miércoles, 17 de abril de 2013

Es hora que recuperemos lo que es nuestro: la Democracia


Como hijo de la joven Democracia española, ya hace tiempo que me he dado cuenta a estas alturas de la película, al igual que la mayoría de la ciudadanía de este país, que la Democracia está controlada por un sistema politocrático, que el sistema politiocrático se articula sobre unos partidos de funcionamiento interno no democrático, que los partidos de funcionamiento no democrático seleccionan a los representantes electos, que los representantes electos eligen posteriormente a los que gobiernan, que  los que gobiernan no responden ante las exigencias de los ciudadanos sino ante las directrices de los dirigentes de los partidos que los han elegido, que estos dirigentes de los partidos no seleccionan a los gobernantes por criterios de mérito social sino por criterios de servilismo, que esta relación viciada de servilismo se camufla bajo una opacidad en la gestión de los partidos, que esta opacidad de los partidos se traslada a una práctica opaca en la gestión pública, que esta gestión opaca pública se sirve para atender a los intereses y privilegios de las castas políticas, y que estas castas políticas se centran en gestionar el poder en detrimento de gestionar el bien social primando al Capital para afianzarse en su estatus de poder.        

Como hijo de la Democracia española, ya hace tiempo que me he dado cuenta a estas alturas de la película, al igual que la mayoría de la ciudadanía de este país, que nuestra joven Democracia necesita avanzar en su proceso natural de evolución hacia la madurez. Un avance firme y decidido del sistema democrático en tres direcciones bien definidas de clamor popular:

1.-Cambiar el actual sistema representativo por un sistema de elección directa, lo que representa a la práctica en los partidos políticos instaurar las elecciones primarias a todos los niveles y en la ley electoral instaurar el sistema de las listas abiertas.

2.-Crear un modelo orgánico del candidato electoral, lo que representa a la práctica definir la calificación necesaria requerida para presentarse a unas elecciones en vinculación directa con un área concreta de gestión pública, definir los honorarios fijos a percibir por la labor y categoría desempeñada, así como definir el tiempo máximo de ejercicio público.

Y, 3.-Implementar la democracia directa en la gestión pública, lo que representa a la práctica instaurar un sistema de transparencia de gestión y participación directa de la ciudadanía en la propuesta, aprobación y seguimiento de los proyectos públicos a través del uso, entre otros medios, de las nuevas tecnologías.

Con la aplicación de estas tres medidas básicas no solo avanzaríamos en el proceso natural de madurez del sistema democrático del país, sino que ayudaríamos a regenerar la vida política aumentando el nivel de participación y control de la ciudadanía sobre la gestión pública, y la sociedad recuperaría la confianza gravemente devaluada en la actualidad sobre las instituciones del estado y sus gobernantes.

La buena noticia es que es sumamente fácil implantar dichas tres medidas básicas de regeneración política en nuestro sistema democrático. La mala noticia es que, presumiblemente y a los hechos nos remitimos, los grandes partidos del país no tengan la voluntad de llevarla a cabo, no por razones ideológicas -ya que las medidas encajan a la perfección tanto en el liberalismo de la derecha como en la socialdemocracia de la izquierda-, sino por intereses partidistas que nada tienen que ver con el bien social.

-Papá, ¿por qué los políticos no hacen caso de lo que pedimos la gente?

-Porque no gobiernan para nosotros, -responde el padre.

-¿Y algún día gobernarán para nosotros?, -vuelve a preguntar el hijo.

-¡Sí! –alza la voz el padre para hacerse escuchar entre medio del vocerío de la manifestación en la que participan-, cuando nosotros recuperemos lo que es nuestro: la Democracia*.


(*): La palabra Democracia proviene de los vocablos griegos “demos”, que significa pueblo, y “krátos” que significa poder, por lo que democracia significa el poder del pueblo. Descrito en términos políticos se dice de aquella forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad.


-…¿Papá?

-Sí, ¿dime?

-¿Y qué pasa cuando el pueblo pide una cosa y los políticos hacen otra?

-Pues que ya no es democracia, hijo mío, es otra cosa.