lunes, 21 de enero de 2013

En una sociedad de lobos, necesitamos más mastines


En tiempos de crisis, al igual que ocurre con las aguas revueltas, aquello que yace escondido en el lodo de la sociedad surge visible a la superficie. Incluso aquello que creíamos extinguido de nuestra joven e inocente democracia, como lo lobos. Esos lobos ibéricos que algunos siempre han intuido -y otros ya sabíamos-, que viven entre nosotros, y que ahora confirmamos su existencia gracias a la crisis que los ha dejado al descubierto en los medios de comunicación despojándolos de sus disfraces de ovejas engominadas con sonrisa postiza.

El lobo ibérico es un animal social altamente desarrollado en las relaciones públicas, que vive en el exclusivo hábitat natural de la política y las finanzas, y cuya razón de ser es la caza mayor del dinero mediante las malas artes del poder, por lo que el resto de personas no somos más que medios de presas prescindibles para conseguir sus fines.

Hasta el momento, el lobo ibérico no mostraba su verdadera naturaleza sangrienta más que a la sombra de pasillos y despachos en su hábitat natural cuando olía que peligraba el secreto de su identidad camuflada, y por extensión de su caza, transformándose entonces en un depredador infalible para posibles enemigos. Y nunca, hasta día de hoy, el lobo comía carne de lobo.

La razón que en la actualidad el lobo ibérico coma carne de lobo es porque la comunidad lobezna del país ha crecido desmesuradamente a lo largo de poco más de dos décadas de democracia, lo que en tiempos de crisis económica les obliga a enfrentarse entre ellos para disputarse la poca caza existente.

Si tuviéramos que analizar el aumento desmesurado de la comunidad lobezna del país en los últimos años podríamos atribuírselo a tres factores de igual magnitud: a la descendencia directa de la propia especie (partitocracia), a la conversión evolutiva de presas naturales en cazadores (el lobo se hace, no se nace) y a la expansión de su hábitat natural (sobredimensión de la estructura financiera y política).

Sea como fuese, lo cierto es que la sociedad española necesita liberarse de la jauría de lobos tanto por el actual proceso degenerativo del estado de bienestar social, como por la urgente necesidad de regeneración democrática. Una heroica hazaña que tan solo puede lograrse con las cualidades innatas de un animal de naturaleza opuesta al lobo como es su milenario enemigo: el mastín, el único animal lo suficientemente noble y valiente capaz de enfrentarse a las hambrientas fauces de un depredador para proteger el bien común.

No obstante, seamos sinceros, todo ser humano llevamos dentro un lobo y un mastín. Y depende de nosotros, como individuos y como sociedad, cuál de los dos alimentamos para dejarlo crecer. Teniendo claro que, dependiendo de la decisión que tomemos, desarrollaremos personas con escalas de valores diferentes y, por ende, modelos de sociedad diferenciados.

Así pues, llegados a este punto, no puede ser mejor momento para preguntarnos de manera colectiva cuál de las dos naturalezas del ser humano hemos estado alimentando socialmente en la España de los últimos años. Y reflexionar, con la oportunidad de revisión que nos ofrece la actual crisis económica y de valores, sobre qué sociedad queremos construir a partir de ahora. La buena noticia es que, con una buena alimentación y un buen ambiente, la naturaleza lobezna de una persona es reversible, ya que la redención es un derecho divino del hombre desde los albores de los tiempos.