica similar a la conexión de neuronas que tenemos en nuestro cerebro. Como si las galaxias fueran las neuronas de un cerebro superior, y nuestros planetas y estrellas, asimismo, los elementos protéicos de esas neuronas cósmicas.

Si esto fuera así, ¿dónde quedan nuestros pensamientos? ¿Y nuestros sueños? Y, por si fuera poco, uno no puede dejarse de preguntar ¿en qué estadio de la existencia se haya el ser humano? Lo que parece evidente, es que la respuesta apunta hacia a una escala muy pequeña. Aunque comparados con la escala de existencia de un microscópico ácaro (una subclase de arácnido), cuya alguna clase de ellos viven incluso en nuestro cuero cabelludo, debemos parecerles dioses. Al igual que sucede con una hormiga, que seguramente puede llegar a presentirnos sin poder concebirnos en nuestra totalidad por la diferencia de escalas de tamaños. ¿Quién no se ha parado a ver una hilera de hormigas, incluso de interceder en su recorrido, sin que puedan saber de nuestra presencia?

Quizás la naturaleza de nuestra existencia como seres humanos (una más en el vasto universo desconocido), con todas nuestras luchas de luces y sombras, no esté más que predeterminada por nuestra aportación en la función protéica de las neuronas del cerebro cósmico. Cuya escala no podemos más que intuir, al igual que le pasa a la hormiga con nosotros. Y de cuya finitud no podemos llegar ni a imaginar en un Universo que parece ser infinito en el espacio cuatridimensional (anchura, longitud, profundidad y tiempo).

Sea como fuera, lo que queda subyacente es que todo lo que existe en el Universo tiene una funcionalidad, como engranajes perfectos de un gran reloj biológico, en que cada pieza tiene su lugar, posición y función. En este sentido, a escala humana, profundamente humana, tan sólo cabe entender cuál es la función exacta de nuestra existencia en la vida a título personal. O, dicho en otras palabras, ¿qué hemos venido a hacer en este mundo? Parece pues que alcanzar dicha búsqueda nos hará sentir realizados en nuestra humilde existencia.


Así pues, solo cabe desear una feliz Bitácora personal, viajeros buscadores.