jueves, 18 de septiembre de 2014

La Vida, para ser vida, debe ser frágil y efímera

La vida es frágil porque debe reinventarse cada día, sino no sería vida, sino sería la nada.

La vida es continuo movimiento en constante evolución, pero para que haya evolución debe haber nacimiento y muerte, pues sino no sería vida continua, sino vida punto y aparte donde se abocaría a la nada.

La fragilidad de la vida es la esencia de su propia fortaleza, de la fuerza continua de la vida por actualizarse constantemente en una mejor y renovada versión de sí misma.

La fragilidad de la vida hace posible la continuidad de la vida, ya que se perpetúa en el espacio-tiempo a través del ciclo continuo de muerte y renacimiento.

La fragilidad de la vida nos convierte a todos y todo en prescindibles, pues nuestra prescindibilidad retroalimenta la continuidad de la propia vida en su regeneración eterna.

La fragilidad de la vida se mueve sobre las coordenadas existenciales de la dualidad, cuyas fuerzas de polaridad opuesta permiten la acción de movimiento de la propia vida en el continuo espacio-tiempo.

Nuestro mundo dual, -donde la noche no puede ser sin el día, ni el invierno sin el verano, ni la inspiración sin la expiración, ni la tristeza sin la alegría, ni la luz sin la oscuridad-, es la estructura cosmogenética de la fragilidad de la vida que en su continua rotación pendular en su dualidad permite la acción de movimiento necesaria para su existencia.

La vida es movimiento, pero para que haya movimiento debe haber contrastes de causa-efecto, de acción-reacción, en un sistema existencial de referencias dual y polarizado, donde la concatenación e interrelación múltiple de diversos planos dimensionales de vidas frágiles –y, por tanto efímeras-, generan el engranaje de movimiento de la propia Vida.

La muerte en la fragilidad no es más que el revulsivo en que se reafirma la vida para continuar existiendo en su efimirez.

Cada aliento de vida desencadena la existencia a otra vida…

Por ello, sé que soy frágil en mi esencia. Porque formo parte del movimiento de la vida que se impulsa a través de mi efímera existencia.

Y en la aceptación de esta realidad me siento liberado de las cargas circunstanciales de mi humilde historia. Pues es en el desapego donde radica mi fuerza, ya que permite armonizarme con el flujo natural, frágil y efímero de la propia Vida.


Inspiro y expiro en mi efímera fragilidad.