lunes, 13 de mayo de 2013

Ser Humano está por encima de ser de izquierdas o derechas


Perdonar, pero no me queda claro. ¿Jesucristo era de izquierdas o de derechas? Y, ¿Gandhi? O, ¿Buda?. Y, ¿el Dalai Dama?. Y, ¿Manolo, el propietario de ese pequeño bar-restaurante que ofrece menús solidarios?. Y, ¿Gloria, que es voluntaria en asistir a personas mayores en situación de práctica indigencia? Y, aún más, ¿indignarse es de derechas o de izquierdas?.

Al identitario de izquierdas que ataca la religiosidad del identitario de derechas, le animaría a que leyese los mensajes de Jesús, de Ghandi o del Dalai Lama, por poner un ejemplo, y me dijera si sus mensajes no son coincidentes con los valores que defiende. Y al identitario de derechas -que defiende la práctica religiosa como base de su identidad- y que ataca el principio de igualdad del identitario de izquierdas, le animaría a que releyese de nuevo los mensajes de Jesús, de Ghandi o del Dalai Lama, por poner un ejemplo, y me dijera si sus mensajes no son coincidentes con los valores que defiende.

Hemos llegado a tal absurdo que, en la actualidad, defender los derechos humanos equivale a ser etiquetado políticamente por uno u otro bando, dependiendo del prisma de quien ostenta el poder. Cuando la defensa del derecho a la vida digna de toda persona es la esencia de la espiritualidad religiosa de unos (sociedad religiosa) y de la espiritualidad humana de los otros (sociedad laica).

Al final, si uno rasca un poco, se da cuenta que la sociedad no está dividida en ciudadanos de derechas y de izquierdas, sino en ciudadanos que piensan que todas las personas tienen el mismo valor y por tanto derechos, y en ciudadanos que piensan que no todas las personas tienen el mismo valor y por tanto derechos. Y es a partir de aquí que se genera la brecha de modelos sociales divergentes.

La historia de la humanidad nos demuestra que la esencia del ser humano es evolucionar hacia un estadio continuo y progresivo de defensa de la vida digna de toda persona (y en paralelo de toda criatura existente y del propio planeta), y que los episodios oscuros de nuestra historia no son más que reactivos colectivos para continuar avanzando de manera cualitativa y cuantitativamente en esta dirección. Pero, como todos sabemos, aún hay mucho que hacer y el espíritu indomable del ser humano continúa empujando por evolucionar hacia una mejor, renovada y trascendida naturaleza de si mismo, con la misma intensidad que experimenta el irreversible ímpetu alquímico de la oruga por transformarse en mariposa.

Así pues, si las personas somos humanas, profundamente humanas, desprendiendo humanidad por cada uno de los poros de nuestra piel y mediante cada uno de nuestros alientos vitales, dejemos de etiquetarnos políticamente con conceptos ideológicos de hace dos siglos y reivindiquemos al unísono nuestra naturaleza humanista como base para crear una nueva y mejorada versión de nuestra sociedad.     

La apariencia externa del ser de izquierdas o de derechas no es más que un traje (auto)impuesto con el que algunas personas se visten –para cubrir principalmente carencias de identidad-, que tras despojarse del mismo tan solo les queda su única y verdadera esencia: un ser humano. Por lo que para revelar nuestra esencia como seres humanos no es cuestión de cubrirse de capas ideológicas (profundamente condicionadas por su contexto), sino justamente todo lo contrario, debemos desprendernos de todas esas falsas pieles hasta llegar a reencontrarnos con nosotros mismos. Pues en este reconocernos nuevamente como personas individuales que formamos parte de una gran familia llamada humanidad, es donde radica nuestra esencia como seres humanos que trasciende a cualquier tiempo. Y en la reconexión con nuestra propia esencia como seres humanos es donde yace el secreto para alcanzar una vida en armonía con nosotros mismos, como personas y sociedad, y con nuestro entorno.

La búsqueda de una vida armoniosa es justamente la característica principal del Ser humano. Y no hay Ser Humano sin Ser, para así poder Hacer consecuentemente una sociedad humanista. Pues el Ser Humano Es, y por sus obras le reconoceréis.