viernes, 12 de septiembre de 2014

No hay ninguna realidad igual a otra. Revindica la diferencialidad de la tuya propia!

Cada planeta es una realidad. Cada continente de ese planeta es una realidad. Cada país de esos continentes es una realidad. Cada ciudad de esos países es una realidad. Cada familia de personas de esas ciudades es una realidad. Cada persona de esas familias es una realidad. Tú eres una realidad. Una realidad que cambia, se modifica y transforma cada vez que inspiras y expiras. Al igual que el resto de realidades.

Todos somos realidades diferentes e individuales que convergemos y divergemos con ópticas cóncavas y convexas, según nuestra posición con respecto al resto de realidades referentes de nuestro entorno más inmediato, en un mismo espacio real poliédrico cuya naturaleza se pierde en su estructura holográfica a lo largo, ancho y alto del universo infinito, y cuya textura diferencial nos viene dada por el determinismo biológico, cultural, social, psicológico y de evolución espiritual personal.

No hay realidad igual a otra. Como no hay dos copos de nieve idénticos. Pensar lo contrario es del loco que aún cree que la Tierra es plana, el tiempo absoluto y que el hombre viene del mono. No hay realidad igual a otra. Pero sí diferentes realidades en un mismo espacio que luchan por fogacitarse las unas a las otras, intentando cada cuál imponer la catedral de su verdad “real”, como bacterias en guerra convulsiva por expandirse sobre un mismo cuerpo cuya relevancia vital es equiparable a la conquista sobre una molécula de agua de una de las millones de gotas que dibujan el horizonte del océano.

Somos múltiples realidades oliendo de mil maneras diferentes una misma flor, viendo de mil maneras diferentes un mismo cielo, y experimentando de mil maneras diferentes un mismo amanecer. Múltiples diferentes realidades que cambiamos constantemente en el pequeño intervalo de tiempo para la eternidad que va desde ese mismo amanecer a su propio ocaso. Múltiples diferentes realidades impermanentes intentando vivir en una realidad común.

Somos realidades diferentes, que aun viviendo una misma experiencia, la respiramos, sentimos, integramos y transmitimos de manera diferente.

Así pues, amig@, nuestro es el derecho por ley natural de identificarnos y posicionarnos en la diferencialidad de nuestra realidad, aunque sea la que más difiera de su entorno, pues es nuestra y de nadie más. Y justamente en esa identificación radica la esencia de reconectarnos con nuestra naturaleza verdadera, que no puede ser de otra manera que diferente a todas las demás.


Y por otra parte, no te preocupes por nada más, pues tu realidad será enterrada en el olvido de los tiempos tras tu muerte. Así pues, vive con valentía tu diferencialidad!, sabiendo que solo debes preocuparte cuando dejes de ser diferente, pues es el claro síntoma de que has dejado de ser Tú mism@.