miércoles, 14 de agosto de 2013

Formamos parte de un Todo cohesionado por la energía del Amor

El tiempo, y con él la vida que discurre dentro, es como una secuencia fractal donde dentro de uno hay otro. Así como dentro de nuestra medida de tiempo se encuentra el tiempo de la mariposa cuya vida tan sólo dura un día, nuestro tiempo como seres humanos a su vez se encuentra dentro de la medida de tiempo de las montañas cuya vida transcurre a lo largo de millones de siglos. Y así de manera infinita a nivel macro y microcósmico, situándose la realidad temporal de nuestras efímeras existencias en algún punto de la eterna secuencia fractal del Tiempo donde se manifiesta el flujo continuo y cambiante de la Vida.

Es por ello que la percepción de la Vida en cualquier organismo del Universo depende de la referencia de medida de tiempo con la que se mida. Así pues, aunque nuestra limitada percepción temporal como humanos no nos permita observar la pulsación vital de un ser -ya sea animal, vegetal o mineral-, por encontrarse en otro punto diferente al nuestro en el continuo fractal del Tiempo, no significa que no tenga vida propia sino tan solo que no podemos percibirla. En este sentido, al igual que un parásito que vive en alguna parte de nuestro organismo no puede percibir nuestra vida como personas completas e individuales; en nuestro caso, como seres que formamos parte del planeta nos cuesta percibir la vida de la Tierra como un organismo vivo, completo e individual.

Esta visión consciente de la Vida manifestada ricamente en el Universo a escalas temporales diversas, dentro de una secuencia fractal infinita, nos debe hacer entender no solo que somos un Todo interconectado, y que por tanto debemos ser responsables en nuestras interacciones con el resto de la Creación, sino que también nos debe alentar a ser respetuosos con cualquier otra forma de vida diferente a la nuestra, aunque no la entendamos. Puesto que la vasta gama de escalas diferentes de ritmos del Tiempo, manifestadas dentro de su continuo fractal, no son más que las pulsaciones de la Vida que componen la gran sinfonía orgánica que llamamos Universo.

En otras palabras: el Universo es un ser orgánico y vivo, creador de todas las formas conocidas y por conocer, y por tanto como Ser Creador que es tiene conciencia propia, una conciencia superior e infinita de la que formamos parte como seres de su creación. Un Ser Creador al que podemos llamarle de muchas formas, cada cual a su nivel de entendimiento y de tradición cultural, pero que nos permite intuir una vez más en el punto evolutivo de nuestra humilde especie, ya sea por vía espiritual o por vía científica, que Todo es Uno y que Uno es Todo. Sabedores que la energía unificadora por excelencia del Universo que permite la cohesión e interconexión entre todas las partes del Todo no es otra que la que lo humanos conocemos como energía del Amor, la cual tenemos la capacidad innata como especie de manifestarla a través del respeto, la solidaridad y la caridad con nuestros semejantes y el resto de la Creación.

Es por ello que en estos tiempos convulsos y de transición, donde las diferencias sociales en el plano humano se agravan entre personas indignadas y personas indignas, personas excluidas de cualquier derecho a una vida digna y personas acaparadoras de todos los derechos y privilegios sociales, no hay mayor remedio que el despertar, la cohesión, fortalecimiento y multiplicación de conciencias individuales basadas en el Amor, cuya energía une e integra, frente a las conciencias individuales basadas en el egoísmo, cuyas energías dividen y excluyen.


A los despiertos y activistas comprometidos en la conciencia del Amor daros ánimos, pues la fuerza de la Vida del Universo conspira a vuestro favor!. Puesto que el ser humano evoluciona de manera progresiva e inexorable hacia la Luz, un espacio donde la oscuridad no tiene cabida.