martes, 25 de junio de 2013

¿Cómo reinventar mi negocio en clara decadencia?

Esta inquietud manifestada en todas las clases que he dado sobre reinvención e innovación es la pregunta del millón en estos tiempos que corren, a la que los protagonistas suelen responder en sus vidas diarias haciendo lo mismo que hacían con anterioridad sin querer percatarse que las reglas del juego han cambiado. Una actitud a la que podemos llamar apego, en este caso a un pasado empresarial ya prácticamente inexistente, así como falta de aceptación a la realidad presente.

Sí, la vida está en continuo cambio y transformación, ya que el principio de impermanencia es una ley que afecta a todo el Universo conocido. Desde las galaxias, pasando por las estrellas hasta llegar a los átomos que forman las células de nuestros cuerpos se encuentran en un flujo de cambio constante. Una ley universal a la que no escapa ni los mercados ni nuestros proyectos empresariales, por lo que aceptar los cambios no solo es armonizarse con el ritmo natural de la propia vida, sino desarrollar la capacidad de adaptarse a los mismos. Si no fuera así, aún existiría aquél comercio a la esquina de la calle que elaboraba y vendía cestos y escobas de mimbre, o aquella famosa tienda de discos de vinilo en Londres que se hizo mítica por vender los primeros álbunes de los Beatles, o aquel profesional liberal que iba de pueblo en pueblo afilando cuchillos o vendiendo productos farmacéuticos, o aquella microempresa textil que daba trabajo prácticamente a toda una ciudad, o aquella otra fábrica que producía máquinas de escribir o cassetes de grabación con cinta magnética.  

Ante esta realidad en continuo cambio y transformación tan solo tenemos dos opciones:

Una: Aguardar la muerte anunciada de nuestra actividad económica, negándonos las señales evidentes de cambio de mercado (marcado por el giro de tendencias en la oferta y la demanda), enfrascados en continuar malgastando las energías en ejercer una práctica empresarial ya infructífera (muy a nuestro pesar y bajo la presión de un asegurado desgaste personal), y resoplando con pesadumbre a cada nuevo día que levantamos la persiana de nuestro negocio.

O dos: Distribuir parte de nuestras energías empresariales en reinventar una nueva línea de negocio. 

En ambos casos tenemos un punto fuerte: que contamos con una unidad empresarial operativa; así como con un punto débil: que dicha unidad empresarial tiene unas cargas estructurales fijas a cubrir.

A partir de aquí, sigamos la siguiente línea argumental:

1.-Pongamos la atención en la parte positiva, ya que en ella radica la fortaleza para poder reinventarnos, que es el hecho de que disponemos de una unidad empresarial operativa, por pequeña que sea. Es decir, que contamos con un activo humano,  logístico y relacional que, aunque no sea solvente en la actualidad, aún es existente.

Y, 2.-Permitámonos abrirnos a la potencialidad de una estrategia empresarial excesivamente en desuso: la diversificación. Una práctica realizada a lo largo de la historia de las empresas que, en algunos sectores productivos supuso incluso la substitución a la larga de la actividad económica principal de las empresas. Como es el caso del enoturismo frente a la producción de vino en el sector vitivinícola.

Pero, ¿en qué diversificamos los activos de nuestra unidad empresarial?, podemos preguntarnos.

La respuesta, más allá de buscarla en ponernos a pensar en hipotéticos nichos de mercado potenciales, debemos encontrarla en el potencial de nuestro equipo humano, con independencia de la responsabilidad actual que ocupe cada uno de sus miembros. Es decir, todos y cada uno de nosotros tenemos habilidades y dones innatos por desarrollar que muchas veces no corresponden con las funciones que una persona ocupa en una empresa, a causa de las limitaciones derivadas por la necesidad de cubrir o ocupar un puesto laboral en un momento determinado de la vida de la empresa y de las personas. Por ejemplo, una persona proactiva, que hace las funciones de secretaria, seguro que tiene un potencial a desarrollar en muchas otras facetas dentro de un proyecto empresarial emergente, ya sea como creativa, relaciones públicas, vendedora, financiera o productora. La cuestión radica en descubrirlo.

No tenemos que olvidar que el alma de las empresas son las personas, pues somos las personas las que damos vida, contenido y funcionalidad a cualquier actividad económica. Así pues, si deseamos reinventar nuestra empresa debemos contar con la participación e implicación de todas y cada una de las personas que forman el equipo humano de la estructura empresarial, que seguro nos sorprenderán al exponer cualidades hasta el momento desconocidas. Por lo que lo más inteligente es contar con todos para la definición de la nueva línea de negocio, en la que las responsabilidades de cada uno irán directamente relacionadas con el redescubrimiento de sus habilidades potenciales, ya que en el desarrollo de esas habilidades personales radica la motivación y la ilusión necesaria para viabilizar un proyecto.

Llegados a este punto, conseguiremos tres objetivos claves para la reinvención de nuestro negocio:

1.-La plena implicación de todos y cada uno de sus miembros en un nuevo proyecto definido de manera comunitaria (Es muy importante la comunicación transversal y horizontal entre todos para asegurar el consenso en la definición e integración de la nueva idea de negocio)

2.-La plena motivación del equipo al posibilitar el desarrollo de las habilidades potenciales e innatas de sus miembros. (No hay persona más motivada que aquella que hace lo que le gusta)

Y, 3.-La energía suficiente para ser persistentes y flexibles en la consecución del éxito empresarial, derivado de los puntos anteriores.    

Y una vez ya tenemos clara la línea de diversificación del negocio, así como la distribución de las nuevas competencias, solo cabe:

4.-Redistribuir la energía empresarial entre la continuidad (o minimización) de la antigua actividad económica en decadencia con el nuevo proyecto empresarial emergente mediante una adecuada organización de trabajo.

Ya que de igual manera que una persona en su trabajo cuenta con una distribución de tareas en su puesto de responsabilidad, asimismo toda persona tiene plena capacidad (y más aún si está motivada) para distribuirse entre dos responsabilidades diferentes relativas a dos líneas de negocio propias dentro de una misma estructura empresarial.

Y a partir de aquí, solo cabe trabajar para hacer realidad nuestro nuevo sueño!