lunes, 17 de junio de 2013

Eres suficiente inteligente para crear una empresa sin dinero

Hace un par de días, una vez más, realizamos un caso práctico de cómo montar una empresa sin necesidad de capital en ocasión de la última clase del curso de empresariales para grado ADE/DFC de la Universidad Camilo José Cela en Madrid. Un ejercicio práctico, a modo de colofón de la clase “Reinventarse como dinámica de éxito”, donde rompimos esquemas preestablecidos, ampliamos los horizontes visuales de nuestras conciencias, y conectamos con la inteligencia y la capacidad creativa innata que poseemos todas las personas. O, dicho en otras palabras, realizamos un ejercicio en el que volvimos a creer en el ser humano como ser creador de nuevas realidades.

Desde los albores de la humanidad, el ser humano, a diferencia del resto de especies del planeta, hemos creado realidades inexistentes en el medio natural de manera continuada, desde un cubo, un telescopio, un coche, un sombrero, un satélite o un microondas, por poner algunos ejemplos, hasta configurar el mundo cotidiano en el que vivimos. Pero para crear algo de la nada, primero lo soñamos y, acto y seguido, si ese sueño nos ilusiona y motiva lo suficiente para persistir en el tiempo, lo acabamos materializando en nuestra realidad más inmediata mediante el uso de nuestra inteligencia. Esta impetuosa necesidad por crear cosas nuevas, que redefinen continuamente nuestra realidad como individuos y como especie, nos revelan dos cualidades innatas de todo ser humano: que somos seres emprendedores y creativos por naturaleza.

Pero para crear, como hemos visto, primero hay que soñar. Y soñar significa imaginarte una nueva realidad que trasciende la lógica conocida. ¿En qué lógica cabe que un artefacto construido con toneladas de pesado metal pueda volar o flotar, como es el caso de los actuales aviones y barcos? Así pues, el ser humano primero sueña y, posteriormente, pone la inteligencia al servicio de ese sueño. En otras palabras, es el corazón quien sueña el que debe alinear a la mente que piensa, y no a la inversa; pues la mente sin sueño no traspasa los muros de la realidad conocida, al igual que le sucede al ratón enjaulado que corre sin parar ni avanzar sobre su rueda autogiratoria.

En este punto, debemos reeducarnos en la diferencia entre soñar y pensar, así como en la necesidad de educarnos en ampliar nuestra capacidad de trascender la corta visión de lo conocido que limita nuestra capacidad de soñar. Y justamente esta integración y aplicación en nuestras vidas diarias de nuestro enorme potencial que es el soñar es lo que permite reinventarnos como personas a escala individual, y como sociedad a escala colectiva, siendo conscientes que cuando nos reinventamos estamos definiendo el tipo de vida que vamos a vivir. Así pues, ¿cómo quieres vivir?, ¿en qué te vas a reinventar?, sabiendo que nadie va a vivir tu vida por ti y que, además, al definir tu propia vida también estás definiendo el mundo en el que vas a vivir y legar como herencia a las generaciones que te precedan.

Y tras soñar, solo falta dar el paso más sencillo: aplicar nuestra inteligencia. Todos somos lo suficientemente inteligentes para gestionar nuestra materia gris que nos permita alcanzar nuestros sueños. Y aún más ante el privilegio de vivir en una época de la humanidad marcada por la abundancia y por un mundo globalizado, donde la gestión de conocimientos, recursos y servicios no conoce fronteras de mercado (espacio), ni de distancias (tiempo).

Una premisa extensible a cualquier faceta de la vida, como pueda ser la de crear un proyecto empresarial que nos ayude a reinventar nuestra vida. El secreto para materializar un sueño empresarial sin capital previo radica en el buen uso de nuestra inteligencia sobre la gestión de los recursos que nos ofrece un mundo abundante y globalizado. En otras palabras, en pleno siglo XXI, una persona puede desarrollar un negocio desde su casa sin necesidad de sobrecargarse de ninguna de las estructuras propias que constituyen la cadena de valor de una empresa, con independencia que su idea de negocio se base en placas solares, mobiliario de diseño, colecciones de moda o agencia de viajes con valor añadido. El secreto lo encontramos en cambiar el paradigma de gestión empresarial propio del siglo IXX por un nuevo, actualizado y moderno sistema de gestión empresarial mucho más económico y ligero del s. XXI. Un sistema de gestión basado en cuatro grandes pilares:

1.-Gestión de Personal:
-Colaboración transversal en equipo vs competencia piramidal del equipo.
-Proveedores intelectuales por variable según beneficio comercial vs concepto de plantilla de RRHH fija con independencia del beneficio comercial.
-Implantación de metodología de trabajo a distancia y tiempo real vs concentración física del activo humano.

2.-Gestión de Producción:
-Externalización de carga productiva vs estructura fabril propia.
-Gestión comercial y de deuda por demanda vs gestión comercial y de deuda de producto/servicio por stock.

3.-Gestión Comercial:
-Punto de venta virtual, ligero, flexible y de acceso al mercado global vs punto de venta físico, con altas cargas estructurales y de acceso a un limitado mercado local.
-Promoción online y en tiempo real, basado en marketing digital y globalizado vs promoción offline y en tiempo no real, basado en marketing tradicional y de ámbito local.

4.-Gestión Win to Win:
-Win to Win entre el activo humano que constituye la empresa.
-Win to Win entre Empresa y Proveedores de Producción/Servicio
-Win to Win entre vida laboral y vida social de los emprendedores
-Y, Win to Win entre proyecto empresarial y sociedad

El nuevo paradigma de gestión empresarial del siglo XXI se fundamenta en gestionar los recursos que un mundo abundante y globalizado nos pone a nuestro alcance, donde solo tenemos que gestionarlos de manera inteligente como quien junta las piezas de un puzzle. Así pues, pongámonos a soñar y comencemos a buscar los elementos necesarios para hacer realidad nuestro sueño!, pues tú, como ser humano, tienes la emprendedoría, la creatividad y la inteligencia suficiente para crear tu propia realidad.

¡Disfruta de la aventura!


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