jueves, 21 de febrero de 2013

Engánchate a la fuerza de la vida para reinventarte más allá de los mercados


Somos la única especie, los seres humanos, que hemos creado un mundo dentro de otro mundo. Un mundo con sus propios regímenes de poder, que definen nuestras volátiles estructuras sociales. Un mundo con sus propias leyes, que cada día modificamos según conveniencia de unos, más bien pocos, más que de los otros, que somos los muchos. Un mundo con sus propios dogmas de creencias, que generan un conocimiento academizado en continua revisión. Un mundo con su propio mercado financiero, que crea unas reglas artificiales de funcionamiento para la economía real de la vida cotidiana de las personas.

Así pues, ¿qué sucede cuando salta el dispositivo de fallo en el sistema del funcionamiento de las reglas artificiales que hemos creado para la economía real de la vida de las personas? Pues que, como es evidente, se pone en peligro la capacidad económica de las personas y, por extensión, la posibilidad de vivir una vida digna. Pero, más allá de esta obviedad que es de rabiosa y triste actualidad en nuestra sociedad, el fallo de funcionamiento en la economía real representa, en una cadena de relaciones escaladas de causa y efecto, un fallo en el mercado financiero que ha sido construido bajo unos dogmas de conocimiento humano, profundo y exclusivamente humano, muy concretos.

Dicho esto, podemos afirmar que los conocimientos concretos en gestión económica y empresarial, que tan profusa y extensamente enseñamos en las universidades como principios universales, tan solo funcionan en ese mercado artificial que hemos creado los hombres. En otras palabras, sin el tablero de juego –que es el mercado- que habíamos inventado, no sirven las reglas de juego que habíamos creado expresamente para el mismo. He aquí pues el estado de la situación actual: ni existe ya ese mercado artificial para el que nos habíamos preparado, ni podemos seguir utilizando las reglas aprendidas por inservibles fuera de ese mercado ya inexistente.

Llegados a este punto, ¿cómo vamos a salir de esta? La respuesta está en apostar por la fuerza de la vida, en contraposición de seguir apostando en la aplicación sistemática de conocimientos intelectuales aprehendidos en los laboratorios asépticos de las aulas, donde los profesores –en muchos casos sin experiencia- venden y se venden con unas reglas mágicas para un mundo empresarial de fantasía.

Recuerdo hace ya unos años, en mis tiernos primeros escarceos profesionales con el mundo empresarial como periodista económico y consultor de patronales, que ya entonces me percaté que los empresarios de este país que generaban la riqueza de nuestro estado de bienestar social eran mayoritariamente autodidactas. Mientras que las segundas generaciones, que generalmente ejercían un perfil de controlers como CEO’s en detrimento del espíritu emprendedor de sus padres, representaban la generación que aportaban los títulos universitarios como trofeos sociales a las paredes del negocio familiar.

Unos, los padres, los autodidactas, fluían por el río de la fuerza de la vida, mientras que los otros, los hijos, los academizados, se movían por un rígido esquema de referencias planificado sobre un cuadro de explotación al que llamaban plan de negocio. ¿Y ya se sabe qué diferencia existe cuando uno camina por la vida con actitud flexible, frente a aquellos que la encaran de manera rígida, verdad? Pues que los primeros están abiertos a nuevas posibilidades puesto que no se enfocan en el proceso sino en el objetivo, mientras que los segundos se autolimitan puesto que están enfocados más en las expectativas del comportamiento del proceso que en el propio objetivo.

Así pues, aunque sea de manera deductiva, acabamos de encontrar la fórmula secreta para reinventarnos en una situación de quiebra del sistema de referencias donde nos hemos quedado sin tablero de juego: reengancharnos a la fuerza de la vida. Ok!, nos diremos, pero, ¿cómo lo hacemos?. Para alinearnos con la fuerza de la vida necesitamos básicamente resetearnos en tres pasos claves:

1.-Focalizarnos en nuestra inteligencia emocional, frente a la inteligencia mental creada a partir de los conocimientos aprehendidos. 

2.-Focalizarnos en nuestro desarrollo competencial (habilidades naturales), frente al desarrollo intelectual (habilidades aprehendidas).

Y, 3.-Posicionar la inteligencia emocional y el desarrollo competencial en el epicentro de nuestro universo personal, frente a los conocimientos y habilidades aprehendidas que situaremos en la periferia de nuestro sistema existencial.

Ya que el secreto de la magia creadora de la vida está en entender que es el Corazón quien tiene el poder de crear realidades posibles, mientras que la Mente tan solo –que no es poco- le acompaña para ayudarle a dar forma en el mundo de la materia. Y no a la inversa, ni tampoco sin la participación alineada de ambos centros motores de todo ser humano.

A partir de aquí, ahora que ya sabes cómo reinventarte, ¿a qué esperas a crear tu nueva realidad? Tu nuevo futuro comienza hoy.