sábado, 13 de abril de 2013

Igualdad de bienestar para todos los ciudadanos


Dime qué principio de igualdad tienes, y te diré qué tipo de sociedad desarrollas. Ya que la conceptualización de los principios de igualdad social determinan no sólo los modelos económicos, sino también las políticas públicas de los países. Así, hoy en día nos encontramos con dos principios de igualdad bien diferenciados: el principio de igualdad de oportunidades y el principio de igualdad material.

Como todos sabemos, el principio de igualdad de oportunidades ha desarrollado lo que conocemos como sociedades capitalistas, mientras que el principio de igualdad material es propio de las sociedades comunistas. Qué decir que ambas, si bien teóricamente tienen planteamientos positivos, llevadas a la práctica a sus extremos atentan contra la dignidad del ser humano como bien nos relata no solo la historia, sino la realidad de rabiosa actualidad.

En nuestro caso, el extremismo de las sociedades capitalistas lo encontramos en la supremacía del Mercado sobre el bienestar social, lo que deriva en primar el derecho del capital por encima del derecho fundamental de una vida digna para las personas. Y para muestra, un botón: la riqueza contabilizada –que no real-, de la pequeña clase social alta española es cinco veces superior a la deuda nacional que retroalimenta la exclusión social y la pobreza de millares de familias del país.

A estas alturas de la película, queda claro que debemos encontrar un punto medio entre el principio de igualdad de oportunidades y el principio de igualdad material para garantizar el derecho a la dignidad de todo ser humano en un nuevo modelo de sociedad moderna que se precie propia del siglo XXI.

A la luz de lo expuesto, sería adecuado introducir el concepto de principio de igualdad de bienestar en nuestra Carta Magna, como evolución natural del principio de igualdad de oportunidades de las sociedades capitalistas, para afianzar aquellas políticas públicas necesarias que garanticen el derecho fundamental a una vida digna para cualquier ciudadano y, por tanto, como línea roja práctica a la exclusión social.

Y, ¿cómo articulamos de manera pragmática el principio de igualdad de bienestar?, -podemos preguntarnos, pues a través del ordenamiento jurídico, claro está, ejecutada a su vez desde una respectiva política pública garantista. Desde esta perspectiva, el ordenamiento jurídico debe recoger cuatro normas jurídicas básicas: Ley de de Cobertura de Vivienda Obligatoria, Ley de Cobertura de Alimentación Obligatoria, Ley de Cobertura de Vestimenta Obligatoria y Ley de Cobertura de Reinserción Laboral Obligatoria. ¿Por qué?, pues porque como sociedad avanzada no podemos permitir que haya personas que se queden sin un techo donde vivir, que hayan personas que no tengan comida para comer, que haya personas que no tengan una vestimenta para vestir, y que haya personas que no tengan ni una sola posibilidad real de volver a encontrar trabajo permitiéndoles dignificarse como personas. Pues una sociedad que no sea humanista, no es una sociedad avanzada.

La Ley de Cobertura de Vivienda Obligatoria debería determinar que ningún ciudadano en situación marginal puede quedarse sin una vivienda, para lo cual se necesita crear un parking público de viviendas sociales en cada municipio. Una medida nada difícil en un país con una media de 3 millones de viviendas vacías, y cuyo método procesal ya están dibujando tanto la izquierda como la derecha con referentes como el de la Junta de Andalucía o el caso aplicado en el municipio valenciano de Alzira.

La Ley de Cobertura de Alimentación Obligatoria debería determinar que ningún ciudadano en situación marginal, y menos aún ancianos y niños, pueda quedarse sin una alimentación adecuada, para lo cual se necesita crear un servicio público de catering social en cada municipio. Una medida nada difícil en un país con excedentes de alimentos básicos, y cuyo método procesal ya dibujan instituciones como Cáritas, los Bancos de Alimentos o los comedores sociales de iniciativa popular.

La Ley de Cobertura de Vestimenta Obligatoria debería determinar que ningún ciudadano en situación marginal pueda quedarse sin tener una vestimenta adecuada, para lo cual se necesita crear un servicio público de ropero social en cada municipio. Una medida nada difícil en un país con excedente de ropa reciclada, y cuyo método procesal ya dibujan instituciones como Cáritas y otras ongs.

La Ley de Cobertura de Reinserción Laboral Obligatoria debería determinar que ningún ciudadano pueda quedarse sin una opción real de reinventarse profesionalmente, para lo cual se necesita un servicio público de viveros de empresas sociales en cada municipio. Una medida nada difícil en un país con un alto activo de proveedores de conocimiento, asentado en la era de las nuevas tecnologías y con locales urbanos y naves industriales periféricas vacías, y cuyo método procesal ya dibujan ongs en países subdesarrollados con programas sociales de microempresa.    

Y, ¿cómo financiamos todo esto?, -podemos volvernos a preguntar, pues está claro que redistribuyendo los bienes comunes a través de la reestructuración de las políticas fiscales, financieras y administrativas, principalmente. El resto es cuestión de centrar la atención en crear sinergias entre el sector público y privado para generar una economía del bien común, rentabilizando los recursos existentes y actualmente devaluados por una falta de imaginación en su rentabilidad social.

No obstante,  si bien disponemos de recursos y de inteligencia necesaria para aplicar con éxito y celeridad el principio de igualdad de bienestar, capaz de resolver el drama de emergencia social que viven millares de familias en nuestro país, se requiere de la sensibilidad, la voluntad, la valentía y la visión de Estado necesaria de nuestros dirigentes políticos para llevarlo a cabo. Más humanismo, sus señorías, y menos servilismo a los dictámenes del Mercado. Ya que aquello que el hombre construyó puede destruirlo para volverlo a construir, como tantas veces ha hecho la humanidad a lo largo de su historia con vocación de construir un mundo mejor.

Porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber
Mateo 25: 31-46 (La Biblia de los Pobres)