jueves, 14 de marzo de 2013

El mercado liberal y la democracia no directa deshumanizan


Todo sistema es injusto cuando deshumaniza la sociedad, y la sociedad se deshumaniza cuando no se protege los derechos fundamentales de las personas a una vida digna. Y esta es, justamente, la situación en la que nos encontramos.

La deshumanización de la sociedad que crea realidades de injusticia social es una falta de respeto a la vida, fruto actualmente de un sistema basado en una economía de libre mercado y en una estructura de gobierno de democracia no directa.

La economía de libre mercado antepone el bienestar de las personas a los intereses económicos de unos pocos, los cuales no buscan el beneficio colectivo sino el propio, como podemos observar en el estado de indignación ciudadana general de rabiosa actualidad. Hecho que constata de manera objetiva que el mercado liberal no es condición sine qua non para la constitución de un estado de bienestar social, sino que este requiere de mecanismos protectores basados en valores humanos para su sostenibilidad. Valores humanistas como la caridad, la solidaridad o la equidad social que no se contemplan en el credo económico del libre mercado.

Asimismo, la estructura de gobierno de democracia no directa antepone el bienestar de las personas a los intereses políticos de unos pocos, los cuales no buscan el beneficio colectivo sino preservar sus privilegios de poder social, muchas veces de manera maquiavélica bajo control de los instrumentos de gestión público para uso partidista de procesos administrativos, jurídicos y mediáticos con el fin de manipular la realidad. Hecho que constata de manera objetiva que la democracia no directa no es condición sine qua non para la creación de un sistema de democracia real, sino que esta requiere de mecanismos directos de participación ciudadana. Mecanismos basados en principios sociales como la transparencia, participación y fiscalización de los procesos de la gestión pública; la participación abierta, directa y limitada en los tiempos a los procesos electorales; y la evaluación de la gestión de los recursos públicos bajo criterios de beneficio y equidad social.

Hemos llegado a un punto en que, a pesar de la presión social ejercida desde las estructuras endogámicas de poder del mercado liberal y del sistema de democracia no directa, debemos reivindicar el principio humanista de que las personas son más importantes que las instituciones. Por lo que si estas se han deshumanizado, debemos volverlas a humanizar, y no hay humanización sin la participación activa de los valores humanos por encima de cualquier otro criterio. La buena noticia es que volvemos a tener esperanza, aunque hayamos tenido que ir hasta el fin del mundo para poderla recuperar.

Comencemos a servir, lo que hemos hecho hasta ahora es poco y nada
San Francisco de Asís

Habemus Sperantia
Jueves, 14 de marzo de 2013